SPUTNIK: Una ventana al universo

Sputnik Con motivo de la reciente llegada de la sonda ‘Philae’ al cometa 67P/Churyamov-Gerasimenko, renace el interés por conocer al primer satélite que orbito la Tierra en la historia. En efecto, en la mañana del 4 de Octubre de 1957 el mundo recibió una de las noticias más impactantes del siglo XX ya que por primera vez en la historia de nuestra civilización se logró enviar un artefacto al espacio exterior. El nombre del aparato enviado era Sputnik I que se convirtió en el primer satélite artificial creado por la humanidad. Lo increíble era que dicho satélite alcanzaba a duras penas el tamaño de un balón de básquetbol y pesaba sólo 183 libras, alcanzando orbitar una elíptica alrededor de nuestro planeta en 98 minutos. El impacto que tuvo el Sputnik sobre el desarrollo tecnológico en el resto del siglo XX es más que importante: se inició la carrera por el espacio que tendría su culminación a fines de la década de los 80´s. De esta manera Rusia había vencido a los Estados Unidos en la lucha por colocar el primer satélite artificial, ahora la meta era ver quién colocaba al primer ser vivo en el espacio. Pero, ¿cuando es que se gesta la creación del primer satélite artificial? y ¿qué ganaban las potencias al poseer el liderazgo en la carrera espacial?, para ello debemos de entender cuál era el panorama mundial en la década de los 50´s; luego de poco más de quince años de finalizada la Segunda Guerra Mundial existían dos potencias que luchaban por la hegemonía del mundo: Rusia y Estados Unidos. Dicha lucha implicaba aspectos políticos, económicos, culturales, deportivos y militares. Precisamente, luego del desarrollo de las bombas atómicas el poseer un satélite artificial implicaba tener la posibilidad de lanzamientos de misiles aire – tierra desde satélites artificiales, el Sputnik I creó en los países occidentales el temor creciente de una guerra nuclear sin escalas desde el cielo. Así, en los EE.UU. sus ciudadanos fueron presas de una paranoia misilística, ya que estaban convencidos de que los rusos podrían lanzar misiles desde sus satélites a las principales ciudades norteamericanas, lo cual provoco la airada protesta de la Casa Blanca. Y para ahondar sus temores, demostrando al mundo su desarrollo tecnológico, los rusos envíaron al espacio un segundo satélite artificial: el Sputnik II lanzado el 3 de Noviembre de 1957 con una sorpresa aún mayor y hasta ese instante sin precedentes: el Sputnik II llevaba a bordo un ser vivo; una perra llamada Laika. La respuesta de los Estados Unidos recién adquirió la prontitud con la que debió de contar desde un inicio, el Departamento de Defensa anunció entonces la aprobación de una partida especial para apoyar un proyecto paralelo al Vanguard (creado en 1955 para lanzar un satélite que orbitaría la Tierra y que perdió la partida frente al Sputnik): el Proyecto Explorer a cargo del científico nazi Werner von Braun quien a la larga sería reconocido como uno de los científicos más renombrados de la carrera espacial. Es así como en enero del año siguiente, 3 meses después del lanzamiento del Sputnik I los Estados Unidos de Norteamérica lanzan con éxito el Explorer I. Este pequeño satélite logra en su viaje al espacio detectar el cinturón de radiación magnética que rodea a la Tierra, posteriormente este cinturón recibiría el nombre de su principal investigador James Van Allen. Sin embargo, el lanzamiento del Sputnik I ocasionó también de manera indirecta la creación de la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial (NASA en inglés). así como de otros departamentos y oficinas especiales para el desarrollo espacial. Actualmente varias réplicas del Sputnik 1 pueden verse en museos de Rusia y otras está expuestas tanto en el Smithsonian National Air and Space Museum en Washington DC, como en el vestíbulo de entrada de la sede de la ONU en New York.

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