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LA CORONA DE ADVIENTO: Un símbolo siempre presente en la Navidad

CORONA DE ADVIENTOMuchos se habrán preguntado con curiosidad la razón por la que se colocan coronas y guirnaldas (hechas originalmente con ramas de árbol perenne) en la puerta principal de las casas durante la Navidad. Como sabéis, estas son colgadas en la parte exterior de la puerta de entrada a los hogares y se mantienen en exhibición durante la temporada festiva. Como toda simbología ‘cristiana’ tuvo su origen en tiempos ancestrales y fue adoptado posteriormente por la Iglesia Católica. En efecto, los griegos utilizaron por primera vez las guirnaldas para adorar a sus dioses y otorgar honores a sus ciudadanos, formando coronas hechas de hojas de laurel que simbolizaban la fuerza y que se otorgaban a los atletas en honor a Apolo. En la sociedad romana, las primeras coronas representaban autoridad y eternidad. Los Romanos Prominentes los utilizaban durante las ceremonias religiosas y cívicas. Muchos romanos colgaban las coronas en sus puertas, y hasta tenían coronas enterrados con ellos como un signo de poder en el más allá. Durante el Imperio Romano – que conquistó el mundo conocido extendiendo su influencia por toda Europa, llegando hasta Alemania y Gran Bretaña – uno de sus más importantes eventos anuales religiosos era la Saturnalia o festival de la cosecha, donde como su nombre lo indica, se honraba a Saturno, en los cuales entregaban coronas como regalos hechos en esta ocasión con bayas del acebo. Pero los griegos y romanos no eran los únicos que los utilizaban, ya que los celtas, una sociedad de sacerdotes y hechiceros llamados druidas, quienes vivían en los bosques europeos por la misma época, adaptaron muchas de las costumbres romanas. Llevando círculos de acebo y el muérdago en el cabello, los druidas creían que el acebo tenía poderes mágicos y de curación, logrando que el ganado enfermo caminara a través de un anillo de acebo como cura. Los celtas hacían coronas de ramas de pino para sus ceremonias del solsticio similares a las saturnales romanas y adornaban sus casas con coronas de flores como símbolo de protección. Con la difusión del cristianismo en Europa, el propósito de la corona y su uso ampliaron nuevos horizontes. Al no poder reemplazar los rituales místicos, los ‘cristianizaron’ como hicieron con la Navidad o la Pascua. El eterno círculo simbolizaba ahora “el amor eterno entre Dios y su hijo Jesús”. Las coronas hechas de ramas de hoja perenne contenían bayas de acebo y cintas rojas “que representaban la sangre de Cristo”. La corona se convirtió así en un icono de la corona de espinas que Jesús usó durante su crucifixión a manos de los judíos. Roma declaró el cristianismo como la religión principal del imperio, y el emperador Justiniano hizo de la Navidad un feriado oficial en el siglo V. Adviento, que en latín significa “el que viene”, es una costumbre de la reflexión espiritual iniciada por los alemanes para comenzar la celebración de las fiestas navideñas. Una corona contenía cuatro velas para representar una luz en los meses más oscuros de invierno en la esperanza de la próxima primavera. Tres velas encendidas violeta, cada una encendida una semana antes de Navidad, representan la esperanza, la paz y el amor. El color de la cuarta vela era rojo, y se encendió el día de Nochebuena. En el Renacimiento, todas las naciones cristianas utilizaban coronas de adviento. Una vela blanca se colocó en el interior de la corona y se encendió el día de Navidad. El color representaba el nacimiento de Jesús. En el siglo XV, la tradición de la corona se extendió por toda la cristiandad. Los peregrinos trajeron la ofrenda floral a los Estados Unidos donde floreció. La corona de adviento seguía siendo popular, pero surgió un estilo secular de coronas que se colocaban en las puertas y para diferenciarlas se les denomino coronas de Navidad, pero en el fondo, básicamente son las mismas, solo que estas últimas no llevan velas ya que están colgadas. Cintas de varios colores incluyendo el oro entrelazados con los granos y bayas de acebo en guirnaldas de pino grande, encontraron su lugar en la sociedad. En Inglaterra, las coronas también contenían rosas colocadas en el arreglo y eran de gran tamaño. Hoy en día, la corona es uno de los símbolos más característicos de la temporada navideña. Aprovecho el momento para desearles una Feliz Navidad.

EL PESEBRE: Una extraña superstición propia de la Navidad

EL PESEBREHoy pesebre es sinónimo de la cuna de Jesús donde aparece rodeado por sus padres, los Reyes Magos, los pastores y los animales en un establo. Pero esta palabra de origen latino – praesepe o praesepes – designa originalmente el comedero, la caja donde se coloca el forraje para alimentar a los animales. De los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, sólo el de Lucas hace referencia a las circunstancias del ‘nacimiento’ de Jesús: María, dice el evangelista, acostó a su niño en un pesebre, en el establo donde ella y su esposo pasaron la noche en Belén, porque no había sitio en el mesón. “Y aconteció que estando ellos allí (en Belén), se cumplieron los días de su alumbramiento. Y (María) dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, que se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” Un texto breve pero extraordinariamente fructífero. De esta leyenda (ya que históricamente no se comprobado la existencia de Jesús) ha surgido una superstición que perdura en el tiempo. Como sabéis, la Navidad no era festejada desde el comienzo por los cristianos, ya que se trataba de una antiquísima celebración llevada a cabo cada 25 de diciembre en honor al dios persa Mitra, de gran popularidad en el Imperio Romano y cuya vida, muerte y resurrección fue copiado punto por punto por una Iglesia Católica, que falto de originalidad – al igual que sucedió con la Pascua y el Halloween – la ‘cristianizó’ reemplazando a Mitra por el imaginario Jesús. En cuanto a los pesebres (denominados belenes en España) es una costumbre que viene de Italia allá por 1223, cuando a Francisco de Asis se le ocurrió reunir a los vecinos del pueblo de Greccio y crear un ‘nacimiento’ vivo en plena misa, la cual fue una representación ‘real’ del pesebre de Jesús, hecha con personas. Para ello se celebró la misa nocturna acompañada de una representación simbólica de la escena del ‘nacimiento’, mediante un pesebre con Jesús, Maria y José, acompañados por la mula y el buey, recibiendo la adoración de los Reyes Magos, mientras una peculiar ‘estrella’ señalaba el lugar exacto del ‘nacimiento’, basándose tanto en los Evangelios apócrifos, pero muy especialmente en el culto romano a los dioses del hogar que se realizaba también mediante pequeñas esculturas con forma humana. Mira tú, ni en eso fueron originales. Desde esa época en adelante, quienes se encontraban bajo la influencia del catolicismo, imitaron esa “tradición” y comenzaron a crearse imágenes pintadas o de yeso. Actualmente los belenes, si bien son cada vez mas escasos en Europa e ignoradas ampliamente en los países anglosajones – donde fueron destruidos en los tiempos de la Reforma – aun superviven lamentablemente en Latinoamérica, adaptada eso si, a las costumbres de cada país. Venga ya, una cosa muy distinta es tener en casa un árbol de Navidad como muchos de nosotros, y otra un belén,con imágenes a los que se rinde adoración. Me pregunto ¿ello no es idolatría?

GALLETAS DE JENGIBRE: Un clásico navideño para decorar o regalar en estas fiestas

GALLETAS DE JENGIBRETan tradicional como el árbol de Navidad, el pavo, el chocolate y el panetón lo son las galletas de jengibre, ideales para compartir en la mesa navideña o hasta regalar como un detalle a nuestros amigos. Desde que las vemos, tanto en los establecimientos comerciales en diversas figurillas, incluso humanas -como en alegres y divertidas casitas copadas de nieve simulando zonas de temperaturas muy frías en las que para la época cae nieve – advertimos que estamos próximos a la Navidad. Y es que esas diminutas galletitas de sabor a jengibre y a veces aromatizadas con canela, tienen la particularidad de anunciar a viva voz que estamos en la época más esperada del año, en la que cualquier excusa es válida para compartir con la familia o amigos. Venga ya ¿quién se resistiría a unas galletitas de jengibre con una taza de chocolate?, posiblemente nadie, ya que es una válida manera para celebrar la llegada de la Navidad. Esta especie de postre se caracteriza por su acentuado sabor a jengibre, para cuya elaboración generalmente se utiliza como edulcorante la melasa. Su origen se remonta al norte de Europa, donde desde el siglo X, ya se distinguían por tener variados diseños, como árboles navideños, pequeños hombres o en forma de mini casitas alegóricas cubiertas de nieve. Referencias históricas dan cuenta de que la usanza de este tipo de galletas en Navidad fue idea de un monje de origen armenio, Gregory de Nicopolis en Grecia, a quien se le atribuye ser el primero preparar este postre (gingerbread). Según la leyenda, fue el mismo monje quien al trasladarse a Francia en el año 992, dio a conocer su atractiva creación culinaria, y enseñó a hacerla a los sacerdotes franceses, constituyéndose en un sello distintivo de las ferias medievales. Sin embargo, cabe destacar que su uso se masifico en el siglo XVI, cuando la reina Isabel I de Inglaterra regalaba a sus visitas importantes, galletas de pan de jengibre parecidas a ella, de acuerdo con los libros The Gingerbread Book de Steven Stellingwerf y The Oxford Companion to Sugar and Sweets, editado por Darra Goldstein. A partir de ahí, las galletas de jengibre se hicieron toda una tradición. En Inglaterra, las mujeres jóvenes comían los hombres de jengibre que representaban a esposos para asegurarse que un día encontrarían un marido humano. Asimismo, durante la época victoriana – referido no solo al extenso reinado de Victoria I de 1837 a 1901, sino también al esplendor de la revolución industrial en Inglaterra – las galletas de jengibre ganaron para siempre un lugar en los árboles de Navidad. A ello debemos agregar que luego de que los hermanos Grimm publicaran Hansel y Gretel en 1812, las casas de jengibre se convirtieron en un elemento fijo en toda Europa, y el resto del mundo. Algunos países tienen distintas maneras de llamarlas: en Francia, se les denomina “pain d’épices” que es lo mismo que pan de jengibre; en Alemania y Bélgica, spekulatius, que significa galletas con forma de humanos, entre otros nombres alusivos a este postre, cuya popularidad está muy arraigada especialmente en esta época.

A CHRISTMAS CAROL: Un cuento de Navidad

A Christmas CarolEbenezer Scrooge es un tipo avaro acostumbrado a tratar mal a las personas que le rodean, incluido su fiel secretario. Su mezquindad le impide disfrutar de la Navidad, una fiesta que odia profundamente, pero este año todo va a ser diferente. Scrooge se encuentra con Marley, su difunto socio, quien, además de echarle en cara su maldad, le anuncia la visita de tres espíritus. Los fantasmas de las Navidades Pasadas, Presentes y Futuras intentarán abrir los ojos a Scrooge antes de que sea muy tarde … es la sinopsis de “Cuento de Navidad”, sin duda, una de las historias de fantasmas más famosas de la literatura universal y uno de los grandes clásicos de Charles Dickens. Son muchas las adaptaciones que se han hecho de este texto del siglo XIX, pero en 2009 llega a las pantallas la más novedosa de manos de la factoría Walt Disney. En “Cuento de Navidad (A Christmas carol)”, el realizador Robert Zemeckis da un paso más en la tecnología que hizo posible sus “Polar Express” y “Beowulf”, capturando el movimiento de actores reales y convirtiéndolo en imágenes animadas tridimensionales de gran realismo. Es el revolucionario RealD 3D. Bajo la apariencia de personajes animados, encontramos a un Jim Carrey irreconocible por las ilimitadas posibilidades de la era digital. Él da vida al viejo egoísta Scrooge, pero también al fantasma de las Navidades Pasadas (un ser luminoso que enseña al protagonista recuerdos de su juventud), al fantasma de las Navidades Presentes (un divertido gigante que le sitúa ante su forma de ser actual) y al fantasma de las Navidades Futuras (un monstruo siniestro que le advierte sobre lo que puede pasar). Además de Carrey, distinguimos a Gary Oldman, Colin Firth y Robin Wright Penn. Haciendo una critica del film, “Cuento de Navidad” está a medio camino entre “Polar Express” y “Beowulf”; mucho más lúdica y rítmica que aquella, pero lejos del ejemplar hálito aventurero de la segunda, una película extraordinaria independientemente de la tosquedad inherente a las limitaciones del cine de avatares. Zemeckis da un paso más, sus personajes son un poco más humanos, la expresividad facial mejora (especialmente la muy mejorable animación de las bocas), pero seguimos sin compartir el entusiasmo por esa filosofía del cuento a caballo entre un mundo real de carne y hueso y la pantalla interactiva de un videojuego. El director de “Regreso al futuro” es un adelantado a su tiempo; sus ambiciosas pretensiones simplemente no tienen eco en el estándar real tecnológico del cine animado. Para que una película como “Cuento de Navidad” funcione sin fisuras en lo formal probablemente debería haberse filmado dentro de una década, año arriba año abajo. Lo cierto, sin embargo, es que hay película debajo del disfraz ultratecnológico; Zemeckis no acaba de decidir a qué público quiere dirigirse. La fascinante ingenuidad cristiana y primitiva de la deliciosa fábula de Dickens es carnaza de público infantil, por el color de su moraleja, por la limpieza ética del ejemplar subtexto. Sin embargo “Cuento de Navidad” muda frecuentemente de rostro virando hacia lo macabro, hacia el escalofrío de ultratumba, hacia la escasa hospitalidad de un más allá sórdido y adulto. No hay sitio para los más pequeños, el cuento luce demasiado siniestro como para dar coba al público más bajito. En esa incómoda tierra de nadie, Zemeckis rescata toda la fuerza moral e iniciática de la legendaria parábola natalicia. Visualmente es un espectáculo gigantesco; la puesta en escena apabullante (Zemeckis explota mejor que nadie las bondades del 3D y las posibilidades formales que éste ofrece) y exhala efluvios dickensianos por los cuatro costados; la incalculable capacidad sugestiva del cuento está casi intacta y la visualización onírica del mundo pasado, presente y futuro de Scrooge es un regalo impagable para la vista. Ahora bien, nuevamente, como en “Polar Express” el relato tropieza en la incontenible tendencia al exceso acrobático de su ambicioso director. Sobra efectos tobogán y, sobre todo, sobran, desvaríos histriónicos en la caracterización chillona del anciano Scrooge. Hay mucho de Jim Carrey, en el mal sentido, en la incontinencia gestual del viejo y en el exceso de entusiasmo de un desenlace que reinterpreta la reinserción moral de Scrooge en el ámbito de la enajenación mental, como si todo el vía crucis por las navidades pasadas, presentes y futuras fueran fruto de un desvarío senil que desemboca en la felicidad ficticia del lunático. Una de cal y otra de arena para una película que, no obstante, recupera con un fenomenal alarde de medios, el sabor genuino del mito natalicio, reivindicando a Dickens y la magia inherente a su impagable atemporal literatura.

GNOMOS: Los duendes de la Navidad

Cabra Yule¿Quien no se ha preguntado alguna vez de donde saca Santa Claus los juguetes que tiene que repartir la noche del 24 de Diciembre? Lo que sucede es que tiene la ayuda de los gnomos navideños (también conocidos como elfos). Se tratan de unas pequeñas criaturas mágicas que se encargan de la construcción de los juguetes en la gran fábrica de los sueños ubicada en el Polo Norte, los cuales posteriormente entregara a todos los niños que hayan demostrado ser lo suficientemente buenos y obedientes. Se les describe generalmente como un hombre mayor con una larga barba blanca, de tres pies de altura (el tamaño de un niño pequeño) Tienen una vestimenta de color verde, gorro de lana rojo con forma de cono y zapatillas con terminación en punta. Aunque en los países nórdicos, son representados vestidos de color rojo. Procedentes de la mitología escandinava, los gnomos se han convertido en los ayudantes oficiales de Santa Claus y están encargados no solo de los juguetes, sino también que todo este a punto – como el cargamento con los regalos, el mantenimiento del trineo, el cuidado de los renos – y que el gordo bonachón no tenga ningún inconveniente al momento de iniciar su tan esperado viaje anual. En cuanto a su origen, las primeras historias sobre los gnomos aparecieron en el norte de Europa y se fueron integrando a la de Santa Claus para permanecer como un elemento importante al momento de elaborar los regalos que se reparten cada año. Posteriormente, esta costumbre fue acogida en los Estados Unidos y de ahí se extendió a otras partes del mundo donde actualmente se festeja la Navidad. El resto del año, también tienen un recargado trabajo, ya que ayudan a Santa a observar si los niños se portan bien para agregarlos a la lista de aquellos que recibirán su regalo la noche del 24 de diciembre. Mira que son soplones. Sin embargo, cada lugar tiene una propia percepción de los duendes durante esta fiesta. En Estados Unidos y Canadá, los duendes solamente ayudan a Santa Claus a repartir todo tipo de regalos para los chicos sin importar lo pedido. En los países escandinavos por ejemplo hacen la misma labor, con la diferencia de que van montados sobre una cabra yule, que precede a Santa Claus, llevando regalos a las casas. Este símbolo ancestral suele colgarse de los árboles o en las puertas las casas en Suecia durante la Navidad. En otros países, al ser muy traviesos, los gnomos hacen bromas a escondidas para divertir a los niños. Asimismo, en Finlandia, los gnomos siempre han estado dispuestos para guardar y echar una manita a aquellos que viven en el campo o en el bosque. Calientan las saunas, vigilan y atienden a los niños, el grano almacenado en los silos y el ganado y los caballos en sus establos. Y con los gatos y los perros se llevan a partir un piñón. El hábitat natural de los gnomos son las casas viejas, donde se sienten a sus anchas. Los finlandeses aprecian mucho a los gnomos y agradecen sus servicios con comida. En muchas casas no les falta su plato de julegrøt (gachas de arroz) en Nochebuena y, aunque les parezca extraño, a la mañana siguiente el plato suele aparecer reluciente… Convertidos en parte integral de la tradición navideña, suelen ser representados en adornos para decorar el hogar o especialmente como enanos de jardín, así como también son utilizados para campañas de publicidad. No cabe duda que estas pequeñas criaturas se han ganado el corazón de muchos.

¿ALGUIEN SE ACUERDA DE SU EXISTENCIA?: El origen de las tarjetas navideñas

tarjeta-navidenaHoy en día la mayoría de nosotros nos felicitamos las fiestas enviándonos mensajes de whatsapp o dejando alguna nota junto a una imagen o GIF a través de nuestras redes sociales, pero hasta hace prácticamente una década lo propio era hacerlo enviando por correo postal una tarjeta navideña. Esta costumbre se estuvo llevando a cabo durante algo más de un siglo y medio, aunque cabe destacar que durante los primeros cincuenta años fue algo realizado exclusivamente por las clases más pudientes de la sociedad. En cuanto a su origen, las tarjetas navideñas fueron inventadas en 1843 por sir Henry Cole, quien encargó a su amigo, el ilustrador John Calcott Horsley, que le dibujara y pintara estampa típicamente navideña, con el propósito de a una imprenta para que le hiciera varias copias y, posteriormente, escribir en ellas unos breves deseos de felicidad, firmarlas y enviarlas por correo a familiares y amigos. La postal navideña realizada por el dibujante representaba a una familia que brindaba por sus amigos ausentes. Como llegó a imprimir más tarjetas de las que necesitaba, vendió las restantes al precio de un chelín. La idea de Henry Cole pareció gustar a algunos sectores de la aristocracia británica que imitaron en los años posteriores la idea. Para 1862 ya se imprimían tarjetas navideñas de serie, convirtiéndose en un rotundo éxito. En 1893 la costumbre recibió la confirmación real cuando la Reina Victoria encargó 1.000 tarjetas a una imprenta y felicitó con ellas a todas las Casa Reales, aristócratas y personas afines a la monarquía británica. A partir de ahí la popularización de las mismas fue total, convirtiéndose en una de las costumbres que más personas realizaban al acercarse las navidades durante el pasado siglo. Desde el principio, las tarjetas de Navidad han sido coleccionadas ávidamente. La reina Maria de Inglaterra reunió una gran colección que ahora se guarda en el Museo Británico Los ejemplares de la edad de oro de la impresión (1840s-1890s) son especialmente estimados y se venden en grandes sumas en las subastas. En diciembre de 2005, una de las tarjetas originales de Horsley fue vendida en casi £9000. Los coleccionistas pueden centrarse en imágenes particulares como Santa Claus, el Árbol de Navidad, el nacimiento de Jesús , los Reyes Magos o determinadas técnicas de impresión. En sus últimos tiempos, se volvieron musicales ya que al abrirlos, se prendían unas luces que adornaban la imagen que aparecía grabada y se escuchaba una melodía navideña, gracias a una pequeña pila adosada a ella. Sin embargo, el avance de la tecnología marco su inevitable declive y hoy por hoy se han convertido en parte del pasado. Si bien siguen existiendo, son cada vez menos quienes los utilizan por estas fechas ya que muchos lo ven como algo anacrónico y fuera de lugar. Aprovecho el momento para desearles una Feliz Navidad y agradecerles por sus constantes visitas. Eso me anima a seguir adelante.

SU ORIGEN CELTA ES INCUESTIONABLE: ¿Por qué el árbol de Navidad se arma el 8 de diciembre?

christmas-treeUno de los momentos más añorados por todos es cuando llega la hora de armar el árbol de Navidad y darle un clima festivo al hogar con luces de colores y adornos en cada rincón. ¿Pero cuánto sabemos del significado del árbol y cada uno de los objetos usados para su decoración? Su origen podemos encontrarlo entre los antiguos celtas, para quienes el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro de Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza. En ella se celebraba cada 8 de diciembre el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, que generalmente era un roble. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos). Cuando el cristianismo llegó el centro y norte de Europa de la mano de una corrupta y decadente Iglesia Católica, esta decidió apropiarse de sus celebraciones ancestrales, ‘cristianizándolas’ y tomó la idea del árbol para celebrar el ‘nacimiento’ de Cristo, cambiando su significado original. A partir de entonces, el árbol representaba ‘el amor de Dios y la vida eterna, mientras que su forma simbolizó a la Santísima Trinidad’. Una leyenda interesada creada siglos después, llego a afirmar que Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, encontró en los bosques del norte de Europa un árbol sagrado que seguía siendo adorado en secreto, por lo que tomó un hacha y cortó el roble que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Según la versión ‘oficial’, las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo, como luz del mundo. Otra tradición dada a conocer durante la Reforma del Cristianismo, cuenta que Martín Lucero – enemigo de Roma – fue quien habría impuesto los árboles de pino para celebrar la Navidad hacia el 1.500. La historia cuenta que caminando de regreso a su casa una noche de invierno, Lucero fue sorprendido por el brillo de las estrellas entre los árboles. Quiso entonces reproducir esa escena en su hogar, y colocó un rama de árbol de pino en una habitación, y le instaló alambres en sus ramas para sostener velas encendidas. A medida que pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos como los actuales, mientras que la estrella, colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella de Belén. Asimismo, se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol, enviados por los Reyes Magos o Santa Claus dependiendo la leyenda de la región donde se encuentre. Esta costumbre ‘cristiana’ – para variar – también se origino entre los antiguos celtas, quienes se repartían las antorchas como augurio de pronto verano. Finalmente, el 8 de diciembre de 1854, Pío IX proclamó que María fue ‘preservada del pecado original’ desde el primer instante de su existencia (?) De ahí el armado del árbol el 8 de diciembre, sea conocido de la Virgen Inmaculada Concepción. Como podéis notar, una vez más la Iglesia Católica demostrando su total falta de originalidad, hizo suya una celebración ancestral que de ‘cristiana’ no tiene nada.

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