EL PIANO: Un instrumento musical con mucha historia

Piano- Venga ya, de seguro muchos recordaran que cuando éramos crios, nuestras madres nos obligaban a tomar clases de piano. Si bien en mi caso no me convirtió en un experto, si me quedo el gusto por la música clásica que perdura hasta hoy. Es por ello que en esta oportunidad quisiera referirme a la historia de un instrumento que nos ha acompañado a lo largo de la historia de la humanidad. En efecto, el piano es una evolución de otros instrumentos musicales.. El antecesor más antiguo de lo que hoy conocemos como piano es la cítara, originaria de África y del sudeste asiático. La cítara consistía en un conjunto de cuerdas a cierta altura sobre una pequeña tabla, que se hacían vibrar con las uñas o algún otro elemento punzante. Su origen se remonta a la Edad del Bronce, alrededor del año 3000 a.C. Posteriormente a la cítara, aunque con ligeras variaciones apareció el monocordio, que se basaba en la colocación de una sola cuerda, de ahí su nombre, vibrando sobre una pequeña caja de resonancia fabricada en madera. Este instrumento fue el que utilizó Pitágoras para realizar sus estudios sobre los intervalos musicales. El siguiente paso en esta evolución lo constituyó el salterio, instrumento basado en la cítara pero con una forma trapezoidal en función de las distintas longitudes de sus cuerdas. Una variación del salterio la encontramos en el dulcimer, que siguiendo básicamente los mismos principios de construcción que el salterio, estaba pensado para que sus cuerdas no fuesen tocadas con las manos sino para que fuesen percutidas. El piano tal como lo conocemos hoy en día, se basa en los principios de construcción de los instrumentos mencionados, cuyas cuerdas ya no son tocadas por las manos sino percutidas por martillos. La idea de interponer algún tipo de mecanismo entre las cuerdas y los dedos no es tan antigua, y conforma uno de los últimos pasos en la evolución del piano. Se cree que los primeros intentos en este sentido tuvieron lugar entre los siglos XII y XIII. Entre estos instrumentos encontramos al clavicordio, en el cual las cuerdas se hacían vibrar mediante un pequeño clavo. Este clavo era puesto en movimiento mediante un teclado accionado por los dedos. Contemporáneo del clavicordio era el harpiscordio, en el que las cuerdas se hacían vibrar con la nervadura de plumas de aves. Alrededor del año 1695 un italiano llamado Bartolomeo Cristófori comenzó a construir un instrumento similar al clavicordio, pero que incorporaba en su mecanismo un elemento revolucionario: en lugar de activar las cuerdas mediante un clavo, lo que las ponía a vibrar era una pieza de madera con forma de martillo cuya punta estaba recubierta de cuero. Esto no producía un sonido metálico y estridente como el del clavicordio, sino un sonido mucho más dulce y sostenido. Además, el mencionado martillo tenía un sistema de escape mediante el cual era posible variar el volumen y el tono dependiendo de la fuerza con que se pulsaran las teclas. Cristófori llamó a su invento “Forte-Piano”, que significa que podía producir sonido fuerte (forte) o suave (piano). Si bien construyó alrededor de veinte pianos en toda su vida, solo se conservan tres de ellos, el más antiguo de los cuales se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y data de 1720. Las primeras composiciones específicas para pianos hacen su aparición en 1732. En 1775 se construye el primer piano en Estados Unidos, en una fábrica instalada en Filadelfia. A partir del año 1880 ya se puede hablar del piano moderno tal como lo conocemos hoy en día. Si bien encontramos desarrollos posteriores de diseño, estos no han sido revolucionarios y el piano conserva su esencia. Con el paso del tiempo su uso generalizado comenzó a disminuir a partir de la invención de aparatos mecánicos y electrónicos como la pianola, el fonógrafo y la radio, pero el piano pudo sobreponerse a todos ellos y continúa presente en nuestra vida cotidiana.

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