ALIEN: 35 años de terror en el espacio

alien «En el espacio, nadie puede oírte gritar». La frase, brillante, sirvió para promocionar «Alien, el octavo pasajero» en 1979. un film que supuso un antes y un después en el género del terror respetando buena parte de sus convenciones pero llevándolo más allá; tan lejos como el espacio exterior. Al mismo tiempo, y ahí reside su grandeza, también puede verse como un título de ciencia ficción que flirtea con la dinámica de las «horror movies». Un híbrido sin parangón en la época. Scott, años después, volvería a subvertir géneros al fusionar el cine negro con la ciencia ficción en «Blade Runner». Pero antes fue «Alien», donde el cineasta británico siempre cita como referencias un trío de lo más ecléctico: «La guerra de las galaxias», «2001: Una odisea del espacio» y «La matanza de Texas». Ingredientes dispares pero que se mezclan bien agitados en la coctelera adecuada. A bordo de la nave Nostromo comienzan a sucederse las muertes de su tripulación a manos de una criatura que llega a bordo de la forma más insospechada (adherida a la cara de John Hurt) y se abre paso de la forma más traumática (la escena de la explosión en el pecho es historia del cine). Una máquina de cazar perfecta que encuentra la horma de su zapato en la teniente Ripley, personaje icónico, encarnado por Sigourney Weaver, copiado hasta la saciedad, incluso, en el plano estilístico (el aire andrógino, la camiseta de tirantes). La nave, gigantesca y llena de escondrijos ideales para una criatura tan letal como gigantesca, se acaba convirtiendo en un personaje más, en el escenario laberíntico e ideal para una matanza espacial. Uno de los grandes aciertos de «Alien» es el terrorífico aspecto del monstruo, una criatura diseñada para poblar de pesadillas las cabezas de los espectadores. Y detrás de «Alien» está la mano genial del diseñador suizo H. R. Giger, dueño de un portentoso estilo visual que alcanzó su cumbre en la creación del conocido como xenomorfo, bestia a mitad de camino entre el reptil y el insecto, con su extraño cráneo aerodinámico y sus inquietantes bocas múltiples, con las que da muerte a sus víctimas. Scott rodó la primera entrega de «Alien» y buscó nuevos derroteros mientras la saga continuaba sin él. Su secuela resultó más que estimable, con James Cameron optando por cargar las tintas en la acción y recortando el suspense. Siguieron dos entregas, todavía con Sigourney Weaver a bordo, que fueron perdiendo magia y fuerza, con argumentos cada vez más rebuscados. En el 2012, sin embargo, el director inglés cambió de opinión y decidió regresar a la franquicia, deseoso de expandir la historia, aunque buscando el antes en lugar del después. Así nació «Prometheus», de la que ya se prepara una continuación en la que, ha anunciado Scott, no aparecerá ningún Alien, ya que en su opinión, es muy difícil repetir ese concepto. Sin embargo, siempre nos quedará el original.

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