Hace 60 años, la nave USS Enterprise comenzaba su viaje espacial en la cadena estadounidense NBC. La tripulación formada por el capitán Kirk, Spock, McCoy, Sulu, Chekov y Uhura dejaron para el recuerdo sus memorables aventuras galácticas, por lugares donde ningún ser humano había llegado antes. La serie creada por Gene Roddenberry apenas sobrevivió tres temporadas antes de ser cancelada, pero las repeticiones permitieron que encontrara una audiencia cada vez mayor y terminara convirtiéndose en uno de los fenómenos culturales más importantes de la ciencia ficción. Hoy, luego de 60 años, Star Trek no es solamente una franquicia de películas, series, novelas, videojuegos y productos derivados. Es una forma particular de mirar el mundo. Quizá ahí esté la razón por la que sigue funcionando. Todo comienza, con una nave espacial viajando por el universo en busca de nuevos mundos y nuevas civilizaciones. Intentando llegar, hasta donde nadie ha llegado antes. Pero Star Trek nunca estuvo realmente interesada solamente en los planetas. Cada nuevo mundo era una excusa para hablar de la Tierra. La guerra, el racismo, la desigualdad, el colonialismo, la inteligencia artificial, la religión, el poder, la libertad, la identidad, la discriminación y los límites de la ciencia aparecieron una y otra vez detrás de alienígenas, civilizaciones desconocidas y conflictos interplanetarios. Roddenberry utilizó la ciencia ficción para plantear preguntas que probablemente habrían sido mucho más difíciles de discutir de manera directa en la televisión estadounidense de los años sesenta. La genialidad estaba precisamente ahí: hablar del presente fingiendo que se hablaba del futuro. La Federación Unida de Planetas no representa únicamente una alianza política ficticia. También funciona como una aspiración. La idea de que distintas especies, culturas y formas de pensamiento pueden compartir un proyecto común resulta especialmente poderosa porque no parte de la eliminación de las diferencias, sino de su convivencia. Ese planteamiento sigue siendo sorprendentemente actual. Parte de la importancia de Star Trek está en algo que hoy puede parecer normal, pero que en 1966 estaba lejos de serlo. En el Enterprise convivían personas de diferentes nacionalidades, culturas y especies. Sulu era japonés-estadounidense. Uhura era una mujer negra estadounidense ocupando un puesto de responsabilidad. Scotty era escocés. Spock era mitad humano y mitad vulcano. Más adelante aparecería incluso Chekov, un oficial ruso, en plena Guerra Fría. No era una casualidad. La tripulación representaba una idea radical para su época: el futuro no pertenecía a una raza, una nación o una cultura determinada. Pertenecía a todos. El caso de Nichelle Nichols resulta particularmente significativo. Como la teniente Nyota Uhura, Nichols interpretó a una negra como oficial de comunicaciones en una de las series más importantes de la televisión estadounidense. Su personaje no estaba construido alrededor de los estereotipos que normalmente limitaban la representación de las negras en pantalla. Era una profesional, una integrante indispensable de la tripulación y una autoridad dentro de su campo. Nichols llegó incluso a considerar abandonar la serie. Martin Luther King Jr., admirador de Star Trek, la convenció de permanecer en ella por el significado que tenía su presencia para la representación de la comunidad en televisión. Mismo caso y mención especial, para el Dr. Joseph M’Benga, quien es un médico de la Flota Estelar en el universo de Star Trek. Su personaje normalizó que un negro sea doctor y posea una posición de poder, cuestión que rompió barreras para su época, además, de ser una de las figuras más interesantes de la franquicia, ya que conecta la era clásica de los años 60 con las producciones modernas. Debido a que, en los últimos años la franquicia ha profundizado en el personaje. A dos años de su estreno, los personajes de Uhura y Kirk protagonizarían uno de los momentos más recordados de la televisión estadounidense: un beso interracial en pantalla. Más allá de la escena en sí, lo importante era lo que representaba. Star Trek estaba mostrando un futuro en el que aquello que todavía dividía a la sociedad estadounidense podía dejar de hacerlo. Pero si existe un personaje que resume buena parte de la filosofía de Star Trek, ese es Spock. El personaje de Leonard Nimoy es uno de los grandes ejemplos de cómo la franquicia consiguió convertir la ciencia ficción en un estudio sobre identidad. Spock es mitad humano y mitad vulcano. Defiende la lógica, controla sus emociones y trata de mantener distancia respecto de aquello que considera irracional. Sin embargo, la contradicción es precisamente lo que lo vuelve interesante. Mientras más intenta negar su lado humano, más evidente resulta que su conflicto no consiste en escoger entre humanidad y lógica. Consiste en aprender que ambas pueden coexistir. Lo mismo ocurre con Kirk y McCoy. Kirk representa la intuición, la voluntad y el liderazgo. McCoy, la empatía y la preocupación por la vida. Spock, la fortaleza científica y la lógica. El funcionamiento de la Enterprise depende de que ninguno tenga siempre la razón. Es ahí donde aparece una de las mayores fortalezas de la franquicia: los personajes no están diseñados para pensar igual, sino para complementarse. La amistad entre los tres funciona porque existe desacuerdo. Y esa idea se convertiría en uno de los pilares de las distintas generaciones de Star Trek, ya que la evolución de los personajes también cambió la franquicia. Uno de los mayores errores sería pensar que Star Trek es simplemente Kirk, Spock y una nave espacial. La franquicia consiguió sobrevivir porque logro evolucionar. The Next Generation sustituyó a Kirk por Jean-Luc Picard, interpretado por Patrick Stewart, un actor británico de enorme prestigio teatral que posteriormente sería reconocido también por interpretar al profesor Charles Xavier en la saga cinematográfica de X-Men. Picard era diferente a Kirk. No necesitaba demostrar constantemente que era el hombre más fuerte de la habitación. Su autoridad estaba basada en el conocimiento, la diplomacia y la capacidad de escuchar. La serie llevó todavía más lejos la idea de que el conflicto no siempre debe resolverse disparando primero. Sus personajes evolucionaron durante siete temporadas: Data exploró qué significa ser un humano consciente, siendo el un androide; Worf tuvo que reconciliar su identidad klingon con su pertenencia a la Federación; Beverly Crusher enfrentó dilemas médicos y familiares; Deanna Troi exploró los límites de la empatía; Riker tuvo que decidir qué clase de oficial quería ser. La Enterprise dejó de ser simplemente una nave. Se convirtió en una comunidad. Deep Space Nine fue todavía más lejos y cuestionó directamente el optimismo de sus antecesoras. En lugar de viajar constantemente hacia nuevos mundos, puso a sus personajes en una estación espacial marcada por conflictos políticos, religiosos y militares. Su gran pregunta fue incómoda: ¿Qué ocurre cuando defender nuestros principios se vuelve mucho más difícil? La serie exploró precisamente esa tensión entre ideales y realidad, hasta convertir a personajes como Sisko, Kira Nerys, Odo, Quark y Garak en figuras mucho más ambiguas de lo que el modelo clásico de héroe y villano permitía. Voyager volvió a poner el viaje en el centro, pero desde otra perspectiva: una tripulación aislada a miles de años luz de casa. Enterprise retrocedió hasta los primeros pasos de la exploración interestelar. Y las producciones más recientes, desde Discovery hasta Picard y Strange New Worlds, han utilizado distintas épocas y estilos para volver a discutir las mismas preguntas. Eso explica algo importante: Star Trek no se mantiene vigente porque repita siempre la misma fórmula. Se mantiene vigente porque cambia mientras conserva sus principios. Hay otro elemento que explica su longevidad. Star Trek siempre ha sabido jugar con las expectativas del género. Cuando parecía que una historia espacial necesitaba un villano, podía convertir el conflicto en un dilema moral. Cuando parecía necesario resolver un problema mediante una batalla, podía plantear una negociación. Cuando aparecía una civilización alienígena, no necesariamente era una amenaza, a veces era un espejo. Y cuando presentaba una tecnología imposible, la historia no siempre estaba interesada en explicar cómo funcionaba, sino en preguntarse qué haríamos los seres humanos si realmente existiera. Así, el comunicador de Kirk anticipó conceptualmente los teléfonos móviles. Las tablets recuerdan inevitablemente a los dispositivos utilizados por distintas tripulaciones. Las videollamadas, los traductores automáticos, las interfaces de voz, la realidad virtual y otras tecnologías asociadas a la franquicia han encontrado equivalentes en el mundo real. La propia página oficial de Star Trek ha documentado varias de estas conexiones. No significa que Star Trek haya inventado cada una de esas tecnologías. El impacto es más interesante que eso. Ayudó a convertirlas en posibilidades imaginables. La relación entre Star Trek y la ciencia tampoco terminó en la pantalla. La NASA (National Aeronautics and Space Administration) mantiene desde hace décadas una relación simbólica y cultural con la franquicia. El primer transbordador espacial construido para pruebas de vuelo fue bautizado Enterprise luego de que miles de fanáticos escribieran para solicitar ese nombre. Astronautas y tripulaciones de misiones espaciales también han utilizado referencias a Star Trek en fotografías, uniformes y materiales oficiales. La influencia llegó incluso a quienes terminaron trabajando en la exploración espacial. Asimismo, la NASA ha documentado testimonios de científicos e ingenieros que reconocen haber encontrado inspiración en la serie. Entre ellos se encuentra la astrofísica Sara Seager, cuyos trabajos estudian las atmósferas de planetas fuera del Sistema Solar. Otros científicos vinculados con la búsqueda de exoplanetas han señalado el papel de la ficción en despertar su interés por explorar otros mundos, por ejemplo, la forma en que viajan a velocidades super lumínicas las naves en Star Trek. Aquí aparece una de las ideas más poderosas de toda la franquicia: antes de construir algo, hay que ser capaces de imaginarlo. La ciencia necesita ecuaciones, experimentos y evidencia. Pero también necesita personas capaces de preguntarse qué podría existir más allá de lo conocido. Star Trek ayudó a hacer esa pregunta culturalmente posible. Sin embargo, reducir Star Trek a sus predicciones tecnológicas sería quedarse en la superficie. La verdadera revolución de la franquicia no fue imaginar teléfonos sin cables. Fue imaginar una civilización que había superado buena parte de sus conflictos internos. La Federación no está obsesionada con acumular riqueza. La exploración no se presenta como una carrera por conquistar territorios. El conocimiento tiene valor por sí mismo. Y eso es particularmente interesante porque contradice uno de los principios habituales de la ciencia ficción. Muchas historias imaginan el futuro como una versión más tecnológica de nuestros problemas actuales. Star Trek se atrevió a imaginar otra posibilidad: que la humanidad también pudiera evolucionar moralmente. No significa que sus personajes sean perfectos. De hecho, la franquicia funciona precisamente porque no lo son. Kirk se equivoca. Picard duda. Sisko toma decisiones difíciles. Janeway carga con las consecuencias de sus órdenes. Michael Burnham comete errores. Spock se contradice. La diferencia está en que el universo de Star Trek no considera el error como una sentencia definitiva. Existe la posibilidad de aprender. Y quizá esa sea una de las ideas más optimistas que haya permeado dentro de la cultura popular. Cabe precisar que la conexión entre los personajes es el verdadero motor. En última instancia, Star Trek nunca ha sido realmente sobre viajes espaciales. Ha sido sobre personas que tienen que aprender a convivir dentro de ellas. Por eso funcionan tanto las relaciones entre Kirk, Spock y McCoy como la amistad entre Picard y Riker, la compleja relación entre Data y su tripulación, el vínculo entre Sisko y su familia, la relación entre Janeway y Chakotay o las conexiones que aparecen entre las nuevas generaciones de oficiales. Incluso los conflictos con especies como los klingon, romulanos, cardassianos o borg terminan funcionando como extensiones de preguntas sobre nosotros mismos. ¿Qué ocurre cuando el otro piensa diferente? ¿Hasta dónde puede llegar una sociedad para protegerse? ¿Cuándo la seguridad comienza a convertirse en control? ¿Es posible defender la paz sin renunciar a los propios principios? ¿Puede una máquina desarrollar conciencia? ¿Una inteligencia superior necesariamente debe tener derechos? Son preguntas que siguen vigentes porque no pertenecen al siglo XXIII, sino al presente. Quizá el mayor legado de Star Trek sea haber defendido una idea que hoy puede resultar más radical que cuando fue creada: el futuro puede ser mejor. No necesariamente perfecto. Mejor. Un futuro en el que diferentes culturas puedan colaborar. En el que la ciencia sea una herramienta para comprender y no solamente para controlar. En el que explorar no signifique conquistar. En el que la diversidad no sea una amenaza, sino una fuente de conocimiento. El aniversario oficial del 2026 ha resumido esa aspiración bajo una idea sencilla: «Space for Everybody», un futuro asociado con esperanza, exploración e inclusión. Pero más allá de campañas y celebraciones, la pregunta sigue siendo la misma que la franquicia ha planteado durante seis décadas: ¿Qué clase de humanidad queremos llevar hacia las estrellas? Porque imaginar una nave capaz de viajar más rápido que la luz es relativamente sencillo. Lo verdaderamente difícil es imaginar una sociedad capaz de hacerlo sin llevar consigo los mismos prejuicios, miedos y conflictos que todavía arrastra en la Tierra. Por cierto ¿Por dónde empezar a ver Star Trek? La enorme cantidad de series puede intimidar a quien nunca se ha acercado a la franquicia. No hace falta comenzar siguiendo la cronología interna. Una buena puerta de entrada puede ser: Star Trek: The Original Series: para conocer a Kirk, Spock, McCoy y la esencia fundacional de Roddenberry; Star Trek: The Next Generation: probablemente el mejor punto de entrada para descubrir el lado filosófico y social de la franquicia; Star Trek: Deep Space Nine: ideal para quienes prefieren conflictos políticos, dilemas morales y personajes que cambian con el tiempo; Star Trek: Voyager: para quienes disfrutan de una historia de exploración y supervivencia; Star Trek: Strange New Worlds: una de las alternativas más accesibles para el público actual, con una estructura episódica que recupera el espíritu de exploración de la serie original. La producción sigue al capitán Christopher Pike, Spock y Number One antes de la llegada de Kirk al Enterprise. Y sí, se puede empezar por cualquiera de ellas. No es necesario conocer cada planeta, especie, capitán o conflicto ocurrido durante los últimos 60 años. Lo importante es entrar con curiosidad. Al fin y al cabo, esa siempre fue la invitación. A sesenta años de aquel primer viaje del Enterprise, Star Trek continúa siendo una de las grandes obras de la ciencia ficción porque nunca estuvo realmente obsesionada con el futuro. Estaba obsesionada con nosotros. Con nuestras contradicciones. Con nuestros prejuicios. Con nuestra capacidad de destruir y también de aprender. Con la posibilidad de que una sociedad pueda crecer sin perder la curiosidad que la llevó a explorar. Su mayor acierto fue subvertir una idea muy arraigada en la ciencia ficción: que avanzar significa tener más poder. En Star Trek, avanzar significa comprender más. Por eso sus mejores episodios no son necesariamente aquellos con las batallas más grandes, sino los que terminan con una pregunta rondando la cabeza luego de que aparecen los créditos. La franquicia ha imaginado comunicadores, computadores, naves, androides, hologramas y mundos que todavía pertenecen a la ficción. Pero su legado más importante no está en ninguna de esas tecnologías. Está en haber enseñado a varias generaciones que explorar lo desconocido no debería servir para demostrar que somos superiores, sino para descubrir que todavía tenemos mucho que aprender. Por eso, pasado seis décadas, la última frontera sigue estando exactamente donde Star Trek siempre la colocó: no en el espacio, sino en aquello que todavía podemos explorar dentro de nosotros mismos.
PLAYSTATION LEGO: De vuelta a la vida
Sony y LEGO han confirmado lo que se rumoreaba: el set LEGO PlayStation existe y es tan nostálgico como suena. En efecto, aunque ya se había filtrado previamente, State of Play ha dado a conocer de forma oficial la llegada de este próximo mes de octubre de la colaboración entre LEGO y PlayStation para lanzar al mercado una réplica de la PS1. Un set muy especial que tendrá una escala prácticamente 1:1, que incluirá 1911 piezas y que medirá unos 26 centímetros de ancho cuando esté montada. La gran novedad que aporta esta filtración son los detalles que se aprecian en su empaquetado. El set, con la referencia 72306, replica la primera PlayStation con 1.911 piezas e incluye un mando fiel al original, reconstruido pieza a pieza. Pero lo más llamativo son los pequeños dioramas desplegables que acompañan a la consola y que rinden homenaje a algunos de los juegos más emblemáticos de la plataforma: se distinguen claramente escenas inspiradas en Gran Turismo y en Ape Escape, dos sagas que definieron la primera era de la marca. Además, la consola cuenta con una tapa que se abre, como la original, y estaría construida prácticamente a escala real. Cada diorama presenta elementos personalizables: Gran Turismo incluye una pista en miniatura completa con coches reducidos, mientras que el Ape Escapediorama tiene una escena nostálgica de la isla con una luz azul o roja intercambiable en el casco del mono. El conjunto interactivo tiene mecanismos funcionales para los botones de encendido y apertura de la consola, un controlador que se puede conectar a la consola y la capacidad de eliminar ambos dioramas del juego para que puedan mostrarse por separado. Es precisamente ese nivel de detalle lo que eleva la propuesta por encima de un simple objeto de exhibición. Como sabéis, la primera PlayStation es una de las consolas más icónicas de la historia, con más de cien millones de unidades vendidas y una legión de jugadores que la recuerdan como su primera gran experiencia con los videojuegos. Un set que la reconstruye con este mimo, incluyendo guiños a sus juegos más queridos, es el tipo de producto que apela directamente a la fibra nostálgica de toda una generación. La PlayStation LEGO estará disponible directamente desde PlayStation en direct.playstation.com a partir del 1 de octubre de 2026, en los Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Austria, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Italia, España y Portugal. El conjunto también estará disponible a partir del 1 de octubre de 2026, para LEGO Insiders Early Access y para todos a través de LEGO.com y LEGO Stores a partir del 4 de octubre de 2026. El precio de venta recomendado (PVP) es de 179,99 USD | 159,99 € EUR | 139,99 £ GBP | 27.980 ¥ JPY (impuestos incluidos). Y hay una guinda especialmente golosa para los seguidores de PlayStation: quienes adquieran el set a través de la tienda oficial de LEGO recibirían de regalo, por tiempo limitado, un set adicional de Astro Bot, con la referencia 40899. La mascota por excelencia de la marca desde el lanzamiento de PS5, protagonista del juego más premiado del 2024, sería el acompañante perfecto para esta oda a la consola que lo empezó todo. Si la filtración se confirma, y todo apunta a que hay mucho de real en ella, este set se perfila como uno de los regalos más deseados de cara a las próximas navidades. Habrá que estar muy atentos a un posible anuncio oficial de LEGO en las próximas semanas. Ya llevéis con PlayStation desde 1994 o seáis fans más nuevos, esperamos que disfrutéis de construir una pieza de la historia de PlayStation con este próximo set de LEGO.
NOKIA 300 CHARGE: Un móvil retro con funciones útiles
HMD Global sigue explotando la nostalgia de Nokia con móviles sencillos, resistentes y diseñados para ofrecer la mejor autonomía. ¿El último ejemplo? El nuevo Nokia 300 Charge, un teléfono de teclas que recupera funciones ya casi olvidadas, como la radio, la ranura para tarjetas microSD o el conector de auriculares, pero añade una característica muy poco habitual: puede cargar otros dispositivos. Este es sin duda el móvil básico de Nokia con más batería que hemos conocido nunca. Recordemos que de media las baterías de estos teléfonos suelen tener unos 1450 mAh, y este nuevo Nokia 300 Charge, integra una de nada menos que 3700 mAh, que para un teléfono de estas características es algo sencillamente gigantesco. Y todo evitando que el teléfono sea más grande, es más grueso, pero sigue siendo un móvil muy compacto. Esta se recarga mediante un conector USB C, y lo más importante, actúa como batería externa. Ya que en el lateral tiene un botón físico, que, al pulsarlo, activa la carga inversa. Eso quiere decir que los dispositivos que conectemos a su puerto USB tipo C mediante cable, se cargarán con la batería del Nokia 300 Charge con una potencia de 10W, y por tanto, nos ayudará a completar la carga de varios dispositivos que tengamos a mano y necesiten de un empujón de energía, como un smartphone, una tablet y otros tantos dispositivos. Pero además de esto, se trata de un dispositivo básico, un dumb phone de esos que nos ofrecen una enorme autonomía, y funciones básicas de teléfono con la máxima calidad. En este caso es un móvil que cuenta con conectividad 2G, lo que le convierte ya en un dispositivo un tanto limitado en algunas regiones donde ya se están apagando las antenas de esta conectividad. Evidentemente, esas cifras no están pensadas para instalar aplicaciones ni para usar redes sociales. El Nokia 300 Charge funciona con el sistema S30+, el habitual en los móviles clásicos de la marca, y apuesta por una experiencia mucho más simple. Es un hándicap en su contra, desde luego, y tiene una pantalla de 2,4 pulgadas con tecnología LCD y resolución de 320 x 240 píxeles. A este le acompañan solo 4 megas de memoria RAM y 4 megas de almacenamiento interno. Eso sí, hay una ranura para tarjetas microSD que permite aumentar el almacenamiento hasta los 32 GB. Su peso es de 138 gramos, muy ligero a pesar de su gran batería, y el chip que lo mueve es un Unisoc SC6531E bastante básico. Presume además de una linterna ultrabrillante, tanto que es hasta cuatro veces más brillante que la del iPhone 16 Pro. Y todo ello por apenas 30 euros al cambio, en el mercado malayo, donde ha sido lanzado. Aun así, es un precio de derribo. Eso sí, tenemos dudas acerca de que este modelo llegue a Europa, precisamente porque la conectividad 2G supone una gran limitación frente a sus alternativas con 5G.
ROLLS-ROYCE SILVER CLOUD III: Elegancia fuera del tiempo
Fabricado entre 1963 y 1966, el Silver Cloud III suele considerarse el más elegante de los Silver Cloud. Su estilo clásico, con sus cuatro faros delanteros, su parrilla vertical y sus líneas perfectamente equilibradas, ha travesado las décadas sin perder ni un ápice de su encanto. Bajo el capó se esconde un generoso motor V8 de 6,2 litros que ofrece una conducción de una suavidad excepcional. El habitáculo está íntegramente fabricado a mano con cuero Connolly, maderas nobles y un acabado impecable. Visualmente, la modificación más destacada del Silver Cloud III estaba en la parte delantera. Los faros se agruparon en un formato cuádruple con una línea del capó ligeramente más baja y radios, lo que le daba al vehículo un aspecto más refinado y moderno. La parte trasera remodelada incorporaba luces traseras reposicionadas que contribuían a su elegante estética. En cuanto a rendimiento, el Silver Cloud III contaba con una versión mejorada del motor V8 de 6,2 litros de Rolls-Royce. Los ingenieros aumentaron la relación de compresión y añadieron carburadores más grandes que incrementaron la potencia en aproximadamente un 7%. Esto resultó en una mayor velocidad y aceleración, asegurando que la pesada carrocería del Silver Cloud III pudiera mantener un rendimiento suave y potente. El interior del Silver Cloud III continuó con los altos estándares de confort y lujo de la marca. Equipado con asientos de cuero lujoso, carpintería pulida y moqueta de alta calidad, el vehículo era el epítome del confort. Para maximizar la comodidad, se incluyeron características tecnológicas adicionales como ventanas eléctricas. Las dimensiones externas fueron ligeramente ajustadas, el interior remodelado, el peso reducido en un poco más de 100 kg (220 lb) y las mejoras en el motor que incluían el equipamiento de carburadores SU de 2 pulgada (50,8 mm) en lugar de las unidades de 1¾ pulgadas utilizadas en la Serie II del Silver Cloud. El ratio de compresión fue aumentado a 9:1, reflejando los más altos niveles de octanaje del combustible prémium en los principales mercados, aunque la opción de un ratio de compresión 8:1 más bajo todavía era ofrecida en mercado donde no existía disponibilidad de combustibles de alto octanaje podía ser un problema.[4] Rolls-Royce, como antes, se negó a revelar la potencia del motor, pero indicó que había habido una mejora de «tal vez el 7%».El incremento de la potencia y la reducción de peso impulsaron ligeramente el aumento de la velocidad y del rendimiento. El motor ahora incluía un cigüeñal endurecido con nitruro para reflejar el aumento de potencia generada y en respuesta a los informes de roturas del cigüeñal en los primeros Silver Clouds V8. La transmisión era una GM Hydramatic que Rolls-Royce utilizó bajo licencia. Los faros delanteros se agruparon en una disposición en cuatro-faros que posteriormente continuaron en el Silver Shadow posterior. Otros cambios externos incluyeron un aumento ligero de la inclinación del capó para corresponder con un reducción de 1+1/2 de pulgada (3,8 cm) en la altura de la parrilla del radiador. Durante los años de su fabricación, no hubo cambios importantes. Tapacubos de acero inoxidable en las ruedas remplazaron a los cromados en abril de 1963, y una ventana trasera mejorada antivaho fue introducida en noviembre del mismo año. Asientos delanteros más anchos fueron instalados en enero de 1964, y luego de cinco meses, el contorno de los faros incorporaba ahora un pequeño monograma de RR. Una placa cromada en la que leía «Silver Cloud III» en cursiva puede verse en el fondo derecho del maletero en la mayoría de ejemplos suministrados en Europa y el Reino Unido, mientras que las versiones de EE. UU. fueron entregadas sin esta placa. Como en los modelos anteriores, Rolls-Royce continuó haciendo el chasis del Silver Cloud disponible a constructores de carrocerías tradicionales, con una berlina normal de cuatro puertas, una versión de batalla larga que añadía cuatro pulgadas extra de espacio para las piernas, y varias variantes de dos puertas (descapotables y coupés) terminadas por carroceros como Mulliner Park Ward y James Young. Se construyeron un total de 2.044 unidades del Silver Cloud III, marcando el fin de una era de los espaciosos, grandiosos y de estilo tradicional de los coches motores Rolls-Royce que se remontaban a la creación del marquesina. Muy apreciado por jefes de Estado, famosos y familias reales, sigue siendo hoy en día uno de los Rolls-Royce clásicos más codiciados en el mercado de coleccionistas gracias a su elegancia atemporal.
DONALD TROLL: El muñeco que no estabas esperando
Como sabéis, los muñecos troll son un tipo de juguete que se puso de moda tras su creación en 1959 por el leñador danés Thomas Dam. Los originales, también llamados «Dam Dolls», eran de excelente calidad, con pelo de lana de oveja y ojos de cristal. Su repentina popularidad, junto con un error en el aviso de copyright del producto original de Thomas Dam, hizo que imitaciones y copias de menor calidad inundaran el mercado. Los muñecos troll se convirtieron en uno de los juguetes más de moda en Estados Unidos desde el otoño de 1963 hasta 1965. Con su pelo de colores chillones y sus caras sonrientes, se encontraban en todas las tiendas del país. Aparecieron en 1964 en las revistas Life y Time en sendos artículos que comentaban la «buena suerte» que traían a sus dueños. Asimismo, volvieron a ponerse de moda en breves periodos de los años 1970, 1980 y 1990, con hasta diez fabricantes diferentes. También conocidos como «Wishniks», «Troles del tesoro», «Norfins» y otros nombres, no fue hasta el 2003 cuando una ley del congreso estadounidense permitió a la familia danesa de Elvio recuperar sus derechos de autor en aquel país y convertirse de nuevo en el único fabricante oficial. Mucha gente colecciona los muñecos troll, manteniendo los originales su mayor valor. Algunos coleccionistas tienen miles de ellos, desde el tamaño de un premio en una máquina de chicles hasta unos 30 cm. Otro ejemplo de muñecos troll son los llamados «Ny Form troles», de látex y realizados a mano en Noruega. Al igual que los «Wishniks», son coleccionados por muchas personas. Su precio puede llegar a sobrepasar los mil dólares. Desde el 2015 se dio a conocer una nueva versión del Troll de Thomas Dam. En efecto, GoodLuck Troll se transformó de un juguete a un objeto de decoración con un gran resultado ya que en los últimos años se ha convertido en un ícono del diseño escandinavo. El actual troll es un objeto de decoración y de coleccionismo. Está hecho de resina y el pelo es de lana natural de oveja. Desde entonces, el muñeco troll de Thomas Dam no ha perdido su esencia ni encanto. Es más, recibió un nuevo impulso en el 2017, cuando Chuck Williams, un hombre de 56 años que radica en Wisconsin, presentó un muñeco inspirado en Donald Trump, con un diseño similar al de los famosos trolls. La figura – llamado Donald Troll – incluye el distintivo flequillo, un ceño fruncido y, para darle un toque realista, también posee un teléfono móvil, listo para cuando el muñeco quiera lanzar algún furioso tuit en su red social. Williams es un ex escultor de Walt Disney Company, quien ha esculpido profesionalmente para películas, parques temáticos, juguetes y coleccionables durante 30 años. Para superar su frustración por la elección de Trump como nuevo presidente de EE.UU., comenzó a hacer esta figura a modo de burla cuyas imágenes publicó en Facebook atrayendo la atención de todos sus amigos. Es por eso que decidió crear una campaña en Kickstarter para posteriormente manufacturar los muñecos que sean ordenados. «Estoy buscando financiamiento para la fabricación de un gran número de Trump Trolls», señalo Williams en Kickstarter en aquella oportunidad. » Haré todo lo posible para poner los muñecos a su disposición en unos meses. El arte está listo y ahora es cuestión de producir las piezas», agregó. Cabe precisar que, además del pelo largo y naranja, en línea con los modelos clásicos del género, todas sus extremidades están fuera de escala: manos y pies pequeños, además de piernas grandes. Pero el detalles más saliente sin duda es el (visiblemente) pequeño miembro del troll. Por lo visto, no le fue mal, ya que, dado su realismo, causó furor en las redes sociales, terminando muchos en la basura cuando termino su gobierno. Sin embargo, al volver a ser elegido el 2024, los Trump Troll cobraron nueva vida especialmente por parte de sus incondicionales seguidores de MAGA, pero tras el desastre que significa al frente de la Casa Blanca, al descubrirse además que aparece en los Expedientes Eipstein – que lo describe como un maldito pedófilo y violador de niños – su imagen se ha venido abajo, a lo que debemos agregar su fracaso en Irán, una guerra de agresión perpetrada junto a los sionistas y de la cual no sabe cómo salir, a lo que hay que sumar las elecciones de noviembre, donde todas las encuestas prevén su aplastante derrota a manos de los demócratas, quienes mediante el impeachment buscaran apartarlo ignominiosamente del cargo, por lo que incluso podría terminar en la cárcel. En cuanto al monstruoso muñeco – a quien tapamos sus miserias para evitar la censura – su destino indudablemente será la basura, aunque en las redes aparece que hay quienes le introducen un palo (ya se imaginan por donde), y utilizarlo como escobilla para limpiar el inodoro con su cabeza. Un uso practico al fin y al cabo ¿No os parece?
JAWS RETRO EDITION: Reviviendo un clásico de los 70
Se trata de una noticia que de seguro hará que los amantes de lo clásico estén felices. En efecto, Limited Run Games, en asociación con Universal Products & Experiences, anuncio Jaws: Retro Edition para PlayStation 5 y Nintendo Switch, un relanzamiento del clásico de 1987 originalmente publicado en NES. Las ediciones físicas ya se encuentran disponibles a través de la tienda de Limited Run Games. El proyecto recupera el título desarrollado por Westone y producido por Atlus, ahora acompañado de mejoras y funciones modernas que buscan revitalizar esta adaptación inspirada en la célebre licencia cinematográfica. Como recordareis, Jaws – la película de Steven Spielberg de 1975 en la cual se basa el juego – se convirtió en un clásico de terror, pionero del fenómeno del ‘blockbuster de verano’, y en el 2001 fue seleccionado por la Biblioteca del Congreso para su preservación en el Registro Nacional de Películas por ser ‘cultural, histórica o estéticamente significativo’. La nueva versión mantiene la premisa del juego original, centrada en la amenaza de un enorme tiburón blanco que aparece en aguas tropicales donde nunca debería existir. La narrativa describe a la criatura como una presencia casi sobrenatural que persigue al protagonista de manera personal, generando una atmósfera de tensión constante. El repertorio de vehículos y herramientas se conserva: minisubmarino, hidroavión, velero y equipo de buceo, todos presentados como opciones frente a un depredador descrito como una “máquina devoradora increíblemente poderosa”. En cuanto a mejoras, Jaws: Retro Edition incorpora funciones contemporáneas como guardado en cualquier momento, rebobinado, logros y trofeos, un reproductor de música y una galería dedicada al material visual del juego. Estas adiciones buscan facilitar la experiencia moderna sin alterar la esencia arcade del título de 8 bits. La jugabilidad en sí también ha sido modificada. Los jugadores pueden acceder no solo a la versión original, sino también a una actualizada que presenta nuevas misiones, habilidades, armas, mayor dificultad y numerosas referencias a las cuatro películas de la franquicia. El énfasis promocional subraya nuevamente el carácter de “desafío definitivo”, describiendo el enfrentamiento final como una lucha en la que solo uno puede sobrevivir. La publicación contará con dos ediciones físicas. La Retro Edition, con precio de $34.99 USD, incluye la copia física del juego y un folleto de 8 páginas. Por su parte, la edición premium “The Bigger Boat Edition”, valorada en $99.99 USD, suma una caja inspirada en NES, la banda sonora en CD prensado, un llavero con pin de Jaws y una lámpara pixelada del tiburón, además de todo el contenido de la edición estándar. ¿A qué esperas para tenerlo y volver a enfrentar al temible tiburón blanco, reviviendo esos tiempos que se fueron para no volver?
PLACA DE POLICÍA: Un símbolo atemporal de autoridad, honor y confianza pública
En todo el mundo, la placa de policía es más que una simple pieza de metal: es un poderoso emblema del deber, la integridad y el vínculo inquebrantable entre las fuerzas del orden y las comunidades a las que sirven. Durante siglos, este pequeño símbolo de intrincado diseño ha tenido un peso que va más allá de su forma física, representando la promesa de protección, la búsqueda de la justicia y el sacrificio de quienes lo portan. Desde las primeras versiones de las insignias policiales hasta las modernas y estandarizadas insignias de la actualidad, la placa policial sigue siendo un ícono universal de orden y responsabilidad, que trasciende el idioma, la cultura y las fronteras geográficas. No es solo un accesorio de un uniforme, sino una manifestación tangible del juramento de un oficial, un compromiso silencioso de hacer cumplir la ley y proteger a los vulnerables. Exploremos la rica historia, el simbolismo multidimensional, la filosofía de diseño, las variaciones culturales y las adaptaciones modernas de la placa policial, descubriendo por qué sigue teniendo un significado tan profundo en las sociedades de todo el mundo y cómo ha evolucionado para seguir siendo relevante en un mundo policial en constante cambio. En cuanto a su origen, el concepto de una insignia reconocible para las fuerzas del orden se remonta a las civilizaciones antiguas, donde los símbolos de autoridad se utilizaban para distinguir a los funcionarios de la población general, una necesidad en sociedades donde los sistemas legales formalizados aún estaban tomando forma. En el antiguo Egipto, por ejemplo, los funcionarios faraónicos llevaban colgantes ornamentados y emblemas tallados en piedra o metal, que simbolizaban su papel en la aplicación de los decretos reales y el mantenimiento del orden social. De igual manera, en la antigua Roma, los legionarios y magistrados romanos portaban insignias como el «aquila» (estandarte del águila) o coronas de laurel, que no solo identificaban su rango, sino que también servían como símbolo de lealtad al imperio. Estos primeros símbolos no eran solo identificadores prácticos; eran herramientas de legitimidad, que ayudaban a establecer la autoridad en un mundo donde el poder era a menudo objeto de disputa. Sin embargo, la placa policial moderna, tal como la conocemos, surgió en el siglo XIX, junto con la formación de las fuerzas policiales profesionales, un cambio que marcó un momento crucial en la historia de las fuerzas del orden. Antes de esta época, el orden público se mantenía mediante grupos informales como los vigilantes, los alguaciles y las patrullas nocturnas, quienes a menudo carecían de uniformes estandarizados, formación o un símbolo claro de su función. En el Londres del siglo XVIII, por ejemplo, los vigilantes nocturnos eran poco más que voluntarios o trabajadores contratados, que a menudo vestían ropa sencilla y portaban una linterna o un bastón para señalar su presencia. Esta falta de un identificador distintivo provocó una confusión generalizada entre el público, que no podía distinguir fácilmente entre las fuerzas del orden oficiales y la seguridad privada, o incluso entre delincuentes que se hacían pasar por autoridades. También generó una falta de rendición de cuentas, ya que los vigilantes podían actuar sin temor a ser identificados ni responsabilizados por sus actos. La necesidad de una fuerza policial estructurada y profesional – y con ella, una placa estandarizada – se hizo cada vez más urgente a medida que la urbanización se aceleraba en el siglo XIX. Las ciudades de Europa y Norteamérica crecieron rápidamente, impulsadas por la industrialización, y con este crecimiento vinieron el aumento de las tasas de delincuencia, el malestar social y la necesidad de un enfoque más organizado para la seguridad pública. En 1829, Sir Robert Peel fundó la Policía Metropolitana de Londres, a menudo considerada como el primer departamento de policía moderno. Los «bobbies» de Peel (llamados así en su honor) llevaban un uniforme sencillo y una pequeña insignia de latón. insignia Llevaba en el cuello un diseño circular con el escudo real, que simbolizaba su conexión con el estado británico. Esta insignia no era solo un identificador; era una declaración de legitimidad, indicando que estos oficiales formaban parte de una fuerza formal, autorizada por el gobierno, dedicada al servicio del bien público. A principios del siglo XIX, ciudades de toda Europa y Norteamérica siguieron el ejemplo de Londres, estableciendo departamentos de policía estructurados y adoptando insignias distintivas. Las primeras insignias oficiales de policía en Estados Unidos, por ejemplo, surgieron en Boston en 1838, cuando el recién formado departamento de policía de la ciudad otorgó a los agentes pequeñas insignias plateadas grabadas con la palabra «POLICE» y su número de identificación. Estas primeras insignias solían ser sencillas: placas metálicas grabadas que se usaban en los uniformes y que llevaban el nombre del departamento, un escudo de armas o una figura simbólica (como un águila, un león o la balanza de la justicia). Solían estar hechas de latón, cobre o plata, materiales duraderos y fáciles de grabar, y estaban diseñadas para ser visibles, pero no excesivamente ostentosas. Estas primeras insignias tenían un propósito práctico: informar al público quién estaba autorizado para hacer cumplir la ley. Pero también comenzaron a adquirir un significado simbólico, reflejando los valores y la identidad de los departamentos que representaban. Con el tiempo, evolucionaron para incorporar detalles más complejos, como símbolos regionales, motivos históricos o lemas departamentales. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, las primeras insignias de policía presentaban el escudo de la ciudad, mientras que, en Filadelfia, las insignias incluían imágenes de la Campana de la Libertad, vinculando a la fuerza policial con el legado revolucionario de la ciudad. Un ejemplo notable es la evolución de las placas policiales en Estados Unidos, donde a principios del siglo XX solían incluir símbolos regionales (como sellos estatales, monumentos locales o fauna silvestre) para crear un sentido de conexión con la comunidad. En el Oeste americano, por ejemplo, las placas solían incluir imágenes de ganado, caballos o cordilleras, lo que reflejaba la herencia fronteriza de la región. En el sur, las placas a veces incorporaban símbolos de la era confederada (aunque muchos de estos fueron reemplazados posteriormente para adaptarse a los valores culturales cambiantes). En Europa, las placas solían integrar emblemas nacionales o motivos históricos, vinculando a las fuerzas del orden con el patrimonio del país. En Francia, por ejemplo, las placas policiales solían incluir el gallo galo, símbolo nacional de valentía y resiliencia, mientras que en Alemania incorporaban el águila, símbolo de fuerza y unidad. A medida que las fuerzas policiales se profesionalizaron a finales del siglo XIX y principios del XX, las placas también comenzaron a incluir números de identificación únicos, lo que garantizaba que cada agente rindiera cuentas por sus acciones. Este fue un paso crucial para generar confianza pública, ya que permitía a los miembros de la comunidad identificar a cada agente y denunciar faltas de conducta o elogiar su servicio. A mediados del siglo XX, la mayoría de los departamentos de policía habían estandarizado el diseño de sus placas, creando una identidad visual uniforme que contribuía a reforzar su autoridad y legitimidad. Para el público en general, la placa policial es una señal visual de confianza: un símbolo de que quien la porta ha recibido una formación rigurosa, ha jurado cumplir la ley y es responsable ante la comunidad. En tiempos de crisis, ver una placa policial puede brindar consuelo, ya que representa la presencia de alguien dedicado a restablecer el orden y mantener la seguridad de las personas. Ya sea respondiendo a un delito violento, un accidente de tráfico o un desastre natural, los agentes que portan sus placas indican al público que la ayuda ha llegado y que están en buenas manos. En conclusión, la placa de policía es mucho más que una simple pieza de metal: es un símbolo de esperanza, deber y el contrato tácito entre las fuerzas del orden y la comunidad. Desde sus orígenes, una simple placa de latón usada por los policías londinenses del siglo XIX, hasta sus versiones modernas y tecnológicamente avanzadas, la placa ha sido un recordatorio constante de los valores que definen a las fuerzas del orden: integridad, valentía y servicio.