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THE FLY (1958): Algunos experimentos pueden ser muy peligrosos

THE FLYThe Fly (La mosca) es una película de ciencia ficción y terror estadounidense de 1958, dirigida por Kurt Neumann, protagonizada por David Hedison, Patricia Owens y Vincent Price. El guion estuvo a cargo de James Clavell, quien se basó en una historia corta de George Langelaan. Sucede que un científico Andre Delambre (David Hedison) es encontrado muerto, con su cabeza y brazo aplastados por una prensa hidráulica. Aunque su esposa Helene (Patricia Owens) confiesa haber cometido el crimen, se niega a decir los motivos que la llevaron a hacerlo, y presenta una extraña obsesión con las moscas, particularmente con una de cabeza blanca. El hermano de Andre, Francois (Vincent Price), miente y le dice que atrapó a la mosca, ante lo cual Helene narra las circunstancias que rodean la muerte de su marido. En el laboratorio, Andre estaba trabajando en una máquina que teletransporta materia, la cual funciona desintegrando un objeto y transportando sus átomos a la velocidad de la luz hasta una cámara receptora. Al comienzo experimenta con objetos inanimados, pero luego utiliza seres vivos, como el gato de la casa y un conejillo de Indias. Helene, que está preocupada del hermetismo de su marido, bajo al laboratorio para ver cómo estaba. Sin embargo, lo encuentra con la cabeza cubierta por una tela negra y con una de sus manos deformes. Andre, quien solo se puede comunicar a través de notas escritas, le explica a Helene que al intentar teletransportarse a sí mismo, una mosca entró al desintegrador junto a él, lo cual provocó que sus átomos se mezclaran. Es por eso que deben encontrar la mosca para ponerlos nuevamente en la máquina y volver a su estado original. Tras varios intentos fallidos por atrapar la mosca, este escapa al jardín. Helene le cuenta a Andre lo ocurrido y su marido le entrega una nota en la cual le explica que debe destruir todas las evidencias del experimento, incluso a él mismo, debido a lo peligroso del asunto. Helene se rehúsa a hacerlo y le propone a Andre intentar nuevamente teletransportarse, sin la mosca, para ver si vuelve a la normalidad. Sin embargo, no funciona, y Helene ve finalmente la cara de su marido, la cual se asemejaba a la de una mosca gigante. Al ver esto, la mujer se desmaya, mientras Andre comienza a destruir el laboratorio y quema sus apuntes. Temiendo que la mente de la mosca controle completamente su cerebro, Andre convence a su esposa de acabar con su vida utilizando una prensa hidráulica. Al llegar a la fábrica, el científico configura la máquina y le pide a Helene que presione el botón que bajará la prensa.Tras escuchar la historia, Charas (Herbert Marshall), el inspector encargado del caso, declara a Helene demente y decide culparla por el asesinato de Andre. Mientras los enfermeros llegan a la casa para llevarse a la mujer, Phillipe, hijo de Andre, le dice a Francois que vio a la mosca de cabeza blanca atrapada en una telaraña en el jardín. Francois convence al inspector de ir al jardín, y encuentran a la mosca, que tiene la cabeza y unos de los brazos de Andre, a punto de ser comida por una araña. Antes de que eso suceda, el inspector aplasta la telaraña con una piedra. Convencido de la veracidad de la historia, y dudando que otras personas lo fueran a creer, el inspector decide mentir sobre los hechos del caso, dejando así en libertad a Helene bajo el argumento que Andre se suicidó y que su mujer, chocada por ello, solo perdió temporalmente el juicio por ello. Desde entonces Francois cuida de Helene y de su hijo, que quiere ser como su padre. La película obtuvo una buena respuesta por parte de la crítica cinematográfica. Howard Thompson de The New York Times (que la incluyó entre las 1.000 mejores películas de la historia) se refirió a ella como “una película, ordenada e incluso sin pretensiones, que aumenta la tensión casi a través de la simple sugerencia”. La revista Variety, por su parte, destacó el suspenso y “credibilidad inusual” de la cinta. En 1959 se estrenó una secuela, con el título Return of the Fly y en 1986 se hizo un remake con el titulo original, dirigido por David Cronenberg y protagonizado por Jeff Goldblum y Geena Davis.

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PLAN 9 FROM OUTER SPACE: Un desastre en todo sentido (1956)

PLAN 9 FROM OUTER SPACEConsiderada por los críticos como una de las peores películas jamás filmadas, Plan 9 from Outer Space (Plan 9 del espacio exterior) fue una cinta de ciencia ficción dirigida por el director Edward D. Wood Jr. con un presupuesto limitado de 60.000 dólares. A pesar de haber sido un absoluto fracaso de crítica y taquilla al momento de su estreno, hoy es considerada por algunos como “una película de culto” dentro de los géneros de la ciencia-ficción y el horror, aunque hay quienes no comparten esa opinión. Para el rodaje de esta película Ed Wood volvió a contar con el elenco de intérpretes habitual en cada uno de sus trabajos, tales como el luchador sueco Tor Johnson, Mona McKinnon, Paul Marco y John Breckinridge. Durante la cinta se pueden ver momentos en los que aparece el famoso actor húngaro (aunque por aquella época ya en el olvido) Béla Lugosi, gran amigo del director, que murió antes del rodaje de la película. Como homenaje al actor, Ed Wood decidió incorporar en la película escenas grabadas en los últimos meses de vida de Lugosi en casa de Tor Johnson donde se le puede ver recogiendo flores, así como en una serie de escenas en el cementerio, acercándose a la cámara para extender melodramáticamente su capa de Drácula. Pese a que estas escenas no tenían nada que ver con el argumento de la película, Ed Wood las incluyó igual a modo de homenaje. Para sustituir a Lugosi en el resto de las escenas, Ed Wood contrató a Thomas R. Mason, el quiropráctico de su esposa. Y para evitar que el público se diera cuenta de que no era Lugosi, Mason debía taparse el rostro con su capa. Fue el primer film del llamado subgénero Z (un derivado del cine B, caracterizado por presupuestos miserables y guiones irrisorios). Según Wood, ‘Plan 9 from Outer Space’ iba a ser un film épico, cuyo argumento utilizaría elementos de la ciencia ficción como la existencia de civilizaciones extraterrestres y el miedo atómico, dos temas muy populares en la época. Todo ello combinado con el horror gótico, un género del cine que había experimentado gran popularidad en las décadas del 30’ y 40’, pero que en ese momento se encontraba en total declive. Según el disparatado argumento de la película, unos extraterrestres ponen en marcha ‘el Plan 9’ para convertir a los cadáveres en zombis asesinos. La razón es que los humanos ponen en peligro el equilibrio de la galaxia con sus invenciones bélicas, concretamente con la bomba atómica y la “solaronita”, un explosivo todavía no inventado capaz de destruir el sol y el resto de la galaxia. La cinta, mostraba a una joven pareja que se iba a vivir cerca de un cementerio, donde era testigo de extraños sucesos, producidos por la raza alienígena que pretendía invadir la tierra y, con tal propósito, comenzaba resucitando a los muertos para formar con ellos un ejército, mientras la policía de Los Ángeles intentaba investigar todo lo que estaba ocurriendo. La película se rodaría íntegramente entre el 11 de agosto y el 5 de septiembre de 1956, en los Quality Studios en Hollywood, Los Ángeles, California, mientras que algunos de los planos de exteriores se filmaron en San Fernando, California. Y como ya casi no había presupuesto para los efectos especiales, Ed Wood debió ingeniárselas con lo que había. Por ello, en la icónica escena de los platillos voladores sobrevolando la ciudad de Los Ángeles, Wood utilizó unos kits de platillos de juguetes colgados de unos hilos, que no fueron disimulados y que todavía pueden verse en la edición final de la cinta. La escasez de medios se palpaba en varios fotogramas de la cinta, como puede verse en la cabina de la nave espacial, que estaba hecha de cartulina, mientras que las cruces y lápidas del cementerio eran de papel cartón. Ed Wood llegó a utilizar una cortina de baño, que aparece como la “puerta” de la cabina de los pilotos de un avión y de la nave de los extraterrestres y como tela para envolver una bomba. En la escena de la estación espacial, en tanto, pueden apreciarse un gran número de aparatos electrónicos baratos, entre los que destaca una señal luminosa que había sido robada de una obra el día anterior de la filmación. En la edición final, Wood utilizaría incluso filmaciones de otras películas, como el mapa de los EE.UU. del Pentagóno, que fue sacado de la película “Bagdag after midnight” (1954), mientras que la escena en que los militares disparan contra los platillos voladores fue sacada de los archivos del ejército americano. Estrenada en el teatro Carlton de Los Ángeles el 15 de marzo de 1957 bajo el nombre de “Grave Diggers from Outer Space” (“Los excavadores de tumbas del espacio exterior”), resulto ser un absoluto fracaso. Dos años después, en 1959, la Corporación de Distribuidores de América (D.C.A), recuperó la película bajo el nombre de “Plan 9 from Outer Space” y la proyectó en numerosos cines de lis EE.UU. como parte de programas dobles. Destrozada por la crítica, casi nadie acudía a verla y los productores jamás recuperaron su inversión. Posteriormente vendida a la televisión, se exhibió sin pena ni gloria hasta 1980, cuando luego de ser catalogada por el libro “The Golden Turkey awards” como la peor película de la historia, adquirió alguna notoriedad y despertó la curiosidad del público por ver semejante esperpento fílmico. Ed Wood, moriría en 1978, enfermo, alcoholizado y arruinado por completo, aunque siempre manifestó que esta cinta era motivo para él “de orgullo y alegría”. Mejor lo dejamos ahí ¿vale?

THEM!: La Humanidad en peligro (1954)

THEM!Como sabéis, hay películas que quedan en el subconsciente cuando se ven. Es el caso de la película que nos ocupa, filmada en 1954, dirigida por Gordon Douglas y protagonizada por James Whitmore y Edmund Gwenn, con Warner Bros detrás de la producción, cuenta las consecuencias inesperadas de unas pruebas atómicas realizadas por el Ejército en un desierto del suroeste de los Estados Unidos. Como resultado de las radiaciones, las hormigas sufren una mutación que las hace crecer hasta alcanzar gigantescas dimensiones, convirtiéndose en una importante amenaza para las ciudades más cercanas, por lo que un grupo de científicos y militares intentará impedir el desastre. Cualquier devorador de cine, que la haya visto guardará en su cerebro imágenes de la misma aunque no recuerde su título. Pese al recelo de los estudios Warner, que recortaron el presupuesto por miedo a que no funcionase en taquilla -craso error-, la película es prácticamente impecable y sus fallos, de los que no carece, no hacen sino agrandar el conjunto. Así, se pueden encontrar fallos menores: el equipo visible en algunas escenas y fallos del script o de continuidad. El guión es bastante sólido. Incluso cuando parece que vas a pillarles en una tontería la aclaran a los dos segundos dejándote con un palmo de narices. Pese a eso, se encuentran varias cosas dignas de ser discutidas. 1.- El azúcar. Que las hormigas gigantes se hayan vuelto carnívoras por la falta de su alimento habitual pase, pero que sigan buscando azúcar una vez cambian de hábitos no deja de ser absurdo, más aún en la primera secuencia en la que aparece un ataque, con los azucarillos desparramados por la encima de la caravana. Que unas hormigas gigantes “roben” 40 toneladas de azúcar de un vagón de tren, bueno, es una cantidad propia de su tamaño, pero ¿azucarillos? ¿Se estarían tomando un café en ese momento y no necesitaban más? 2.- El tiempo. No se relata muy bien cómo transcurre el tiempo entre que se crea el primer hormiguero, se encuentra y se destruye, pero la mayor confusión se produce con el hormiguero de Los Ángeles. Se supone que hace dos meses que han descubierto el hormiguero de New Méjico y cuando van a ver a Jensen al hospital, éste les dice que lleva unos 5 meses viendo a las hormigas saliendo de los sumideros. Si cuando destruyen la colonia de New Méjico las nuevas reinas acaban de marcharse, ¿dónde quedan los 3 meses restantes? 3.- Las huellas. El descubrimiento de una huella en la arena, en mitad de un desierto en el que el viento se mueve más que los precios, es del todo sospechoso. Si se asume que se puede encontrar una huella, ¿por qué no se encuentra el resto de ellas? ¡Oiga, que tienen seis patas, que tiene que haber huellas para dar y regalar! ¿Por qué el viento borra todas menos una? ¿Iba la hormiga saltando sobre una sola pata de aquí para allá? ¿Algún capullo gigante le fue quitando patas para ver si seguía andando sólo con una? Y si esto es un poco extraño, lo de hacer un molde de escayola con una huella en la arena…vamos. 4.- El asalto a la colonia de New Méjico. El Dr. Harold Medford explica que las hormigas construyen sus hormigueros con cavidades o desagües para evitar las inundaciones; sin embargo, lo primero que propone ee inundar el hormiguero. Afortunadamente no hay agua suficiente para hacerlo. Y llegamos al aspecto visual de la película, que es donde se peca de una inocencia sin igual probablemente motivada por los recortes de presupuesto de la Warner. Las hormigas gigantes parecen haber sido diseñadas, en parte, por Jim Henson. De hecho los pelos de las hormigas son más peluche que otra cosa. Pero hay algo que chirría más que eso: la rapidez de los insectos. Teniendo en cuenta que las hormigas son bastante rápidas para su tamaño, ver cómo se están más quietas que un pedrusco en mitad de un monte es un poco aberrante. A pesar de estas objeciones que se le pueden hacer, ‘Them! La Humanidad en peligro’ es un clásico del mundo post apocalíptico que nos relata los miedos ocasionados por la llegada de la era nuclear y las consecuencias que ello acarrearía a nuestro planeta. Se trata de película sencilla, sin grandes pretensiones, pero muy bien estructurada, dirigida e interpretada, que de haber contado con un presupuesto mejor, en contra a la opinión de la Warner -que acabó ganando 2.200.000 dólares- y que a pesar de sus limitaciones, estuvo nominado al Oscar a los Mejores efectos especiales en 1954, podría haberse convertido en una de las mejores películas de ciencia ficción de la Historia.

MY BLOODY VALENTINE (1981): Caras vemos, corazones no sabemos

MY BLOODY VALENTINEDurante el día de San Valentin de 1961, se produce un accidente en una mina de Canadá, dejando varios muertos. Sin embargo, sólo uno de ellos sobrevivió, Harry Warden, según relata una leyenda local. 20 años después, el alcalde decide volver a celebrarlo el 14 de febrero, que no se había repetido desde aquel trágico suceso. Al dar a conocer la noticia, algunos habitantes comienzan a recibir unos extraños paquetes que contenían corazones humanos. Ese es el argumento de la cinta canadiense My Bloddy Valentine (Sangriento San Valentin) realizado en 1981 y que participa del ya hoy famoso recurso de ambientar las matanzas del asesino en una festividad específica (en este caso el Día de San Valentín) y su desarrollo es bastante arquetípico, si bien con algunas ligeras diferencias. La película, para empezar, desecha el acostumbrado rollo adolescente para incluir un elenco de jóvenes adultos pueblerinos en un ambiente bastante logrado. Los integrantes del elenco realmente se sienten como gente de pueblo, y para variar la película está dotada de un argumento interesante y no es simplemente una concatenación de escenas violentas entrelazadas con diálogos. Realmente hay una historia detrás de lo que ocurre y es algo que se agradece. Al igual que en la mayoría de estas películas, casi todas las muertes ocurren en una misma noche, cuando el silente asesino vestido de minero y con pica al hombro se dedica a despachar a todos aquellos que cometen el error de celebrar el día de los enamorados. Los personajes (cosa rara en este tipo de producciones) son agradables y tienen un carisma más allá de servir de mero pasto para las apetencias sangrientas del público. El clímax transcurrido en la mina está muy bien realizado, y es de hecho una de las mejores secuencias de la película al mantenerse dentro de los límites de lo verosímil: aquí los personajes no se enfrentan al asesino más que lo estrictamente necesario para poder huir. La revelación final, si bien un tanto predecible y tirada de los pelos, es al menos lo suficientemente discreta para no chirriar demasiado, y la película incluso se permite el lujo de dejar abierta la posibilidad de una continuación que por supuesto nunca llegó. Su principal inconveniente sin embargo, tiene que ver con un problema común en la mayoría de estas películas producidas durante dicha década, y es que el sistema de censura realizó severos cortes a la cinta omitiendo la mayoría de las escenas de violencia que mostraban, entre otras cosas, el sobresaliente trabajo del creador de efectos especiales Tom Hoerber, sin los cuales la película pierde gran parte de su fuerza. De haber lanzado la película tal como se había realizado, hubiese tenido un impacto mucho mayor y sería recordada hoy en día como un clásico entre las cintas de terror de aquella década. Sin embargo, un remake en 3-D producido en el 2009 trajo la feliz consecuencia de que Lionsgate adquiriera los derechos de la cinta original y sacara una edición “Unrated” en la que recupera todas las grandes escenas gore que originalmente tuvieron que ser eliminadas para su lanzamiento. Esta edición, en el caso de que podáis haceros con ella, es absolutamente recomendable y eleva My Bloody Valentine a la categoría de uno de los pocos slashers ochenteros fuera de las sagas más populares (es decir, aquellas con máscara de hockey o guante de cuchillas) que realmente valen la pena.

A CHRISTMAS CAROL: Un cuento de Navidad

A Christmas CarolEbenezer Scrooge es un tipo avaro acostumbrado a tratar mal a las personas que le rodean, incluido su fiel secretario. Su mezquindad le impide disfrutar de la Navidad, una fiesta que odia profundamente, pero este año todo va a ser diferente. Scrooge se encuentra con Marley, su difunto socio, quien, además de echarle en cara su maldad, le anuncia la visita de tres espíritus. Los fantasmas de las Navidades Pasadas, Presentes y Futuras intentarán abrir los ojos a Scrooge antes de que sea muy tarde … es la sinopsis de “Cuento de Navidad”, sin duda, una de las historias de fantasmas más famosas de la literatura universal y uno de los grandes clásicos de Charles Dickens. Son muchas las adaptaciones que se han hecho de este texto del siglo XIX, pero en 2009 llega a las pantallas la más novedosa de manos de la factoría Walt Disney. En “Cuento de Navidad (A Christmas carol)”, el realizador Robert Zemeckis da un paso más en la tecnología que hizo posible sus “Polar Express” y “Beowulf”, capturando el movimiento de actores reales y convirtiéndolo en imágenes animadas tridimensionales de gran realismo. Es el revolucionario RealD 3D. Bajo la apariencia de personajes animados, encontramos a un Jim Carrey irreconocible por las ilimitadas posibilidades de la era digital. Él da vida al viejo egoísta Scrooge, pero también al fantasma de las Navidades Pasadas (un ser luminoso que enseña al protagonista recuerdos de su juventud), al fantasma de las Navidades Presentes (un divertido gigante que le sitúa ante su forma de ser actual) y al fantasma de las Navidades Futuras (un monstruo siniestro que le advierte sobre lo que puede pasar). Además de Carrey, distinguimos a Gary Oldman, Colin Firth y Robin Wright Penn. Haciendo una critica del film, “Cuento de Navidad” está a medio camino entre “Polar Express” y “Beowulf”; mucho más lúdica y rítmica que aquella, pero lejos del ejemplar hálito aventurero de la segunda, una película extraordinaria independientemente de la tosquedad inherente a las limitaciones del cine de avatares. Zemeckis da un paso más, sus personajes son un poco más humanos, la expresividad facial mejora (especialmente la muy mejorable animación de las bocas), pero seguimos sin compartir el entusiasmo por esa filosofía del cuento a caballo entre un mundo real de carne y hueso y la pantalla interactiva de un videojuego. El director de “Regreso al futuro” es un adelantado a su tiempo; sus ambiciosas pretensiones simplemente no tienen eco en el estándar real tecnológico del cine animado. Para que una película como “Cuento de Navidad” funcione sin fisuras en lo formal probablemente debería haberse filmado dentro de una década, año arriba año abajo. Lo cierto, sin embargo, es que hay película debajo del disfraz ultratecnológico; Zemeckis no acaba de decidir a qué público quiere dirigirse. La fascinante ingenuidad cristiana y primitiva de la deliciosa fábula de Dickens es carnaza de público infantil, por el color de su moraleja, por la limpieza ética del ejemplar subtexto. Sin embargo “Cuento de Navidad” muda frecuentemente de rostro virando hacia lo macabro, hacia el escalofrío de ultratumba, hacia la escasa hospitalidad de un más allá sórdido y adulto. No hay sitio para los más pequeños, el cuento luce demasiado siniestro como para dar coba al público más bajito. En esa incómoda tierra de nadie, Zemeckis rescata toda la fuerza moral e iniciática de la legendaria parábola natalicia. Visualmente es un espectáculo gigantesco; la puesta en escena apabullante (Zemeckis explota mejor que nadie las bondades del 3D y las posibilidades formales que éste ofrece) y exhala efluvios dickensianos por los cuatro costados; la incalculable capacidad sugestiva del cuento está casi intacta y la visualización onírica del mundo pasado, presente y futuro de Scrooge es un regalo impagable para la vista. Ahora bien, nuevamente, como en “Polar Express” el relato tropieza en la incontenible tendencia al exceso acrobático de su ambicioso director. Sobra efectos tobogán y, sobre todo, sobran, desvaríos histriónicos en la caracterización chillona del anciano Scrooge. Hay mucho de Jim Carrey, en el mal sentido, en la incontinencia gestual del viejo y en el exceso de entusiasmo de un desenlace que reinterpreta la reinserción moral de Scrooge en el ámbito de la enajenación mental, como si todo el vía crucis por las navidades pasadas, presentes y futuras fueran fruto de un desvarío senil que desemboca en la felicidad ficticia del lunático. Una de cal y otra de arena para una película que, no obstante, recupera con un fenomenal alarde de medios, el sabor genuino del mito natalicio, reivindicando a Dickens y la magia inherente a su impagable atemporal literatura.

INVASION OF THE BODY SNATCHERS: La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)

Invasion of the Body SnatchersLa década de los cincuenta, fue generosa para los géneros de ciencia ficción y de serie B. Y uno de los directores que aprovechó esta tendencia, aunque no se le recuerde especialmente por ello, fue Don Siegel. En plena Guerra Fría, era fácil que los argumentos de las películas trataran de invasiones extraterrestres, o grandes amenazas para la sociedad actual. Y, sin duda, una de ellas es ‘Invasión Of The Body Snatchers’ (La invasión de los ladrones de cuerpos) filmada en 1956. Basada en una novela de Jack Finney, la película narra las aventuras de Miles Benell (Kevin McCarthy), un médico que empieza a escuchar comentarios sobre gente que, a pesar de tener la misma apariencia y recuerdos que antes, no parecen los mismos y no muestran ningún sentimiento. Estos rumores comienzan a crecer y es entonces cuando el doctor descubre unas misteriosas vainas en las que crecen réplicas de personas a las que sustituyen una vez desarrolladas. Los méritos de esta película, en cambio, no son acrecentar un sentimiento anticomunista, como muchos dijeron en su época. Ni siquiera Siegel aceptó estas interpretaciones cuando se lo sugirieron. Lo que sí es destacable de ‘Invasión Of The Body Snatchers’ es la historia, bastante original en cuanto a invasiones extraterrestres se refiere, y la creciente tensión que va arrollando al espectador hasta el final de la película. Seguramente, muchos paranoicos se vieron influidos por esta trama, no respecto a alienígenas, sino en cuanto a comportamientos extraños en gente cercana. Convertida en un clásico de la ciencia ficción y la serie B, actualmente ha alcanzado el estatus de película de culto, y han sido varias las versiones posteriores que se han realizado. Verla hoy en día es adentrarnos en un mundo utópico del conservadurismo de la década de los cincuenta, representado por Santa Mira, sus ciudadanos y por su protagonista, el Doctor Bennell. Un mundo donde la amenaza del ciudadano americano se representa en el film a través de unos seres sin sentimientos que quieren imponer a todo ser humano una forma de vida marcada por la falta de individualismos. No existe un consenso sobre el significado de estos seres; ni entre los espectadores del film, ni entre aquellos teóricos que han derramado ríos de tinta sobre la obra de Siegel. Ya sean estos seres una crítica a las políticas impuestas por los Criminales de Guerra Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower o, como afirma el historiador de cine Peter Biskind, una película de derechas, lo que no se puede negar es la intencionalidad del film de mostrarnos algunos peligros que como humanos estamos expuestos, como el individualismo, la conformidad, la deshumanización y (permitidme utilizar un término desfasado) la alienación, una teoría que defendió desde un principio el propio director del film. Posiblemente es por ello que ‘Invasión Of The Body Snatchers’ siguió teniendo sentido en los remakes realizados en 1973, 1993 y en el 2007. Y posiblemente por este motivo, en plena era digital y en pleno siglo XXI, se pueden extraer nuevas lecturas de un film que se estreno hace más de cincuenta años.

FORBIDDEN PLANET: Planeta prohibido

FORBIDDEN PLANETDirigido por Fred McLeod Wilcox en 1956, se trata de una de las muestras más representativas de la ciencia-ficción de los años cincuenta, etapa cinematográfica obsesionada por el comunismo, las mutaciones y los platillos volantes. Una película que influyó en escritores como Gene Roddenberry y cineastas como George Lucas, además de adaptar, libremente, ‘La tempestad’ de William Shakespeare. Los personajes de Próspero y Miranda en dicha obra adoptan los de Morbius y Altaira en esta fascinante película que además gozó de ser el primer film de ciencia-ficción de gran presupuesto dentro del cine estadounidense. Su bien McLeod Wilcox había alcanzado el éxito con un par de películas protagonizadas por un maravilloso perro llamado Lassie, ‘Planeta prohibido’ se aleja totalmente de ese cine familiar aunque posee ciertos elementos del mismo, como la presencia de Robby, el robot, que alcanzaría una fama inesperada, protagonizando posteriormente un spin off – ‘The Invisible Boy’ (id, Herman Hoffman, 1957) – y apareciendo en varias series de televisión a lo largo de los años. Aunque, con la distancia del tiempo, lo más llamativo para los cinéfilos de hoy día es el protagonismo de Leslie Nielsen en un papel serio. ‘Planeta prohibido’ narra cómo a finales del siglo XXI una nave – el típico platillo volante, aquí de un encanto inolvidable – procedente de la Tierra, aterriza en el lejano planeta Altair IV para ver qué ha ocurrido con la expedición Bellerophon enviada tiempo atrás. De la misma sólo quedan dos supervivientes, el científico Morbius -excelente composición del veterano Walter Pidgeon – y su hija Altaira, nacida allí, personaje a cargo de Anne Francis, cuyos modelos causaron auténtico furor en la época, siendo la primera actriz en aparecer en minifalda en la historia del cine, lo que también supuso un escándalo en aquellos años. La película se toma su tiempo en exponer, o descubrir, el auténtico meollo de la cuestión, de presentar totalmente sus cartas, algo que se convertiría en un modelo a seguir en futuras películas del género. En dicho tramo, en el que la presencia de Altaria será perturbadora para una tripulación de hombres que no han visto a una mujer durante un año –detalle que alcanza matices aún más perversos con el personaje de Pidgeon−, McLeod Wilcox define una inquietante atmósfera con un inusitado uso de los travellings, marcando un ritmo pausado, y un tiempo interno casi enfermizo gracias a unos encuadres muy concisos. La muy conseguida atmósfera además se ve enriquecida del uso de una banda sonora que, por primera vez, utilizaba sonidos electrónicos en su totalidad. Los mismos, compuestos por Bebe y Louis Barron, causan un desasosiego muy interesante, por cuanto parece ocultar en forma de “banda sonora” un peligro invisible, una amenaza latente pero que no se hará visible hasta el final. Por supuesto los decorados de Cedric Gibbons – director artístico en más de mil películas, once Oscars en su haber y un currículum con el que la palabra impresionante se queda corta – también ayudan lo suyo, a pesar de cierto toque kitsch. Estremece sobre todo el interior de la gran maquinaria construida por la antigua civilización Krell, desparecida ya del planeta, que junto a los poderosos contrapicados del director dan una muestra de la inmensidad del lugar enterrado bajo tierra. Una inmensidad que juega paralelamente a las casi eternas posibilidades de la tecnología desarrollada por los Krell, avanzada a la humana en unos cuantos miles de siglos, y que propone los detalles más interesantes del argumento, la creación de monstruos a partir del subconsciente. Un monstruo invisible, impecablemente filmado por Wilcox a través de huellas en el suelo o con el uso de la cámara subjetiva, y cuya visibilidad se produce a través de un campo de fuerza a cuya creación ayudó Walt Disney prestando algunos de sus efectos visuales. La presencia del citado monstruo más el hecho de que el ser humano no está preparado para ciertos avances, esto es, poder, confieren a ‘Planeta prohibido’ matices de tragedia shakesperiana nada disimulados debido a la base literaria que toma prestada; Walter Pidgeon y su personaje son la prueba física en un film que juega con el poder de la imaginación más de lo que se ve a primera vista, nunca mejor dicho. Robby el robot y los disparos de las armas ponen el punto simpático y entrañable a un film serio e inteligente al que su influencia no ha sido del todo aún bien considerada. La idea de un remake es simplemente temible. Gene Roddenberry ha reconocido públicamente que ‘Planeta prohibido’ fue su principal inspiración a la hora de crear la saga de Star Trek. También fue una de las principales referencias de la serie televisiva Perdidos en el espacio. Poco después de su estreno, apareció la versión novelizada de Forbidden Planet escrita por Philip MacDonald utilizando el seudónimo W. J. Stuart. Aunque inspirada en el guión del film, la novela se ganó con el tiempo su propio espacio entre las obras de culto del género por su particular forma de abordar el tema (a partir de los relatos personales de sus protagonistas) y una serie de detalles y alusiones mitológicas que no aparecen en el filme.

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