KALASHNIKOV AK 47: Un icono revolucionario

AK 47 Se trata del arma preferida de los grupos insurgentes y considerada la mas letal de la historia. Creado por el ruso Mijaíl Kalashnikov, el AK-47 es un fusil de asalto sin el que no se puede explicar la historia moderna de la lucha armada. En efecto, entre la ingente cantidad de armas de fuego repartidas por todo el mundo, se estima que cerca de cien millones son Kalashnikov AK47. En esa cantidad, se encuentra su sangrienta relevancia. De hecho, a esta máquina para matar tan ubicua, se le atribuyen en los últimos sesenta años muchas más víctimas que las causadas por las bombas atómicas utilizadas contra Japón y otros sistemas de armas mucho más sofisticados. La génesis de este fusil de asalto se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial y la idea alemana de crear munición a medio camino entre la utilizada por pistolas y por los rifles tradicionales. A partir de múltiples influencias y aportaciones, el diseño atribuido por los soviéticos a Mijjaíl Kaláshnikov empezó a ser producido en masa a partir de 1947, como indican sus iniciales. Dos años después se convertiría en el arma larga reglamentaria para el Ejército Rojo. Claramente distinguible por su cargador curvo con capacidad para 30 balas, el AK-47 es un alarde de simplicidad, efectividad, portabilidad y resistencia. Incorpora el menor número posible de partes móviles por lo que es muy raro que se encasquille, resiste temperaturas extremas y no tiene problemas a la hora de operar en ambientes hostiles. Y además ofrece una demostrada longevidad ya que modelos fabricados hace cincuenta años todavía siguen funcionando en lugares como Pakistán, Siria e Irak. Con unos 4 kilos de peso, mínimo mantenimiento y capacidad para disparar de forma automática y semi-automática, los rudimentos de su manejo se aprenden en cuestión casi de segundos. Además, su calibre intermedio otorga más capacidad de combate a sus usuarios ya que permite acarrear una mayor cantidad de munición. Sin embargo, en el contexto de la Guerra Fría, el AK-47 fue al principio denostado como un arma irrelevante de limitado alcance, exactitud y potencia. Ese desprecio estratégico, pese a la capacidad del AK-47 para disparar 600 balas por minuto, se esfumaría en la guerra de Vietnam al enfrentarse directamente con el nuevo rifle M-16 del Pentágono. Mientras los soldados americanos veían como sus flamantes fusiles de asalto presentaban graves problemas de corrosión y funcionamiento, el Vietcong y las fuerzas de Vietnam del Norte disfrutaban de una significativa ventaja con sus kalashnikovs. Con el fin de estandarizar armas de infantería entre sus aliados, la Unión Soviética empezó a compartir las especificaciones gradualmente mejoradas del AK-47 y exportar su producción a países como China, Egipto, Corea del Norte, Yugoslavia y los miembros del Pacto del Varsovia. Esta tecnología llegaría incluso hasta lugares como Irak y terminaría siendo incorporado a fusiles de asalto producidos por otras naciones como Finlandia, Israel, la India o Sudáfrica. El colapso del comunismo sirvió para globalizar y saturar el mercado con estas armas, convirtiendo el AK-47 en el modelo favorito para insurgentes, terroristas y revolucionarios. Su silueta aparece en la enseña nacional de Mozambique, así como en la bandera amarilla y verde de Hizbolá. Asimismo el dictador cubano Fidel Castro regaló uno al presidente chileno Salvador Allende con la dedicatoria: «A Salvador, de un camarada de armas, Fidel». Según ha confirmado una reciente autopsia, el depuesto presidente utilizaría uno de esos fusiles para suicidarse cuando las tropas golpistas del genocida Augusto Pinochet asaltaron el Palacio de La Moneda e instauraron en ese país con apoyo de la CIA, un régimen de terror nunca antes visto en América Latina Convertido en un icono revolucionario, el enigmático Osama Bin Laden (si es que alguna vez existió o fue creado por la CIA para “justificar” la invasión de Irak) siempre aparecía en sus videos con un kalashnikov de tamaño reducido, como los que llevaban las dotaciones de helicópteros soviéticos. De hecho, en el museo secreto del cuartel general de la CIA en Virginia se encuentra expuesto el AK-47 con el que “dormía” el imaginario líder de Al Qaeda, antes de su “muerte” a manos de los estadounidenses. Aunque en el colmo de las ironías, entre los mayores compradores de kalashnikovs en el mundo figuran precisamente los servicios de inteligencia de Estados Unidos para su redistribución en los grupos terroristas por ellos creados, como el llamado “Ejército Islámico de Irak” – según denuncio la semana pasada Edgard Snowden– para desestabilizar la región y constituirse en una amenaza para los enemigos de los criminales sionistas, quienes asesinan impunemente a miles de palestinos en Gaza ante el vergonzoso silencio de la comunidad internacional. Sea como fuere, el legado sangriento que tiene la AK- 47 lo acompañara por siempre.

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