THE DAY AFTER: El mundo luego de una hecatombe nuclear

THE DAY AFTERCon los dementes de ISIS (aquel grupo terrorista creado y financiado tanto por los EE.UU. como por Arabia Saudita y entrenado en campos de Turquía y Jordania por agentes de la CIA y el Mossad israelí para instaurar el caos y el terror en el Medio Oriente) los cuales tras los sangrientos sucesos ocurridos en París buscan desatar la III Guerra Mundial, toca recordar una de aquellas películas post apocalípticas que se referían a esa posibilidad durante la Guerra Fría y como se imaginaban el futuro luego de esa catástrofe. Filmada en 1983, The Day After (El día después) narra los devastadores efectos de un holocausto nuclear en la vida de los habitantes del pequeño pueblo norteamericano de Lawrence, Kansas. Sus habitantes hacían vida normal, muchos de ellos ajenos a la creciente tensión entre la Unión Soviética y los Estados Unidos – junto a sus “socios” de la OTAN – a raíz del bloqueo de la dividida Berlín. Pero cuando la guerra estalla, la cercanía de Lawrence a una base de misiles nucleares americanos firmará la sentencia de muerte a la mayoría de sus habitantes. Este es un efectivo telefilme que produjo un enorme revuelo en su emisión original en las pantallas de la cadena ABC en Noviembre de 1983. Obtuvo el rating más alto de la historia (más de 100 millones de televidentes en su estreno) y generó una oleada de acalorados debates especialmente en un momento sensible debido a la escalada armamentista de la era Reagan. The Day After dista muchísimo de ser una película silenciosa que terminó por explotar en las pantallas de millones de televidentes norteamericanos. No es ni por asomo un fenómeno espontáneo – como fuera la emisión radial de Orson Welles de La Guerra de los Mundos en 1938 -, sino una larga y calculada maniobra de marketing que se tomó dos años hasta asestar el golpe. El proyecto empezó a partir de 1981, cuando el presidente de la cadena ABC, Brandon Stoddard, se sintió shockeado al ver El Sindrome de China y decidió hacer un filme sobre el terror nuclear. Inmediatamente comisionó al guionista Edward Hume para realizar un libreto sobre el posible impacto de un ataque misilístico a gran escala sobre USA, y con el mayor grado de realismo. Pero a pesar de su impulso y de su guión, el proyecto tendría muchas idas y vueltas, con varios cambios de director hasta llegar a Nicholas Meyer, quien impuso inmediatamente algunas políticas férreas como condición para permanecer al mando: debía tener el corte final, la película no debería sufrir cortes adicionales, y el tono debería ser estrictamente realista. Lo que siguió luego fue una enorme batalla de Meyer contra organismos gubernamentales, comisiones de censura de la misma ABC, y presiones de todo tipo. Desde la pelea con los censores de la cadena, que no querían mostrar escenas gráficas de quemaduras además de recortar secuencias sobre los horrores de la guerra, hasta la lucha con las Fuerzas Armadas que le negaron apoyo a Meyer, quienes no le concedieron películas de stock sobre test atómicos; le negaron información de respaldo, e incluso le pidieron mostrar que la URSS era quien había realizado el primer ataque. Pero Meyer y los productores siguieron adelante, y la ABC comenzó a realizar una lenta pero prolongada campaña publicitaria promocionando al filme desde 6 meses antes de su emisión, e incluyendo una programación posterior plagada de debates y documentales para encender la polémica. Pocas veces uno ha visto semejante despliegue publicitario (y hecho de un modo tan inteligente); y, salvando las distancias, es similar a la campaña adicional realizada para The Blair Witch Project donde los productores consiguieron crear el mito antes de haber proyectado un sólo fotograma del filme. Y la verdad es que The Day Alter llena bastante bien las expectativas que construyó durante esa campaña publicitaria. Dramáticamente es un filme bastante pobre: los personajes no tienen nada memorable, y son similares a los castings de las películas de cine catástrofe. Si el film se hubiera concebido de un modo mas trascendental, los personajes serían épicos hombres atormentados recitando profundas líneas filosóficas (el impacto hubiese sido mayor en manos de un gran director como un Kubrick, por ejemplo). Aquí en cambio son un montón de personas promedio sin demasiada personalidad, que esporádicamente se turnan para espetar algunos conceptos inteligentes que tira el guionista. Eso no es necesariamente malo, pero los resultados podían haber sido mejores. El mayor valor reside en la dirección de Meyer, que logra inyectarle más personalidad a la historia a través de la fuerza de sus imágenes. Y lo logra, a base de golpes de impacto. Por suerte el libreto no busca ni finales ni tramas intermedias felices ni hay héroes de ningún tipo. Simplemente supervivientes. El momento del lanzamiento de los misiles es impactante; la escena donde la mujer del granjero – que tiene instalado un silo nuclear en el fondo de su casa – ve los gases iniciales y el posterior lanzamiento es memorable. La ciudad surcada por las numerosas estelas de los cohetes es sencillamente escalofriante. Pero la tensión de esos diez minutos centrales no es recuperada después de pasado el momento. Nicholas Meyer ha expresado que ése era su propósito: no quería hacer la película dramática de la semana sino un enorme aviso publicitario de dos horas acerca de la inutilidad de la guerra atómica. A pesar de que las eras cambiaron – La Unión Soviética ya no existe y EE.UU. es hoy el mayor patrocinador del terrorismo en el mundo – el film conserva su capacidad de impacto acerca de las trágicas consecuencias que puede ocasionar un conflicto nuclear para la humanidad ¿no lo creen ustedes?

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