LA NAVIDAD: Una celebración ancestral que no tiene nada de “cristiana”

Árbol de NavidadLa Navidad, revela más que ninguna otra fiesta “cristiana” la asimilación de cultos anteriores realizados con oscuros propósitos por una corrupta y decadente Iglesia Católica (protector de genocidas y encubridor de curas pederastas) Como sabéis, en la noche del 24 al 25 de diciembre, el solsticio de invierno según el calendario juliano, los romanos celebraban el nacimiento del Sol. Culminaba así una semana de carnaval orgiástico en el que se rompían las normas sociales, las llamadas Saturnalias, cuando los esclavos podían burlarse de sus señores, se cometían excesos de comida y bebida, se hacían regalos y se adornaban los árboles. Es obvio que muchas de estas costumbres se han mantenido en las fiestas de Navidad, demostrando la falta de originalidad de una pequeña secta judía de ignorantes pescadores que mediante la violencia y el engaño iba a transformarse en la religión dominante del mundo occidental. No fue un proceso sencillo convertir el nacimiento de Mitra en el del imaginario Cristo, confluyeron muy distintas influencias culturales. El paganismo greco-romano tenía un trasfondo de religión de la naturaleza, en la que se festejaban los ciclos de cosechas, floraciones y cambios de estación. Parece un culto muy natural el dedicado al Sol, que tras una temporada en inquietante disminución de horas diurnas, aumento del frío, pérdida de las hojas de los árboles, en fin, un aparente proceso de muerte de la naturaleza, renace cada año en el solsticio invernal. A partir de ahí los días son cada vez más largos, el Sol crece como un niño. Los griegos lo personificaron en Helios, un joven en la plenitud de su virilidad, con una rubia cabellera resplandeciente como los rayos solares. Es significativo que adopte esta figura la más antigua representación del Cristo conocida, en un panteón del cementerio donde está la denominada “tumba” de San Pedro, ubicada bajo la basílica de San Pedro en Roma y cuyo osario contiene únicamente huesos de cerdo en su interior (tal como lo dimos a conocer en Cortocircuito, el 25 de noviembre del 2013). Cada mañana Helios – conocido con el nombre de Apolo por los romanos- partía en su carro tirado por cuatro veloces caballos y recorría un camino por la bóveda celeste, hasta desaparecer en el Océano. Al mito solar greco-romano se sobrepuso, más o menos hacia el siglo I, el de Mitra, una divinidad solar persa que las legiones romanas que combatían en Oriente, identificaron con Apolo, adaptándolo como su dios protector y se hizo sumamente popular a su regreso a casa. Los romanos tenían una enorme capacidad de sincretismo, e incorporaron numerosos dioses extranjeros a su panteón. La religión mitráica era de un modelo extendido en Oriente, por las religiones mistéricas de salvación. El nacimiento de Mitra en la noche del 24 al 25 de diciembre, tuvo lugar en una cueva y lo adoraron unos reyes venidos de oriente guiados por una estrella, circunstancias que luego serian burdamente copiadas por la Iglesia Católica. Fue en el año 274 de nuestra era, cuando el Estado romano oficializó el culto solar oriental, decretando el 25 de diciembre como el día de Natalis Solis Invicti, el Nacimiento del Sol Invencible, en honor a Mitra. Con la llegada de Constantino al poder y decretar al “cristianismo” como la religión oficial que la iglesia, esta a la par que inicio una sangrienta persecución de los seguidores de Mitra, se fue apoderando de todas sus festividades, empezando por la del nacimiento de Mitra el 25 de diciembre, “cristianizándola” y reemplazándolo por la de un imaginario Jesús – del cual no existe prueba alguna de su existencia – y así ha llegado a nuestros días. La farsa estaba consumada Es por ello que al celebrar la Navidad, celebramos en realidad el nacimiento de Mitra. Aprovecho el momento para desearos unas Felices Fiestas.

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