THE DAY THE EARTH STOOD STILL: Ultimatum a la Tierra

The Day The Earth Stood StillLas películas de ciencia ficción de los 50 son todo un clásico. Como sabéis, este es un género que ha acompañado al cine prácticamente desde sus comienzos. Ya en la época del cine mudo hubo títulos significativos, pero, como sucedió también en la literatura, este creció exponencialmente en las décadas centrales del siglo pasado. Con el final de la II Guerra Mundial, los enormes avances científicos y tecnológicos propiciaron la inspiración necesaria para la creatividad y también para que la gente se interesara por las posibilidades, reales o no, que proporcionaban estos progresos. A su vez, en un mundo sumido en un ambiente tenso debido a la Guerra Fría, la ciencia ficción servía como perfecta metáfora a la hora de trasladar muchos de los asuntos sociales, políticos o filosóficos que estaban en liza durante aquellos años. En esta ocasión, nos vamos a centrar en una película que es todo un clásico en su género ‘The Day the Earth Stood Still’ (Ultimátum a la Tierra) filmada en 1951 y que trata sobre la llegada de una nave extraterrestre, con la intención de dar un mensaje a los gobernantes de nuestro planeta. Pero éstos hacen caso omiso, y el alienígena (Klaatu) se integra en la sociedad para comprender mejor nuestra manera de ser y de vivir. También – hay que reconocerlo – es una de esas películas víctimas del paso del tiempo, y aunque éste no le haya hecho demasiado daño, sí el suficiente para poder ver sus deficiencias. Su mensaje es lo más desfasado de todo. La energía atómica era algo a descubrir y experimentar en los años 50, y la posibilidad de que otros planetas se pudiesen ver afectados por ella, suena hoy tan ridícula que no puede pasarse por alto. Al mismo tiempo, la advertencia final de Klaatu puede tomarse como una amenaza de peligrosa ideología. Que el planeta entero pague por lo que unos pocos deciden hacer con la energía, es algo que se asemeja más a un “o estás conmigo o estás contra mí”. Pero cuando se filmó esta película eran tiempos de la Guerra Fría y la paranoia de los americanos por pensar que tenían un enemigo en todos lados, está latente en films como éste. Darle la vuelta, y ponerse como víctimas es incluso pretencioso. Podríamos hablar también de la economía de medios, sobre todo en lo que respecta al robot que acompaña a Klaatu. Evidentemente, hay que ver la película en su contexto histórico, y en 1951 no se realizaban buenos efectos especiales, campo en el que se ha evolucionado de forma asombrosa. Aún así, el número de películas antiguas que han sobrellevado muy bien el paso del tiempo, es bastante elevado, fijándonos sólo en los efectos visuales. El encanto es su mayor baza, y el film, en este aspecto, lo conserva en parte. Ver al imponente robot totalmente quieto llega a impresionar, pero cuando echa a andar, sólo falta que le veamos la cremallera al traje. Curiosa sensación, realmente desconcertante. Afortunadamente, detrás de la cámara tenemos a alguien tan solvente como Robert Wise. El director de musicales tan famosos como ‘West Side Story’ o ‘Sonrisas y lágrimas’ fue uno de esos realizadores todoterreno, que lo mismo filmaba un drama pugilístico (‘Marcado por el odio’), como una cinta de cine negro (‘Born to Kill’), terror (‘The Haunting’), se iba al espacio (‘Star Trek’), western (‘Sangre en la Luna’), thriller (‘Odd Against Tomorrow’) etc. Su sobria puesta en escena, y un dominio del suspense envidiable, apoyado por un excelente montaje, consiguen empalidecer en buena parte sus posibles fallos. Wise maneja cada momento de su película como si se tratase del más importante. Tras el acercamiento de la nave (en la que la impactante aparición del robot se consigue desviando la atención del público de forma prodigiosa), nos introduce el director en una habitación donde se nos suelta una información que será el eje alrededor del que gire todo lo narrado a continuación, no sabiendo jamás qué va a ocurrir. Las escenas en las que Klaatu se mezcla con los humanos es un perfecto puente para el clímax final, lleno de tensión. Y cómo no, todo en 89 minutos. Patricia Neal, Sam Jaffe, Hugh Marlowe y Billy Gray secundan muy bien al verdadero alma de la película: Michael Rennie, un acierto de casting al tratarse de un actor desconocido para el gran público, quien soporta todo el peso del film. Su interpretación abarca desde la impavidez con la que su personaje trata a altas autoridades, hasta lo sorpresivo y afectuoso que resulta con un niño. Y siempre con una serenidad asombrosa, rayando con la inexpresividad, pero sin caer jamás en ella. ‘The Day the Earth Stood Still’ es una estupenda película de Sci-Fi, un entretenimiento en toda regla, que se permite ser también un alegato antimilitarista (uno de los aspectos que sedujeron a Robert Wise para dirigirla), que termina un poco dañado por el mensaje antes citado. El resto es con justicia recordado. Como no podía ser de otra manera, en el 2008 se hizo un remake actualizando un poco la historia pero, excepto por las lógicas mejoras en efectos especiales, está por debajo de la original.

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