ROLLS-ROYCE SILVER CLOUD III: Elegancia fuera del tiempo

Fabricado entre 1963 y 1966, el Silver Cloud III suele considerarse el más elegante de los Silver Cloud. Su estilo clásico, con sus cuatro faros delanteros, su parrilla vertical y sus líneas perfectamente equilibradas, ha travesado las décadas sin perder ni un ápice de su encanto. Bajo el capó se esconde un generoso motor V8 de 6,2 litros que ofrece una conducción de una suavidad excepcional. El habitáculo está íntegramente fabricado a mano con cuero Connolly, maderas nobles y un acabado impecable. Visualmente, la modificación más destacada del Silver Cloud III estaba en la parte delantera. Los faros se agruparon en un formato cuádruple con una línea del capó ligeramente más baja y radios, lo que le daba al vehículo un aspecto más refinado y moderno. La parte trasera remodelada incorporaba luces traseras reposicionadas que contribuían a su elegante estética. En cuanto a rendimiento, el Silver Cloud III contaba con una versión mejorada del motor V8 de 6,2 litros de Rolls-Royce. Los ingenieros aumentaron la relación de compresión y añadieron carburadores más grandes que incrementaron la potencia en aproximadamente un 7%. Esto resultó en una mayor velocidad y aceleración, asegurando que la pesada carrocería del Silver Cloud III pudiera mantener un rendimiento suave y potente. El interior del Silver Cloud III continuó con los altos estándares de confort y lujo de la marca. Equipado con asientos de cuero lujoso, carpintería pulida y moqueta de alta calidad, el vehículo era el epítome del confort. Para maximizar la comodidad, se incluyeron características tecnológicas adicionales como ventanas eléctricas. Las dimensiones externas fueron ligeramente ajustadas, el interior remodelado, el peso reducido en un poco más de 100 kg (220 lb) y las mejoras en el motor que incluían el equipamiento de carburadores SU de 2 pulgada (50,8 mm) en lugar de las unidades de 1¾ pulgadas utilizadas en la Serie II del Silver Cloud. El ratio de compresión fue aumentado a 9:1, reflejando los más altos niveles de octanaje del combustible prémium en los principales mercados, aunque la opción de un ratio de compresión 8:1 más bajo todavía era ofrecida en mercado donde no existía disponibilidad de combustibles de alto octanaje podía ser un problema.[4] Rolls-Royce, como antes, se negó a revelar la potencia del motor, pero indicó que había habido una mejora de «tal vez el 7%».El incremento de la potencia y la reducción de peso impulsaron ligeramente el aumento de la velocidad y del rendimiento. El motor ahora incluía un cigüeñal endurecido con nitruro para reflejar el aumento de potencia generada y en respuesta a los informes de roturas del cigüeñal en los primeros Silver Clouds V8. La transmisión era una GM Hydramatic que Rolls-Royce utilizó bajo licencia. Los faros delanteros se agruparon en una disposición en cuatro-faros que posteriormente continuaron en el Silver Shadow posterior. Otros cambios externos incluyeron un aumento ligero de la inclinación del capó para corresponder con un reducción de 1+1/2 de pulgada (3,8 cm) en la altura de la parrilla del radiador. Durante los años de su fabricación, no hubo cambios importantes. Tapacubos de acero inoxidable en las ruedas remplazaron a los cromados en abril de 1963, y una ventana trasera mejorada antivaho fue introducida en noviembre del mismo año. Asientos delanteros más anchos fueron instalados en enero de 1964, y luego de cinco meses, el contorno de los faros incorporaba ahora un pequeño monograma de RR. Una placa cromada en la que leía «Silver Cloud III» en cursiva puede verse en el fondo derecho del maletero en la mayoría de ejemplos suministrados en Europa y el Reino Unido, mientras que las versiones de EE. UU. fueron entregadas sin esta placa. Como en los modelos anteriores, Rolls-Royce continuó haciendo el chasis del Silver Cloud disponible a constructores de carrocerías tradicionales, con una berlina normal de cuatro puertas, una versión de batalla larga que añadía cuatro pulgadas extra de espacio para las piernas, y varias variantes de dos puertas (descapotables y coupés) terminadas por carroceros como Mulliner Park Ward y James Young. Se construyeron un total de 2.044 unidades del Silver Cloud III, marcando el fin de una era de los espaciosos, grandiosos y de estilo tradicional de los coches motores Rolls-Royce que se remontaban a la creación del marquesina. Muy apreciado por jefes de Estado, famosos y familias reales, sigue siendo hoy en día uno de los Rolls-Royce clásicos más codiciados en el mercado de coleccionistas gracias a su elegancia atemporal.

DONALD TROLL: El muñeco que no estabas esperando

Como sabéis, los muñecos troll son un tipo de juguete que se puso de moda tras su creación en 1959 por el leñador danés Thomas Dam. Los originales, también llamados «Dam Dolls», eran de excelente calidad, con pelo de lana de oveja y ojos de cristal. Su repentina popularidad, junto con un error en el aviso de copyright del producto original de Thomas Dam, hizo que imitaciones y copias de menor calidad inundaran el mercado. Los muñecos troll se convirtieron en uno de los juguetes más de moda en Estados Unidos desde el otoño de 1963 hasta 1965. Con su pelo de colores chillones y sus caras sonrientes, se encontraban en todas las tiendas del país. Aparecieron en 1964 en las revistas Life y Time en sendos artículos que comentaban la «buena suerte» que traían a sus dueños. Asimismo, volvieron a ponerse de moda en breves periodos de los años 1970, 1980 y 1990, con hasta diez fabricantes diferentes. También conocidos como «Wishniks», «Troles del tesoro», «Norfins» y otros nombres, no fue hasta el 2003 cuando una ley del congreso estadounidense permitió a la familia danesa de Elvio recuperar sus derechos de autor en aquel país y convertirse de nuevo en el único fabricante oficial. Mucha gente colecciona los muñecos troll, manteniendo los originales su mayor valor. Algunos coleccionistas tienen miles de ellos, desde el tamaño de un premio en una máquina de chicles hasta unos 30 cm. Otro ejemplo de muñecos troll son los llamados «Ny Form troles», de látex y realizados a mano en Noruega. Al igual que los «Wishniks», son coleccionados por muchas personas. Su precio puede llegar a sobrepasar los mil dólares. Desde el 2015 se dio a conocer una nueva versión del Troll de Thomas Dam. En efecto, GoodLuck Troll se transformó de un juguete a un objeto de decoración con un gran resultado ya que en los últimos años se ha convertido en un ícono del diseño escandinavo. El actual troll es un objeto de decoración y de coleccionismo. Está hecho de resina y el pelo es de lana natural de oveja. Desde entonces, el muñeco troll de Thomas Dam no ha perdido su esencia ni encanto. Es más, recibió un nuevo impulso en el 2017, cuando Chuck Williams, un hombre de 56 años que radica en Wisconsin, presentó un muñeco inspirado en Donald Trump, con un diseño similar al de los famosos trolls. La figura – llamado Donald Troll – incluye el distintivo flequillo, un ceño fruncido y, para darle un toque realista, también posee un teléfono móvil, listo para cuando el muñeco quiera lanzar algún furioso tuit en su red social. Williams es un ex escultor de Walt Disney Company, quien ha esculpido profesionalmente para películas, parques temáticos, juguetes y coleccionables durante 30 años. Para superar su frustración por la elección de Trump como nuevo presidente de EE.UU., comenzó a hacer esta figura a modo de burla cuyas imágenes publicó en Facebook atrayendo la atención de todos sus amigos. Es por eso que decidió crear una campaña en Kickstarter para posteriormente manufacturar los muñecos que sean ordenados. «Estoy buscando financiamiento para la fabricación de un gran número de Trump Trolls», señalo Williams en Kickstarter en aquella oportunidad. » Haré todo lo posible para poner los muñecos a su disposición en unos meses. El arte está listo y ahora es cuestión de producir las piezas», agregó. Cabe precisar que, además del pelo largo y naranja, en línea con los modelos clásicos del género, todas sus extremidades están fuera de escala: manos y pies pequeños, además de piernas grandes. Pero el detalles más saliente sin duda es el (visiblemente) pequeño miembro del troll. Por lo visto, no le fue mal, ya que, dado su realismo, causó furor en las redes sociales, terminando muchos en la basura cuando termino su gobierno. Sin embargo, al volver a ser elegido el 2024, los Trump Troll cobraron nueva vida especialmente por parte de sus incondicionales seguidores de MAGA, pero tras el desastre que significa al frente de la Casa Blanca, al descubrirse además que aparece en los Expedientes Eipstein – que lo describe como un maldito pedófilo y violador de niños – su imagen se ha venido abajo, a lo que debemos agregar su fracaso en Irán, una guerra de agresión perpetrada junto a los sionistas y de la cual no sabe cómo salir, a lo que hay que sumar las elecciones de noviembre, donde todas las encuestas prevén su aplastante derrota a manos de los demócratas, quienes mediante el impeachment buscaran apartarlo ignominiosamente del cargo, por lo que incluso podría terminar en la cárcel. En cuanto al monstruoso muñeco – a quien tapamos sus miserias para evitar la censura – su destino indudablemente será la basura, aunque en las redes aparece que hay quienes le introducen un palo (ya se imaginan por donde), y utilizarlo como escobilla para limpiar el inodoro con su cabeza. Un uso practico al fin y al cabo ¿No os parece?

JAWS RETRO EDITION: Reviviendo un clásico de los 70

Se trata de una noticia que de seguro hará que los amantes de lo clásico estén felices. En efecto, Limited Run Games, en asociación con Universal Products & Experiences, anuncio Jaws: Retro Edition para PlayStation 5 y Nintendo Switch, un relanzamiento del clásico de 1987 originalmente publicado en NES. Las ediciones físicas ya se encuentran disponibles a través de la tienda de Limited Run Games. El proyecto recupera el título desarrollado por Westone y producido por Atlus, ahora acompañado de mejoras y funciones modernas que buscan revitalizar esta adaptación inspirada en la célebre licencia cinematográfica. Como recordareis, Jaws – la película de Steven Spielberg de 1975 en la cual se basa el juego – se convirtió en un clásico de terror, pionero del fenómeno del ‘blockbuster de verano’, y en el 2001 fue seleccionado por la Biblioteca del Congreso para su preservación en el Registro Nacional de Películas por ser ‘cultural, histórica o estéticamente significativo’. La nueva versión mantiene la premisa del juego original, centrada en la amenaza de un enorme tiburón blanco que aparece en aguas tropicales donde nunca debería existir. La narrativa describe a la criatura como una presencia casi sobrenatural que persigue al protagonista de manera personal, generando una atmósfera de tensión constante. El repertorio de vehículos y herramientas se conserva: minisubmarino, hidroavión, velero y equipo de buceo, todos presentados como opciones frente a un depredador descrito como una “máquina devoradora increíblemente poderosa”. En cuanto a mejoras, Jaws: Retro Edition incorpora funciones contemporáneas como guardado en cualquier momento, rebobinado, logros y trofeos, un reproductor de música y una galería dedicada al material visual del juego. Estas adiciones buscan facilitar la experiencia moderna sin alterar la esencia arcade del título de 8 bits. La jugabilidad en sí también ha sido modificada. Los jugadores pueden acceder no solo a la versión original, sino también a una actualizada que presenta nuevas misiones, habilidades, armas, mayor dificultad y numerosas referencias a las cuatro películas de la franquicia. El énfasis promocional subraya nuevamente el carácter de “desafío definitivo”, describiendo el enfrentamiento final como una lucha en la que solo uno puede sobrevivir. La publicación contará con dos ediciones físicas. La Retro Edition, con precio de $34.99 USD, incluye la copia física del juego y un folleto de 8 páginas. Por su parte, la edición premium “The Bigger Boat Edition”, valorada en $99.99 USD, suma una caja inspirada en NES, la banda sonora en CD prensado, un llavero con pin de Jaws y una lámpara pixelada del tiburón, además de todo el contenido de la edición estándar. ¿A qué esperas para tenerlo y volver a enfrentar al temible tiburón blanco, reviviendo esos tiempos que se fueron para no volver?

PLACA DE POLICÍA: Un símbolo atemporal de autoridad, honor y confianza pública

En todo el mundo, la placa de policía es más que una simple pieza de metal: es un poderoso emblema del deber, la integridad y el vínculo inquebrantable entre las fuerzas del orden y las comunidades a las que sirven. Durante siglos, este pequeño símbolo de intrincado diseño ha tenido un peso que va más allá de su forma física, representando la promesa de protección, la búsqueda de la justicia y el sacrificio de quienes lo portan. Desde las primeras versiones de las insignias policiales hasta las modernas y estandarizadas insignias de la actualidad, la placa policial sigue siendo un ícono universal de orden y responsabilidad, que trasciende el idioma, la cultura y las fronteras geográficas. No es solo un accesorio de un uniforme, sino una manifestación tangible del juramento de un oficial, un compromiso silencioso de hacer cumplir la ley y proteger a los vulnerables. Exploremos la rica historia, el simbolismo multidimensional, la filosofía de diseño, las variaciones culturales y las adaptaciones modernas de la placa policial, descubriendo por qué sigue teniendo un significado tan profundo en las sociedades de todo el mundo y cómo ha evolucionado para seguir siendo relevante en un mundo policial en constante cambio. En cuanto a su origen, el concepto de una insignia reconocible para las fuerzas del orden se remonta a las civilizaciones antiguas, donde los símbolos de autoridad se utilizaban para distinguir a los funcionarios de la población general, una necesidad en sociedades donde los sistemas legales formalizados aún estaban tomando forma. En el antiguo Egipto, por ejemplo, los funcionarios faraónicos llevaban colgantes ornamentados y emblemas tallados en piedra o metal, que simbolizaban su papel en la aplicación de los decretos reales y el mantenimiento del orden social. De igual manera, en la antigua Roma, los legionarios y magistrados romanos portaban insignias como el «aquila» (estandarte del águila) o coronas de laurel, que no solo identificaban su rango, sino que también servían como símbolo de lealtad al imperio. Estos primeros símbolos no eran solo identificadores prácticos; eran herramientas de legitimidad, que ayudaban a establecer la autoridad en un mundo donde el poder era a menudo objeto de disputa. Sin embargo, la placa policial moderna, tal como la conocemos, surgió en el siglo XIX, junto con la formación de las fuerzas policiales profesionales, un cambio que marcó un momento crucial en la historia de las fuerzas del orden. Antes de esta época, el orden público se mantenía mediante grupos informales como los vigilantes, los alguaciles y las patrullas nocturnas, quienes a menudo carecían de uniformes estandarizados, formación o un símbolo claro de su función. En el Londres del siglo XVIII, por ejemplo, los vigilantes nocturnos eran poco más que voluntarios o trabajadores contratados, que a menudo vestían ropa sencilla y portaban una linterna o un bastón para señalar su presencia. Esta falta de un identificador distintivo provocó una confusión generalizada entre el público, que no podía distinguir fácilmente entre las fuerzas del orden oficiales y la seguridad privada, o incluso entre delincuentes que se hacían pasar por autoridades. También generó una falta de rendición de cuentas, ya que los vigilantes podían actuar sin temor a ser identificados ni responsabilizados por sus actos. La necesidad de una fuerza policial estructurada y profesional – y con ella, una placa estandarizada – se hizo cada vez más urgente a medida que la urbanización se aceleraba en el siglo XIX. Las ciudades de Europa y Norteamérica crecieron rápidamente, impulsadas por la industrialización, y con este crecimiento vinieron el aumento de las tasas de delincuencia, el malestar social y la necesidad de un enfoque más organizado para la seguridad pública. En 1829, Sir Robert Peel fundó la Policía Metropolitana de Londres, a menudo considerada como el primer departamento de policía moderno. Los «bobbies» de Peel (llamados así en su honor) llevaban un uniforme sencillo y una pequeña insignia de latón. insignia Llevaba en el cuello un diseño circular con el escudo real, que simbolizaba su conexión con el estado británico. Esta insignia no era solo un identificador; era una declaración de legitimidad, indicando que estos oficiales formaban parte de una fuerza formal, autorizada por el gobierno, dedicada al servicio del bien público. A principios del siglo XIX, ciudades de toda Europa y Norteamérica siguieron el ejemplo de Londres, estableciendo departamentos de policía estructurados y adoptando insignias distintivas. Las primeras insignias oficiales de policía en Estados Unidos, por ejemplo, surgieron en Boston en 1838, cuando el recién formado departamento de policía de la ciudad otorgó a los agentes pequeñas insignias plateadas grabadas con la palabra «POLICE» y su número de identificación. Estas primeras insignias solían ser sencillas: placas metálicas grabadas que se usaban en los uniformes y que llevaban el nombre del departamento, un escudo de armas o una figura simbólica (como un águila, un león o la balanza de la justicia). Solían estar hechas de latón, cobre o plata, materiales duraderos y fáciles de grabar, y estaban diseñadas para ser visibles, pero no excesivamente ostentosas. Estas primeras insignias tenían un propósito práctico: informar al público quién estaba autorizado para hacer cumplir la ley. Pero también comenzaron a adquirir un significado simbólico, reflejando los valores y la identidad de los departamentos que representaban. Con el tiempo, evolucionaron para incorporar detalles más complejos, como símbolos regionales, motivos históricos o lemas departamentales. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, las primeras insignias de policía presentaban el escudo de la ciudad, mientras que, en Filadelfia, las insignias incluían imágenes de la Campana de la Libertad, vinculando a la fuerza policial con el legado revolucionario de la ciudad. Un ejemplo notable es la evolución de las placas policiales en Estados Unidos, donde a principios del siglo XX solían incluir símbolos regionales (como sellos estatales, monumentos locales o fauna silvestre) para crear un sentido de conexión con la comunidad. En el Oeste americano, por ejemplo, las placas solían incluir imágenes de ganado, caballos o cordilleras, lo que reflejaba la herencia fronteriza de la región. En el sur, las placas a veces incorporaban símbolos de la era confederada (aunque muchos de estos fueron reemplazados posteriormente para adaptarse a los valores culturales cambiantes). En Europa, las placas solían integrar emblemas nacionales o motivos históricos, vinculando a las fuerzas del orden con el patrimonio del país. En Francia, por ejemplo, las placas policiales solían incluir el gallo galo, símbolo nacional de valentía y resiliencia, mientras que en Alemania incorporaban el águila, símbolo de fuerza y unidad. A medida que las fuerzas policiales se profesionalizaron a finales del siglo XIX y principios del XX, las placas también comenzaron a incluir números de identificación únicos, lo que garantizaba que cada agente rindiera cuentas por sus acciones. Este fue un paso crucial para generar confianza pública, ya que permitía a los miembros de la comunidad identificar a cada agente y denunciar faltas de conducta o elogiar su servicio. A mediados del siglo XX, la mayoría de los departamentos de policía habían estandarizado el diseño de sus placas, creando una identidad visual uniforme que contribuía a reforzar su autoridad y legitimidad. Para el público en general, la placa policial es una señal visual de confianza: un símbolo de que quien la porta ha recibido una formación rigurosa, ha jurado cumplir la ley y es responsable ante la comunidad. En tiempos de crisis, ver una placa policial puede brindar consuelo, ya que representa la presencia de alguien dedicado a restablecer el orden y mantener la seguridad de las personas. Ya sea respondiendo a un delito violento, un accidente de tráfico o un desastre natural, los agentes que portan sus placas indican al público que la ayuda ha llegado y que están en buenas manos. En conclusión, la placa de policía es mucho más que una simple pieza de metal: es un símbolo de esperanza, deber y el contrato tácito entre las fuerzas del orden y la comunidad. Desde sus orígenes, una simple placa de latón usada por los policías londinenses del siglo XIX, hasta sus versiones modernas y tecnológicamente avanzadas, la placa ha sido un recordatorio constante de los valores que definen a las fuerzas del orden: integridad, valentía y servicio.

GWM ORA 6: La evolución de una leyenda

Inspirado en el mítico Volkswagen alemán, la marca china Great Wall Motor (GWM) no renuncia a su ‘Escarabajo’ eléctrico. Y es que a pesar de que las ventas han estado por debajo de las expectativas, el fabricante está preparando una actualización del Ora Ballet Cat, el compacto eléctrico inspirado en el histórico Volkswagen Beetle. Cabe precisar que este modelo debutó en China en el 2022 con un precio situado entre 193.000 y 223.000 yuanes, una cifra equivalente a unos 23.000-26.500 euros al cambio aproximado actual. Desde el primer momento destacó por una estética muy retro, con unas proporciones muy similares a las del clásico Volkswagen Beetle, incluyendo los voluminosos pasos de rueda, un parabrisas casi vertical y una característica línea de techo redondeada. Sin embargo, no ha sido un coche muy popular, aunque su objetivo era más publicitario que comercial. A pesar de esto, GWM no parece dispuesta a abandonar el proyecto. La principal novedad es un aumento de la potencia, aunque también podría cambiar el nombre comercial. Según los documentos presentados ante el Ministerio de Industria chino, el modelo podría rebautizarse como Ora 6, en consonancia con la nueva estrategia de la marca, que está abandonando progresivamente los nombres inspirados en los felinos. Tras el Ora 5, que ya ha llegado también a Europa, se espera también el Ora 7. Desde el punto de vista estético, cambia poco. Precisamente, su imagen retro fue el principal atractivo desde el primer día, ya que retomó numerosos elementos estéticos del legendario escarabajo. Los faros completamente redondos, las salpicaderas muy pronunciadas, el techo curvo y la silueta general recordaban inmediatamente al icónico modelo alemán, aunque reinterpretado bajo una plataforma completamente eléctrica y con tecnología moderna. Por lo que parece, las dimensiones tampoco varían: 4,40 metros de longitud, 1,85 de anchura, 1,68 de altura y una distancia entre ejes de 2,75 metros. Es decir, hablamos de un modelo compacto en toda regla. Las novedades son sobre todo técnicas. De hecho, la potencia del motor eléctrico pasa de 169 a 201 CV (150 kW), mientras que la velocidad máxima aumenta de 155 a 180 km/h. La batería, de tipo LFP y fabricada por Svolt, se mantiene sin cambios, aunque se desconoce su capacidad ni la autonomía homologada de esta nueva versión, por lo que habrá que esperar a su lanzamiento para conocer estos datos. Lanzado en el 2022, el Ora Ballet Cat había llamado la atención también por algunas funciones diseñadas expresamente para el público femenino, como un modo de conducción que aumenta automáticamente la distancia de seguridad, una cámara para selfies y un programa que activa la calefacción y el aire acondicionado para aliviar las molestias durante el ciclo menstrual. Sin embargo, la idea no había convencido al mercado. Entre julio del 2022 y junio del 2026, el modelo apenas había registrado 8.523 entregas en China. Pero la marca no se dio por vencida, y con esta actualización, GWM intenta ahora relanzar uno de los coches más singulares de su gama. La gran incógnita es si un coche como el Ora 6 tendría recorrido en Europa. Sobre el papel reúne varios ingredientes interesantes: un diseño muy diferente a lo habitual, unas dimensiones compactas ideales para ciudad y una potencia suficiente para competir en el segmento C. Además, la llegada del Ora 5 a mercados como Italia demuestra que la marca mantiene sus planes de expansión en el continente, mientras prepara también el desembarco del Ora 7. No obstante, su estética tan claramente inspirada en el Volkswagen Beetle podría dividir opiniones entre los compradores europeos. A ello se suma que buena parte de la estrategia de marketing utilizada en China, probablemente necesitaría una profunda revisión para adaptarse a los gustos y sensibilidades del mercado europeo. Aun así, si GWM lograse ofrecer un precio competitivo, una autonomía convincente y un equipamiento completo, el Ora 6 podría encontrar un pequeño espacio entre quienes buscan un compacto eléctrico con personalidad propia, algo que cada vez escasea más en un mercado dominado por diseños muy similares entre sí.

KODAK SMILE+: Una retro cámara digital instantánea

Con el resurgimiento del interés por el cine, pero también con una cultura actual que exige gratificación instantánea, no es difícil entender por qué el regreso de las cámaras instantáneas haya sido todo un éxito. Esto ha contribuido a revitalizar a Fujifilm, por ejemplo, cuya gama Instax, de colores brillantes y en constante expansión, goza de una popularidad sostenida, mientras que seguimos viendo alternativas con marcas como Polaroid y Kodak, esta última gracias a su licenciatario C+A Global. Canon incluso cuenta con una única opción de impresión instantánea, mientras que la marca premium Leica presentó recientemente la Sofort 2, que es a la vez la cámara instantánea más cara del mercado y la Leica más asequible. Si bien el atractivo de las cámaras de impresión instantánea para las personas de mediana edad y mayores reside indudablemente en la nostalgia, los millennials más jóvenes, la Generación Z y la generación Alpha están viendo estos dispositivos por primera vez. No sorprende, entonces, que el actual propietario de la marca Kodak quiera llegar a todos los mercados generacionales. Precisamente, el último modelo Kodak Smile+ luce una forma retro tradicional, pero disponible en la ya esperada gama de colores llamativos. De hecho, hay seis opciones para elegir, incluyendo las más sobrias opciones en blanco y negro, complementadas con un mango de goma en el característico amarillo de la marca Kodak, un bonito guiño a su legado. Al igual que la Kodak Smile Classic de hace un par de años, la Kodak Smile+, con su enfoque fijo y flash incorporado, nos permite guardar las imágenes en una tarjeta microSD extraíble, así como imprimirlas en papel adhesivo. En este caso, las impresiones son del tamaño de una tarjeta de crédito, o sea, de 2×3 pulgadas. Al igual que con las cámaras anteriores, el tiempo de impresión de la tecnología Zero Ink (Zink) es el estándar de la industria de un minuto. La ventaja sobre otras tecnologías radica en que las copias impresas salen secas al tacto y completamente reveladas. No es necesario agitarla como si fuera una Polaroid; por cierto, esto último no es un consejo oficial. Al igual que su predecesora, una vez descargada la aplicación correspondiente para iOS o Android en nuestro teléfono, la Kodak Smile+ permite a los usuarios de smartphones transmitir imágenes preexistentes mediante Bluetooth a la cámara para imprimirlas, así como editarlas, ajustarlas y aplicar efectos. Si queremos guardar las imágenes capturadas con la Smile+, además de imprimirlas, necesitaremos nuestra propia tarjeta microSD, como es habitual. En nuestra unidad de prueba utilizamos una tarjeta de 32 GB. La cámara incluye un paquete inicial de hojas de papel fotográfico Kodak Zink, cuyo tamaño de 2 x 3 pulgadas es comparable al de la mayoría de las cámaras Fuji Instax, aunque más pequeño que el papel de 3,5 x 4,25 pulgadas compatible con la antigua Kodak Smile Classic. Este último es el tamaño más grande que Kodak ofrece en su gama de impresión instantánea, por si prefieres una impresión más grande, similar a las Polaroid de antaño. Por cierto, en lugar de tener que usar pilas AA, como ocurre con los modelos básicos de Fuji Instax, la Kodak Smile+ incorpora una batería de iones de litio. Esta se puede recargar conectando el cable USB incluido; sin embargo, si queremos usarla conectada a la corriente, tendremos que buscar nuestro propio adaptador USB. Con un tamaño aproximado de dos tercios del de un libro de bolsillo, la Kodak Smile+ cabe fácilmente en un bolsillo amplio de un abrigo. Con un botón disparador grande y visible en forma de pastilla y una empuñadura redonda y gruesa, es evidente que está diseñada tanto para manos pequeñas como para dedos grandes, y a simple vista resulta claramente analógica y fácil de usar, a pesar de su funcionamiento parcialmente digital. Quienes prefieren un manejo más táctil y analógico apreciarán una nueva y divertida función de la Kodak Smile+: un filtro de lente giratorio preinstalado que permite al usuario seleccionar, con un simple giro, entre una gama física (en lugar de digital) de efectos antes de tomar la foto. Quizás sea un poco ostentoso, y como no tiene pantalla LCD en la parte trasera, no podemos previsualizar cómo quedará la foto, pero es una función con la que cualquier usuario joven estará familiarizado por su teléfono móvil y que no habíamos visto antes en una cámara instantánea moderna. Con un objetivo de enfoque fijo, las imágenes que captura la Kodak Smile+ tienen una resolución de cinco megapíxeles, lo que, al igual que la propia cámara de estilo retro, evoca una sensación de nostalgia. Probablemente no sustituya directamente a tu cámara sin espejo o réflex digital. Pero, ¿qué tal funciona en la práctica? Aparte de la posibilidad de girar los filtros situados delante del objetivo de la cámara, el funcionamiento de la Kodak Smile+ es totalmente automático, de apuntar y disparar, de principio a fin. Presumiblemente, para evitar una activación accidental o por descuido, debemos mantener presionado el botón de encendido de la cámara durante 3 segundos para que se encienda el indicador luminoso y podamos tomar la foto. El flash también es completamente automático, por lo que no hay ningún botón en la cámara para desactivarlo si se desea. Además, como ya hemos mencionado, no tiene pantalla trasera, aunque sí cuenta con un visor óptico en la parte superior para encuadrar las imágenes. Como ocurre con cualquier cámara de impresión instantánea, inevitablemente hay que experimentar un poco, lo que mantiene la emoción de no saber exactamente qué vamos a obtener hasta que aparece la impresión Zink, seca al tacto. A diferencia de otros modelos Fuji Instax, esta cámara no cuenta con un espejo para selfies en la parte frontal para encuadrar con precisión la toma al sostenerla con el brazo extendido y apuntando el objetivo hacia uno mismo. Además, si bien incluye una ranura para tarjeta microSD para guardar copias de seguridad, siempre que haya papel cargado, la cámara imprimirá automáticamente cada vez que se presione el botón del obturador. Sin embargo, no es posible elegir qué fotos se imprimen. En conclusión, a los niños y a los que conservan el espíritu joven les encantará que el reverso de estas mini impresiones se pueda despegar, transformando las imágenes en pegatinas para álbumes de recortes, paredes y neveras. Kodak Smile+ es una excelente manera de introducir a los más pequeños en el mundo de la fotografía, y eso, por sí solo, bien podría justificar su precio, US$99.99. Si a esto le sumamos que también podemos usar el dispositivo como impresora portátil para las imágenes que tomamos con nuestro teléfono inteligente, muchos podrían considerar la compra de la Kodak Smile+ como una decisión tomada.

COCA COLA POPCORN MAKER: Diseño retro para tenerlo en tu casa

Como sabéis, hay algo en el aroma de las palomitas de maíz recién hechas que resulta difícil de replicar en casa. Si bien, el microondas produce un resultado aceptable, las bolsas precocinadas rara vez consiguen esa textura esponjosa y crujiente que caracteriza a las palomitas de los cines. Con la llegada del buen tiempo y las largas tardes en casa, la demanda de soluciones para convertir el salón en una auténtica sala de cine no ha hecho más que empezar. Por eso, vuelven a sorprender con una de sus incorporaciones más llamativas de la temporada: la Coca Cola Popcorn Maker, un electrodoméstico con una cubeta central giratoria, resistencia calefactora integrada y capacidad para tener listo un cubo de palomitas en apenas 5 minutos. La combinación de una marca tan reconocible como Coca Cola con un diseño retro inspirado en los palomiteros clásicos de los años cincuenta, con los colores y la tipografía icónica de la marca, que convierte el aparato en un objeto tanto decorativo como en un utensilio funcional para disfrutar de unas buenas palomitas desde el sofá de tu casa. Lo que realmente distingue a la Coca Cola Popcorn Maker de una simple olla o del microondas es su sistema de calentamiento directo con cubeta giratoria. El aparato dispone de una resistencia calefactora en la base del recipiente central que alcanza la temperatura necesaria para reventar el maíz de forma uniforme, mientras el brazo giratorio remueve continuamente los granos para evitar que se quemen y garantizar que todos explotan correctamente. El resultado son palomitas con una textura homogénea, sin granos sin reventar en el fondo ni zonas quemadas, algo que el microondas convencional no siempre logra. Con esta máquina, el proceso es completamente autónomo: se añade el maíz, se cierra la tapa transparente y el aparato hace el resto en un tiempo que oscila entre los 3 y los 5 minutos, dependiendo de la cantidad. 1-Calentamiento rápido: el sistema interno alcanza la temperatura ideal en tiempo récord (entre 3 y 5 minutos); 2-Capacidad optimizada: permite preparar cantidades suficientes para compartir en familia o con amigos; 3-Mínimo esfuerzo: solo necesitas añadir el maíz (y un toque de aceite o mantequilla según tu preferencia) y dejar que la máquina haga el resto. Además, más allá de su llamativo diseño retro, la Coca Cola Popcorn Maker incorpora diferentes características que hacen de esta novedad un imprescindible para tu hogar: 1-Cubeta giratoria con brazo removedor: el sistema de paletas giratorias remueve el maíz durante todo el proceso de calentamiento, garantizando una cocción uniforme sin necesidad de intervención manual; 2-Tapa transparente abatible: permite visualizar el proceso en tiempo real y facilita el vertido directo de las palomitas al cubo o al recipiente sin necesidad de trasvasar; 3-Resistencia calefactora de base: calienta la cubeta de forma directa y controlada, replicando el principio de los palomiteros profesionales de hostelería y cine; 4-Diseño retro Coca Cola: carcasa en rojo con tipografía y logotipo icónicos de la marca, que convierte el aparato en un elemento decorativo de cocina o sala de estar con identidad propia; 5-Formato compacto: dimensiones reducidas (aprox. 29 x 24,8 x 49 cm) que permiten ubicarlo en cualquier encimera o estantería sin ocupar más espacio del necesario. Además, el indicador de funcionamiento y la sencillez del proceso hacen que la Coca Cola Popcorn Maker sea completamente autónoma: no requiere supervisión ni conocimientos previos, y cualquier miembro de la familia puede utilizarla sin instrucciones adicionales. En cuanto a su coste y disponibilidad, podrá ser tuya por 74,99 euros, con diseño retro icónico, cubeta giratoria con brazo removedor, tapa transparente y palomitas listas en 5 minutos, es la forma más sencilla y vistosa de llevar la experiencia del cine directamente al salón de casa.

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