LONDON CABBIE: El retorno de un icono británico

London CabbieLeyendo The Guardian me entero de una curiosa noticia que de seguro alegrara a más de uno. Amados y odiados a su vez, el London Cabbie, el mítico taxi londinense vuelve a ir sobre ruedas… gracias al dinero chino. En efecto, la producción del «cabbie» se ha reiniciado esta semana en su histórica fábrica de Coventry, en el centro de Inglaterra, después un parón que ha durado varios meses motivado por la entrada en concurso de acreedores de su fabricante, Manganese Bronze Holdings. El encargado de rescatar este icono industrial británico ha sido la compañía china Geely Automobile, que el pasado mes de febrero compró los activos de la centenaria empresa británica por la emblemática cantidad de once libras esterlinas (unos trece euros) y la refundó como Geely UK Limited. «Después de un período de incertidumbre, la inversión del Grupo Geely ha asegurado el futuro de la icónica compañía de taxis, garantizando decenas de puestos de trabajo altamente especializados», afirmó este miércoles el ministro británico de Negocios, Vince Cable, en declaraciones recogidas por The Guardian. La adquisición es el último paso de un camino que parece llevar a que la archiconocida etiqueta «made in China» se vea sustituida en los productos que copan nuestras estanterías por otra que rece «financed by China». En 2009 la compra de la sueca Volvo al titán norteamericano Ford por parte de la propia Geely ya anticipó una tendencia que cinco años de severa crisis económica en Occidente —con el correspondiente daño en las cuentas nacionales y los balances corporativos— no han hecho sino acrecentar. Hoy, el gobierno y las principales corporaciones del gigante asiático están detrás de un creciente número de inversiones estratégicas en proyectos y empresas punteras, además de tener importantes cantidades de bonos soberanos de Estados Unidos y de numerosos países europeos. Sin embargo, la crisis económica no es el único factor que ha puesto a Manganese Bronze en bandeja de plata a los inversores chinos. Una sucesión de errores técnicos e inversiones poco acertadas han jugado un papel clave en el hundimiento de la compañía británica, que llevaba más de cuatro años sin ganar dinero. El pasado otoño los directivos del fabricante británico tuvieron que retirar de forma urgente una partida de taxis después de descubrir un fallo grave en la dirección que podía llevar a imposibilitar el control del vehículo por parte del conductor. Cinco años antes, en 2008, la empresa tuvo que retirar 5.000 vehículos del nuevo modelo TX4 después de tener constancia de que varios habían sufrido combustiones espontáneas. A los problemas técnicos se sumaron nefastas inversiones, como el innovador Zingo Taxi, un sistema de localización de clientes mediante la detección de las frecuencias de los teléfonos móviles lanzado en 2004 que naufragó porque apenas 1.000 de los más de 21.000 taxistas londinenses se sumaron a la iniciativa; y la entrada de una dura competencia después de que en 2008 la alcaldía acabase con el monopolio de Manganese como única productora de taxis, otorgando licencias a otras empresas como Mercedes. Sin embargo, todo ello parece agua pasada luego de que Geely haya invertido más de 150 millones de libras en remodelar las obsoletas instalaciones de la compañía, dinero que la empresa china planea recuperar orientando el fabricante hacia la exportación. Geely pretende exportar unos 2.000 vehículos al año, tras haber conseguido jugosos contratos en Arabia Saudí, los Emiratos Árabes y Azerbaijan, una cifra que supera con creces las apenas 900 unidades producidas el año pasado. Se esta manera el icono motorizado británico pretende así volver a triunfar lejos de su Londres natal.

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