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MY BLOODY VALENTINE (1981): Caras vemos, corazones no sabemos

MY BLOODY VALENTINEDurante el día de San Valentin de 1961, se produce un accidente en una mina de Canadá, dejando varios muertos. Sin embargo, sólo uno de ellos sobrevivió, Harry Warden, según relata una leyenda local. 20 años después, el alcalde decide volver a celebrarlo el 14 de febrero, que no se había repetido desde aquel trágico suceso. Al dar a conocer la noticia, algunos habitantes comienzan a recibir unos extraños paquetes que contenían corazones humanos. Ese es el argumento de la cinta canadiense My Bloddy Valentine (Sangriento San Valentin) realizado en 1981 y que participa del ya hoy famoso recurso de ambientar las matanzas del asesino en una festividad específica (en este caso el Día de San Valentín) y su desarrollo es bastante arquetípico, si bien con algunas ligeras diferencias. La película, para empezar, desecha el acostumbrado rollo adolescente para incluir un elenco de jóvenes adultos pueblerinos en un ambiente bastante logrado. Los integrantes del elenco realmente se sienten como gente de pueblo, y para variar la película está dotada de un argumento interesante y no es simplemente una concatenación de escenas violentas entrelazadas con diálogos. Realmente hay una historia detrás de lo que ocurre y es algo que se agradece. Al igual que en la mayoría de estas películas, casi todas las muertes ocurren en una misma noche, cuando el silente asesino vestido de minero y con pica al hombro se dedica a despachar a todos aquellos que cometen el error de celebrar el día de los enamorados. Los personajes (cosa rara en este tipo de producciones) son agradables y tienen un carisma más allá de servir de mero pasto para las apetencias sangrientas del público. El clímax transcurrido en la mina está muy bien realizado, y es de hecho una de las mejores secuencias de la película al mantenerse dentro de los límites de lo verosímil: aquí los personajes no se enfrentan al asesino más que lo estrictamente necesario para poder huir. La revelación final, si bien un tanto predecible y tirada de los pelos, es al menos lo suficientemente discreta para no chirriar demasiado, y la película incluso se permite el lujo de dejar abierta la posibilidad de una continuación que por supuesto nunca llegó. Su principal inconveniente sin embargo, tiene que ver con un problema común en la mayoría de estas películas producidas durante dicha década, y es que el sistema de censura realizó severos cortes a la cinta omitiendo la mayoría de las escenas de violencia que mostraban, entre otras cosas, el sobresaliente trabajo del creador de efectos especiales Tom Hoerber, sin los cuales la película pierde gran parte de su fuerza. De haber lanzado la película tal como se había realizado, hubiese tenido un impacto mucho mayor y sería recordada hoy en día como un clásico entre las cintas de terror de aquella década. Sin embargo, un remake en 3-D producido en el 2009 trajo la feliz consecuencia de que Lionsgate adquiriera los derechos de la cinta original y sacara una edición “Unrated” en la que recupera todas las grandes escenas gore que originalmente tuvieron que ser eliminadas para su lanzamiento. Esta edición, en el caso de que podáis haceros con ella, es absolutamente recomendable y eleva My Bloody Valentine a la categoría de uno de los pocos slashers ochenteros fuera de las sagas más populares (es decir, aquellas con máscara de hockey o guante de cuchillas) que realmente valen la pena.

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A CHRISTMAS CAROL: Un cuento de Navidad

A Christmas CarolEbenezer Scrooge es un tipo avaro acostumbrado a tratar mal a las personas que le rodean, incluido su fiel secretario. Su mezquindad le impide disfrutar de la Navidad, una fiesta que odia profundamente, pero este año todo va a ser diferente. Scrooge se encuentra con Marley, su difunto socio, quien, además de echarle en cara su maldad, le anuncia la visita de tres espíritus. Los fantasmas de las Navidades Pasadas, Presentes y Futuras intentarán abrir los ojos a Scrooge antes de que sea muy tarde … es la sinopsis de “Cuento de Navidad”, sin duda, una de las historias de fantasmas más famosas de la literatura universal y uno de los grandes clásicos de Charles Dickens. Son muchas las adaptaciones que se han hecho de este texto del siglo XIX, pero en 2009 llega a las pantallas la más novedosa de manos de la factoría Walt Disney. En “Cuento de Navidad (A Christmas carol)”, el realizador Robert Zemeckis da un paso más en la tecnología que hizo posible sus “Polar Express” y “Beowulf”, capturando el movimiento de actores reales y convirtiéndolo en imágenes animadas tridimensionales de gran realismo. Es el revolucionario RealD 3D. Bajo la apariencia de personajes animados, encontramos a un Jim Carrey irreconocible por las ilimitadas posibilidades de la era digital. Él da vida al viejo egoísta Scrooge, pero también al fantasma de las Navidades Pasadas (un ser luminoso que enseña al protagonista recuerdos de su juventud), al fantasma de las Navidades Presentes (un divertido gigante que le sitúa ante su forma de ser actual) y al fantasma de las Navidades Futuras (un monstruo siniestro que le advierte sobre lo que puede pasar). Además de Carrey, distinguimos a Gary Oldman, Colin Firth y Robin Wright Penn. Haciendo una critica del film, “Cuento de Navidad” está a medio camino entre “Polar Express” y “Beowulf”; mucho más lúdica y rítmica que aquella, pero lejos del ejemplar hálito aventurero de la segunda, una película extraordinaria independientemente de la tosquedad inherente a las limitaciones del cine de avatares. Zemeckis da un paso más, sus personajes son un poco más humanos, la expresividad facial mejora (especialmente la muy mejorable animación de las bocas), pero seguimos sin compartir el entusiasmo por esa filosofía del cuento a caballo entre un mundo real de carne y hueso y la pantalla interactiva de un videojuego. El director de “Regreso al futuro” es un adelantado a su tiempo; sus ambiciosas pretensiones simplemente no tienen eco en el estándar real tecnológico del cine animado. Para que una película como “Cuento de Navidad” funcione sin fisuras en lo formal probablemente debería haberse filmado dentro de una década, año arriba año abajo. Lo cierto, sin embargo, es que hay película debajo del disfraz ultratecnológico; Zemeckis no acaba de decidir a qué público quiere dirigirse. La fascinante ingenuidad cristiana y primitiva de la deliciosa fábula de Dickens es carnaza de público infantil, por el color de su moraleja, por la limpieza ética del ejemplar subtexto. Sin embargo “Cuento de Navidad” muda frecuentemente de rostro virando hacia lo macabro, hacia el escalofrío de ultratumba, hacia la escasa hospitalidad de un más allá sórdido y adulto. No hay sitio para los más pequeños, el cuento luce demasiado siniestro como para dar coba al público más bajito. En esa incómoda tierra de nadie, Zemeckis rescata toda la fuerza moral e iniciática de la legendaria parábola natalicia. Visualmente es un espectáculo gigantesco; la puesta en escena apabullante (Zemeckis explota mejor que nadie las bondades del 3D y las posibilidades formales que éste ofrece) y exhala efluvios dickensianos por los cuatro costados; la incalculable capacidad sugestiva del cuento está casi intacta y la visualización onírica del mundo pasado, presente y futuro de Scrooge es un regalo impagable para la vista. Ahora bien, nuevamente, como en “Polar Express” el relato tropieza en la incontenible tendencia al exceso acrobático de su ambicioso director. Sobra efectos tobogán y, sobre todo, sobran, desvaríos histriónicos en la caracterización chillona del anciano Scrooge. Hay mucho de Jim Carrey, en el mal sentido, en la incontinencia gestual del viejo y en el exceso de entusiasmo de un desenlace que reinterpreta la reinserción moral de Scrooge en el ámbito de la enajenación mental, como si todo el vía crucis por las navidades pasadas, presentes y futuras fueran fruto de un desvarío senil que desemboca en la felicidad ficticia del lunático. Una de cal y otra de arena para una película que, no obstante, recupera con un fenomenal alarde de medios, el sabor genuino del mito natalicio, reivindicando a Dickens y la magia inherente a su impagable atemporal literatura.

INVASION OF THE BODY SNATCHERS: La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)

Invasion of the Body SnatchersLa década de los cincuenta, fue generosa para los géneros de ciencia ficción y de serie B. Y uno de los directores que aprovechó esta tendencia, aunque no se le recuerde especialmente por ello, fue Don Siegel. En plena Guerra Fría, era fácil que los argumentos de las películas trataran de invasiones extraterrestres, o grandes amenazas para la sociedad actual. Y, sin duda, una de ellas es ‘Invasión Of The Body Snatchers’ (La invasión de los ladrones de cuerpos) filmada en 1956. Basada en una novela de Jack Finney, la película narra las aventuras de Miles Benell (Kevin McCarthy), un médico que empieza a escuchar comentarios sobre gente que, a pesar de tener la misma apariencia y recuerdos que antes, no parecen los mismos y no muestran ningún sentimiento. Estos rumores comienzan a crecer y es entonces cuando el doctor descubre unas misteriosas vainas en las que crecen réplicas de personas a las que sustituyen una vez desarrolladas. Los méritos de esta película, en cambio, no son acrecentar un sentimiento anticomunista, como muchos dijeron en su época. Ni siquiera Siegel aceptó estas interpretaciones cuando se lo sugirieron. Lo que sí es destacable de ‘Invasión Of The Body Snatchers’ es la historia, bastante original en cuanto a invasiones extraterrestres se refiere, y la creciente tensión que va arrollando al espectador hasta el final de la película. Seguramente, muchos paranoicos se vieron influidos por esta trama, no respecto a alienígenas, sino en cuanto a comportamientos extraños en gente cercana. Convertida en un clásico de la ciencia ficción y la serie B, actualmente ha alcanzado el estatus de película de culto, y han sido varias las versiones posteriores que se han realizado. Verla hoy en día es adentrarnos en un mundo utópico del conservadurismo de la década de los cincuenta, representado por Santa Mira, sus ciudadanos y por su protagonista, el Doctor Bennell. Un mundo donde la amenaza del ciudadano americano se representa en el film a través de unos seres sin sentimientos que quieren imponer a todo ser humano una forma de vida marcada por la falta de individualismos. No existe un consenso sobre el significado de estos seres; ni entre los espectadores del film, ni entre aquellos teóricos que han derramado ríos de tinta sobre la obra de Siegel. Ya sean estos seres una crítica a las políticas impuestas por los Criminales de Guerra Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower o, como afirma el historiador de cine Peter Biskind, una película de derechas, lo que no se puede negar es la intencionalidad del film de mostrarnos algunos peligros que como humanos estamos expuestos, como el individualismo, la conformidad, la deshumanización y (permitidme utilizar un término desfasado) la alienación, una teoría que defendió desde un principio el propio director del film. Posiblemente es por ello que ‘Invasión Of The Body Snatchers’ siguió teniendo sentido en los remakes realizados en 1973, 1993 y en el 2007. Y posiblemente por este motivo, en plena era digital y en pleno siglo XXI, se pueden extraer nuevas lecturas de un film que se estreno hace más de cincuenta años.

FORBIDDEN PLANET: Planeta prohibido

FORBIDDEN PLANETDirigido por Fred McLeod Wilcox en 1956, se trata de una de las muestras más representativas de la ciencia-ficción de los años cincuenta, etapa cinematográfica obsesionada por el comunismo, las mutaciones y los platillos volantes. Una película que influyó en escritores como Gene Roddenberry y cineastas como George Lucas, además de adaptar, libremente, ‘La tempestad’ de William Shakespeare. Los personajes de Próspero y Miranda en dicha obra adoptan los de Morbius y Altaira en esta fascinante película que además gozó de ser el primer film de ciencia-ficción de gran presupuesto dentro del cine estadounidense. Su bien McLeod Wilcox había alcanzado el éxito con un par de películas protagonizadas por un maravilloso perro llamado Lassie, ‘Planeta prohibido’ se aleja totalmente de ese cine familiar aunque posee ciertos elementos del mismo, como la presencia de Robby, el robot, que alcanzaría una fama inesperada, protagonizando posteriormente un spin off – ‘The Invisible Boy’ (id, Herman Hoffman, 1957) – y apareciendo en varias series de televisión a lo largo de los años. Aunque, con la distancia del tiempo, lo más llamativo para los cinéfilos de hoy día es el protagonismo de Leslie Nielsen en un papel serio. ‘Planeta prohibido’ narra cómo a finales del siglo XXI una nave – el típico platillo volante, aquí de un encanto inolvidable – procedente de la Tierra, aterriza en el lejano planeta Altair IV para ver qué ha ocurrido con la expedición Bellerophon enviada tiempo atrás. De la misma sólo quedan dos supervivientes, el científico Morbius -excelente composición del veterano Walter Pidgeon – y su hija Altaira, nacida allí, personaje a cargo de Anne Francis, cuyos modelos causaron auténtico furor en la época, siendo la primera actriz en aparecer en minifalda en la historia del cine, lo que también supuso un escándalo en aquellos años. La película se toma su tiempo en exponer, o descubrir, el auténtico meollo de la cuestión, de presentar totalmente sus cartas, algo que se convertiría en un modelo a seguir en futuras películas del género. En dicho tramo, en el que la presencia de Altaria será perturbadora para una tripulación de hombres que no han visto a una mujer durante un año –detalle que alcanza matices aún más perversos con el personaje de Pidgeon−, McLeod Wilcox define una inquietante atmósfera con un inusitado uso de los travellings, marcando un ritmo pausado, y un tiempo interno casi enfermizo gracias a unos encuadres muy concisos. La muy conseguida atmósfera además se ve enriquecida del uso de una banda sonora que, por primera vez, utilizaba sonidos electrónicos en su totalidad. Los mismos, compuestos por Bebe y Louis Barron, causan un desasosiego muy interesante, por cuanto parece ocultar en forma de “banda sonora” un peligro invisible, una amenaza latente pero que no se hará visible hasta el final. Por supuesto los decorados de Cedric Gibbons – director artístico en más de mil películas, once Oscars en su haber y un currículum con el que la palabra impresionante se queda corta – también ayudan lo suyo, a pesar de cierto toque kitsch. Estremece sobre todo el interior de la gran maquinaria construida por la antigua civilización Krell, desparecida ya del planeta, que junto a los poderosos contrapicados del director dan una muestra de la inmensidad del lugar enterrado bajo tierra. Una inmensidad que juega paralelamente a las casi eternas posibilidades de la tecnología desarrollada por los Krell, avanzada a la humana en unos cuantos miles de siglos, y que propone los detalles más interesantes del argumento, la creación de monstruos a partir del subconsciente. Un monstruo invisible, impecablemente filmado por Wilcox a través de huellas en el suelo o con el uso de la cámara subjetiva, y cuya visibilidad se produce a través de un campo de fuerza a cuya creación ayudó Walt Disney prestando algunos de sus efectos visuales. La presencia del citado monstruo más el hecho de que el ser humano no está preparado para ciertos avances, esto es, poder, confieren a ‘Planeta prohibido’ matices de tragedia shakesperiana nada disimulados debido a la base literaria que toma prestada; Walter Pidgeon y su personaje son la prueba física en un film que juega con el poder de la imaginación más de lo que se ve a primera vista, nunca mejor dicho. Robby el robot y los disparos de las armas ponen el punto simpático y entrañable a un film serio e inteligente al que su influencia no ha sido del todo aún bien considerada. La idea de un remake es simplemente temible. Gene Roddenberry ha reconocido públicamente que ‘Planeta prohibido’ fue su principal inspiración a la hora de crear la saga de Star Trek. También fue una de las principales referencias de la serie televisiva Perdidos en el espacio. Poco después de su estreno, apareció la versión novelizada de Forbidden Planet escrita por Philip MacDonald utilizando el seudónimo W. J. Stuart. Aunque inspirada en el guión del film, la novela se ganó con el tiempo su propio espacio entre las obras de culto del género por su particular forma de abordar el tema (a partir de los relatos personales de sus protagonistas) y una serie de detalles y alusiones mitológicas que no aparecen en el filme.

THE DAY THE EARTH STOOD STILL: Ultimatum a la Tierra

The Day The Earth Stood StillLas películas de ciencia ficción de los 50 son todo un clásico. Como sabéis, este es un género que ha acompañado al cine prácticamente desde sus comienzos. Ya en la época del cine mudo hubo títulos significativos, pero, como sucedió también en la literatura, este creció exponencialmente en las décadas centrales del siglo pasado. Con el final de la II Guerra Mundial, los enormes avances científicos y tecnológicos propiciaron la inspiración necesaria para la creatividad y también para que la gente se interesara por las posibilidades, reales o no, que proporcionaban estos progresos. A su vez, en un mundo sumido en un ambiente tenso debido a la Guerra Fría, la ciencia ficción servía como perfecta metáfora a la hora de trasladar muchos de los asuntos sociales, políticos o filosóficos que estaban en liza durante aquellos años. En esta ocasión, nos vamos a centrar en una película que es todo un clásico en su género ‘The Day the Earth Stood Still’ (Ultimátum a la Tierra) filmada en 1951 y que trata sobre la llegada de una nave extraterrestre, con la intención de dar un mensaje a los gobernantes de nuestro planeta. Pero éstos hacen caso omiso, y el alienígena (Klaatu) se integra en la sociedad para comprender mejor nuestra manera de ser y de vivir. También – hay que reconocerlo – es una de esas películas víctimas del paso del tiempo, y aunque éste no le haya hecho demasiado daño, sí el suficiente para poder ver sus deficiencias. Su mensaje es lo más desfasado de todo. La energía atómica era algo a descubrir y experimentar en los años 50, y la posibilidad de que otros planetas se pudiesen ver afectados por ella, suena hoy tan ridícula que no puede pasarse por alto. Al mismo tiempo, la advertencia final de Klaatu puede tomarse como una amenaza de peligrosa ideología. Que el planeta entero pague por lo que unos pocos deciden hacer con la energía, es algo que se asemeja más a un “o estás conmigo o estás contra mí”. Pero cuando se filmó esta película eran tiempos de la Guerra Fría y la paranoia de los americanos por pensar que tenían un enemigo en todos lados, está latente en films como éste. Darle la vuelta, y ponerse como víctimas es incluso pretencioso. Podríamos hablar también de la economía de medios, sobre todo en lo que respecta al robot que acompaña a Klaatu. Evidentemente, hay que ver la película en su contexto histórico, y en 1951 no se realizaban buenos efectos especiales, campo en el que se ha evolucionado de forma asombrosa. Aún así, el número de películas antiguas que han sobrellevado muy bien el paso del tiempo, es bastante elevado, fijándonos sólo en los efectos visuales. El encanto es su mayor baza, y el film, en este aspecto, lo conserva en parte. Ver al imponente robot totalmente quieto llega a impresionar, pero cuando echa a andar, sólo falta que le veamos la cremallera al traje. Curiosa sensación, realmente desconcertante. Afortunadamente, detrás de la cámara tenemos a alguien tan solvente como Robert Wise. El director de musicales tan famosos como ‘West Side Story’ o ‘Sonrisas y lágrimas’ fue uno de esos realizadores todoterreno, que lo mismo filmaba un drama pugilístico (‘Marcado por el odio’), como una cinta de cine negro (‘Born to Kill’), terror (‘The Haunting’), se iba al espacio (‘Star Trek’), western (‘Sangre en la Luna’), thriller (‘Odd Against Tomorrow’) etc. Su sobria puesta en escena, y un dominio del suspense envidiable, apoyado por un excelente montaje, consiguen empalidecer en buena parte sus posibles fallos. Wise maneja cada momento de su película como si se tratase del más importante. Tras el acercamiento de la nave (en la que la impactante aparición del robot se consigue desviando la atención del público de forma prodigiosa), nos introduce el director en una habitación donde se nos suelta una información que será el eje alrededor del que gire todo lo narrado a continuación, no sabiendo jamás qué va a ocurrir. Las escenas en las que Klaatu se mezcla con los humanos es un perfecto puente para el clímax final, lleno de tensión. Y cómo no, todo en 89 minutos. Patricia Neal, Sam Jaffe, Hugh Marlowe y Billy Gray secundan muy bien al verdadero alma de la película: Michael Rennie, un acierto de casting al tratarse de un actor desconocido para el gran público, quien soporta todo el peso del film. Su interpretación abarca desde la impavidez con la que su personaje trata a altas autoridades, hasta lo sorpresivo y afectuoso que resulta con un niño. Y siempre con una serenidad asombrosa, rayando con la inexpresividad, pero sin caer jamás en ella. ‘The Day the Earth Stood Still’ es una estupenda película de Sci-Fi, un entretenimiento en toda regla, que se permite ser también un alegato antimilitarista (uno de los aspectos que sedujeron a Robert Wise para dirigirla), que termina un poco dañado por el mensaje antes citado. El resto es con justicia recordado. Como no podía ser de otra manera, en el 2008 se hizo un remake actualizando un poco la historia pero, excepto por las lógicas mejoras en efectos especiales, está por debajo de la original.

LOS CUATRO FANTASTICOS: El origen del Universo Marvel

Fantastic FourComo sabéis, la colección de los Cuatro Fantásticos desapareció el año pasado, tras 54 años de publicación (1961-2015), debido a la pelea por los derechos cinematográficos de los personajes que mantienen 20th Century Fox (actual propietaria) y Marvel-Disney (que quiere a sus personajes de vuelta). Y también, todo hay que decirlo, a una bajada de las cifras de ventas. Todos sabemos que no tardarán mucho en volver a tener su propia colección pero, de momento, Mr. Fantástico está en Los Iluminati, la Mujer Invisible con Shield, La antorcha Humana con Los Vengadores y La Cosa con Los Guardianes de la Galaxia. Mientras se mantiene esta absurda situación, no hay nada mejor que volver a los inicios, a la colección con la que Stan Lee y Jack Kirby renovaron el cómic de Superhéroes. Y es que Panini ha publicado Marvel Gold – Los Cuatro Fantásticos: Génesis; un cómic que recopila los primeros 21 números de la colección que cambió la historia de los cómics, así como el primer anual y Los relatos del Vigilante, publicados en la colección Tales of suspense. Unas historias que siguen siendo la base de uno de los universos de ficción más influyentes de los últimos 50 años, y en el que vemos la aparición de personajes tan importantes como el Dr. Muerte, el Hombre Topo, el Amo de Marionetas, Alicia Masters, el Hombre Imposible, El Vigilante, el Pensador, los Skrulls, o el Hombre Molécula. Sin olvidar la recuperación de Namor. Hoy en día, el Universo Marvel es conocido en todo el mundo gracias a las exitosas películas de Superhéroes. Y en el 2014 celebró su 75 aniversario, que rememoraba la publicación de Marvel comics (1939), que contenía la primera aparición de Namor y de la Antorcha Humana original (y que terminaría por dar nombre a la compañía). Pero ese 75 aniversario no habría sido posible sin el éxito de Los Cuatro Fantásticos en 1961. Ese año, Marvel (una pequeña editorial que entonces se llamaba Timely Comics), sobrevivía adaptándose a las tendencias del mercado. Si el dueño, Martin Goodman, veía que se vendían las revistas de ciencia ficción, se los encargaba a Stan Lee (Director artístico y guionista). En 1961 hubo un resurgir de los cómics de superhéroes con el éxito de La Liga de la Justicia (Dc Comics). Así que Goodman encargó a Lee que crease su propia Liga de la Justicia. Para ello el plan era traer de vuelta a la Antorcha Humana Original, Namor y el Capitán América, con algún añadido. Pero Lee estaba hasta las narices de tener que “imitar” los éxitos de otros y decidió dejar el mundo de los cómics. Aunque antes quiso entregar a Goodman un cómic que fuese realmente original y rompedor. Con unos superhéroes que fueran muy humanos y que se pasaran el día discutiendo entre ellos. Total, no tenía nada que perder. “Había muchísimos superhéroes retozando alegremente con sus coloridos calzoncillos largos antes de que Los 4F aparecieran, pero prácticamente ninguno tenía problemas personales ni que preocuparse por ganarse la vida; ni tampoco discutía ni perdía los nervios con otros superhéroes, no hasta que llegó nuestro encantador cuarteto” (Stan Lee). Así nacieron Los Cuatro Fantásticos Reed Richards (Mr. Fantástico), Susan Storm (La Chica Invisible), Johnny Storm (La Antorcha Humana Original) y Ben Grimm (La Mole), que en un principio no parecían tener nada de originales. Si nos fijamos son los cuatro elementos (Tierra, aire, agua y fuego); además de que La antorcha era una actualización del personaje de los años 40 y La Mole podría ser uno de los monstruos que Lee escribía para los las series de Timely dibujadas por Jack Kirby y Steve Ditko. Sin olvidar que en sus primeros números se enfrentaban a monstruos (como los del Hombre Topo) y a extraterrestres (los Skrulls). Pero el concepto, los personajes y las relaciones entre ellos eran totalmente novedosos. Para empezar, los Cuatro fantásticos eran una familia, y se pasaban gran parte del día discutiendo, por lo que sus historias familiares eran casi tan interesantes como las peleas con los villanos de turno. Y eran tan humanos y creíbles que los lectores se podían identificar con ellos (algo que Lee llevó al extremo, en Spider-Man, consiguiendo que algunos frikis quisieran ser Peter Parker). Además, no tenían identidades secretas (algo que también era revolucionario en el género); no tenían uniformes de superhéroes; y tampoco vivían en universos ficticios como Gotham o Metrópolis, sino en Nueva York. Sin olvidar que cada uno tenía una personalidad muy definida y hablaba de una manera diferente (marca de la casa de Stan Lee); Por ejemplo, la famosa frase de la Mole antes de entrar en acción: ¡Llegó la hora de pelear!. Un proyecto que terminó de cuajar gracias a la incorporación de Jack kirby, el dibujante definitivo del género de superhéroes, que aportó su dinamismo y espectacularidad, además de su imaginación sin límites para crear muchos de los iconos del cómic mundial. El éxito fue inmediato, hasta tal punto de que en su tercer número ya llevaba en su portada la etiqueta de ¡El mejor cómic del mundo! (Una de esas argucias publicitarias que tanto le gustaban a Stan Lee). Parte de ese éxito se debió también a la capacidad de Stan Lee para comunicarse con los lectores a través de los correos o de su famosa columna de opinión. Lo que le permitía saber en dónde acertaba y en qué se equivocaba. De ahí que, atendiendo a las peticiones de los lectores, pusiese uniformes a los protagonistas a partir del tercer número (los cuales, con variaciones, han estado presentes durante más de 50 años). Por supuesto, gracias a ese éxito Stan Lee no sólo no abandonó el mundo de los cómics sino que en la década de los 60 (la de su mayor creatividad) construyó todo un universo (el Universo Marvel) junto a artistas como Jack Kirby (Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla X, El Hombre de Hierro, Thor…), Steve Ditko (Spider-Man, El Doctor Extraño) o Bill Everet (Daredevil). En los Cuatro Fantásticos, el tándem Stan Lee y Jack Kirby permanecería hasta el número 102, todo un récord que tardaría años en ser superado, hasta que el dibujante dejó Marvel por no estar de acuerdo con la política de derechos y por creer que Lee le restaba méritos. En sus cómics en solitario seguiría demostrando una capacidad inigualable para crear conceptos y personajes, pero siempre le faltó esa chispa que hacía tan especiales sus creaciones junto a Lee. Juntos, Lee y Kirby crearían clásicos del cómic como los recogidos en este volumen o la etapa que iniciaron en el número 48 de la colección, y que está considerada una de las mejores de la historia del noveno arte. Las historias gráficas de los Cuatro Fantásticos supusieron un éxito tan rotundo, que la compañía Marvel inició la búsqueda de otras formas de explotar dicha popularidad comercialmente. Los 4 Fantásticos han sido adaptados en otros medios, incluyendo cuatro series animadas y cuatro películas de acción en vivo. Una de ellas fue por supuesto la de realizar una serie de animación para la televisión. La primera serie de televisión animada de los Cuatro Fantásticos fue producida por Hanna-Barbera en 1967. Para ello contaron con la colaboración de Alex Toth y se crearon 20 capítulos que se emitieron en el programa infantil Saturday Morning Tv, emitido por la cadena Estadounidense CBS. En las siguientes décadas llegaron otras series, así como películas, la última de las cuales estrenada en agosto del 2015, fue un fracaso absoluto, por lo que la Fox decidió cancelar la secuela prevista para el 2017. A pesar de ello, no debe sorprendernos si al final la Fox y Marvel resuelven sus diferencias y Los 4 Fantásticos regresen en el futuro, ya que al fin y al cabo, negocios son negocios.


DIE UNENDLICHE GESCHICHTE: Una historia interminable

DIE UNENDLICHE GESCHICHTEEn la industria cinematográfica actual, que parece agotada de ideas, no todo son remakes, reboots, secuelas y precuelas. En los últimos tiempos también se están poniendo de moda los reestrenos, el regreso a la gran pantalla de versiones restauradas de clásicos del séptimo arte. Una de ellas es Die unendliche Geschichte (La historia interminable, 1984) un icono del cine fantástico considerada una película de culto. Como sabéis, se trata de una adaptación cinematográfica de la novela homónima de 1979 del escritor alemán Michael Ende. Dirigida por Wolfgang Petersen y coproducida por Alemania y Estados Unidos, la película no tardo en convertirse en un referente del cine familiar de la década de los 80. El argumento gira en torno a Bastian, un niño de 10 años que a menudo sufre el acoso de sus compañeros de clase. Escondido en el desván de su colegio, el pequeño devora durante horas un enigmático libro llamado La historia interminable, en el que se relata la inminente destrucción del Reino de Fantasía. La Nada amenaza con devorar ese mundo y a las criaturas que lo habitan y solo un héroe puede impedirlo. Todo empieza a adquirir un cariz más sorprendente cuando el libro parece implicar al propio lector, a Bastian, como uno más de los personajes de la historia que está leyendo. El mundo de Fantasía en el que Bastian se sumerge a través de la lectura está poblado por infinidad de sorprendentes criaturas. El héroe de ese mundo es Atreyu, un joven cazador que, acompañado por su caballo Ártax (protagonista de una de las escenas más emotivas del filme), ejerce como heraldo de la Emperatriz Infantil. Ella es la monarca de ese reino, reside en La Torre de Marfil y, a pesar de su aspecto de niña de rostro níveo, tiene más edad que ningún otro ser. Si ella muriese, Fantasía dejaría de existir. Sin embargo, la figura más representativa de La historia interminable es la de Fújur, un enorme dragón blanco de la suerte con un cuerpo alargado y flexible que es capaz de volar sin alas. Su adorable rostro, algo perruno, se ha convertido en un símbolo del cine ochentero. Otros personajes memorables son la pareja de gnomos Enguivuck y Urgl, el Comepiedras, la anciana y sabia tortuga Morla, el caracol de carreras y Gmork, el enorme y terrorífico lobo que sirve a la Nada. La película conserva el juego metaliterario que es el alma de La historia interminable, un libro dentro de un libro en el que el lector es también uno de los protagonistas. Aunque buena parte de la profundidad de la novela se pierde en la adaptación, esta conserva los elementos esenciales: la idea de un joven que se ve atrapado por la magia de la lectura, la Nada que destruye Fantasía como representación del fin de la imaginación y, en consecuencia, del impulso creativo, la necesidad de dar un nuevo nombre a la emperatriz como prueba de fuego para dar el salto de lector a escritor… El simbolismo de La historia interminable también tiene forma física, la del Auryn, un poderoso amuleto circular con dos serpientes entrelazadas mordiéndose por las colas que representan la relación que hay entre el mundo real de los humanos y el reino de Fantasía. Esta joya, que es la que protege a Atreyu y lo identifica como heraldo de la emperatriz, aparece también esculpida en relieve en la portada del libro que lee Bastian. A día de hoy, La historia interminable sigue siendo considerada uno de los mejores ejemplos en la realización de efectos especiales artesanos. Todas las criaturas de la película fueron creadas a mano por el artista británico Colin Arthur. “El primer personaje que creamos fue el Caracol Veloz. Salió de mi imaginación. Una vez que se acepta ese diseño, los demás tienen que adaptarse y seguir esa línea”, contó Arthur, que a sus más de 80 años permanece en activo y aplicando técnicas artesanales casi extinguidas por la avalancha digital. Luego de Caracol llegó el dragón Fújur, una aparatosa estructura de 14 metros de largo, fabricado con látex, escamas, plumas y lana de angora, y relleno de un montón de cables con tensores que movían 20 marionetistas coordinados por un director de orquesta. Casi tan mítica como la película en sí, es la canción The never ending story, tema principal del filme e himno del cine ochentero. Su autor fue el cantante inglés Limahl, que acabó siendo víctima del fenómeno one hit wonder: nunca volvió a obtener un éxito siquiera cercano al de su primer single. Avalada por crítica y público, la novela solo tardó cinco años en ser llevada a la gran pantalla. Sin embargo, Michael Ende no quedó satisfecho con la película y pidió que se retirara su nombre de los créditos iniciales. Uno de los cambios más notables de la adaptación es que el largometraje sólo contaba la primera mitad de su novela, pero hubo más cambios importantes en el salto de la historia al celuloide. En la película Bastian aparece como un niño delgado de aspecto frágil mientras que en la novela es un niño gordo y torpe que solo cambia de aspecto cuando salta al mundo de Fantasía, la Nada pasa de ser una fuerza inquietante y sutil a un huracán devastador que lo destruye todo… Quizás lo peor del filme es su final, un desenlace que destroza por completo la filosofía del libro cuando Bastian trae a Fújur al mundo real para vengarse de los niños que le han tratado mal. Ende dijo que los realizadores de la película habían “cambiado completamente el sentido de la historia” solo con la intención de hacer más dinero en taquilla. Como era de esperar, la película tuvo dos continuaciones, cada una de ellas con distintos actores y director, aún más alejadas de la obra original y con un nivel de calidad bastante bajo. The Neverending Story II: The Next Chapter (La historia interminable 2: El siguiente capítulo, 1990) aún tomaba algunos elementos de la novela de Ende pero muy modificados. The Neverending Story III: Escape from Fantasia (La historia interminable 3: Escape de la fantasía, 1994) se independizó completamente de la historia de Ende y, a pesar de contar con más recursos técnicos, está considerada la peor de la trilogía. Ninguna de las continuaciones logró un éxito ni siquiera cercano a la cinta original. Además de estas tres películas, ha dado lugar a dos series de televisión, una animada y otra de acción real, y a una obra dramática con ballet y opera en Alemania.

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