TUPOLEV TU -144: El “Concorde” ruso

Si hablamos de “vuelos supersónicos” enseguida acude a nuestra mente el recuerdo del añorado Concorde. Durante años el único avión comercial capaz de superar la barrera del sonido y de unir Londres o Paris con Nueva York en 4 horas, la mitad de la duración habitual de ese trayecto. Pero no fue el único avión de estas características. La extinta Unión Soviética dispuso de su propio transporte supersónico, el Tupolev TU-144. Fue una época, entre finales de los 60 y principios de los 70, cuando el hombre llegaba también a la Luna, en que todo parecía posible aunque distintos factores, entre otros la crisis del petróleo de 1974, dio al traste con este y otros sueños. Mientras que en Europa occidental se aliaban Air France y British Airways para dar a luz el Concorde, el primer avión supersónico en funcionar comercialmente durante años, al otro lado del Telón de Acero no se quedaban cortos y desarrollaban su propio modelo, con un aspecto muy parecido al Concorde aunque añadiendo unos alerones cerca de la cabina del pilotaje y con unos motores algo distintos.Lo desarrolló Tupolev a partir de 1962 y con su vuelo inaugural en Nochevieja de 1968 se adelantó en dos meses al primer despegue del Concorde. Como siempre, los rusos siempre los primeros en llegar arriba aunque luego no continuasen en la carrera. A pesar de los parecidos físicos, el Concorde y el TU-144 tenían bastantes diferencias, además de los mencionados alerones. En primer lugar el modelo francobritánico tenía una mayor autonomía, frenada y control de motores pero el ruso era muy superior en el aspecto aerodinámico aunque en determinadas circunstancias presentaba peligrosas inestabilidades. Estas fueron parte de las culpables de un accidente que tuvo lugar en 1973 durante un show aéreo en Paris en el que un TU-144 se estrelló acabando con la vida de los 6 integrantes de su tripulación y otros 8 espectadores, en un incidente en el que se cruzaron acusaciones entre los gobiernos francés y ruso puesto que poco antes del accidente un Mirage francés que volaba cerca pudo haber desestabilizado al ingenio supersónico con su estela mientras que los franceses culpaban a los rusos de haber forzado las capacidades del aparato.Lo cierto es que en un total de 180 horas de vuelo de 16 unidades el modelo de Tupolev acumuló más de 226 fallos, un tercio de los cuales sucedían en el aire. Desde ruidos en la cabina a despresurizaciones. Finalmente Alexei Tupolev, ingeniero jefe a cargo del diseño del avión y dos viceministros rusos del área de la aviación inspeccionaban personalmente cada TU-144 antes de cada vuelo para certificar que podía despegar.Con un coste completamente inasumible y sin poder solucionar todos esos problemas ni ofrecer la habitual robustez y fiabilidad rusa el sueño supersónico para pasajeros del telón de acero fue cancelado en 1983. Una lastima porque – entre otras cosas – la cabina del Tupolev, con 3 asientos a un lado y 2 a otro y muy similar a la de cualquier avión comercial actual, era bastante más amplia que la del Concorde, casi claustrofóbica, con dos estrechos asientos a cada lado y un techo muy bajo. Hoy – al igual que el Concorde – pertenece a ese pasado que no volverá.

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