PLASTICS HOME OF THE FUTURE (La Casa del Futuro): Una profecía tecnológica que nunca llego a ser realidad

El recién concluido Mobile World Congress realizado en Barcelona ha vuelto a ser el gran escaparate anual en el que las empresas del sector han mostrado las joyas de sus coronas, sus últimas innovaciones y proyectos, la tecnología de un futuro al que, actualmente, llega en apenas unos pocos meses. Más de 67.000 personas se han paseado por los expositores, impulsadas, en esencia, por un deseo tan viejo como el ser humano: asomarse al mundo que viene, atisbar lo que está por llegar. Pero si las profecías tecnológicas de hoy parecen estar siempre a la vuelta de la esquina, hace tan solo unas décadas la cosa iba mucho más despacio, y anticiparse al futuro requería buenas dosis de imaginación y un poco de temeridad que, en ocasiones, lograba acercarse a lo visionario. Lo cierto en que esto de las predicciones tecnológicas es propio del pasado siglo XX, en el cual la tecnología dio el salto a la vida cotidiana, la fantasía sobre las posibilidades de la ciencia se disparó y el futuro, convertido en palabra talismán, parecía más cercano que nunca. Los mejores y más abundantes ejemplos de lo que ahora denominamos ‘retrofuturismo’, o ‘paleofuturo’ pertenecen a los años postbélicos. Los avances tecnológicos surgidos de la industria de la guerra y el optimismo de las generaciones que acababan de superar el horror de los conflictos mundiales llenaron los años veinte y, después, los cincuenta, de todo tipo de elucubraciones sobre un futuro mejor, en el que la tecnología nos haría la vida más fácil: La ciudad del futuro, los coches y los trenes del futuro, las comunicaciones del futuro y, cómo no, “la Casa del Futuro”. Y es que predicciones sobre adelantos en la vida doméstica han gozado siempre de una lógica popularidad. Tal vez no tengan el pedigrí de la máquina del tiempo, ni el atractivo de la tele transportación o las ciudades submarinas, pero anticipaban una vida más cómoda, donde artefactos y robots nos van liberando poco a poco de más y más tareas. Y muchas de estas predicciones, efectivamente, se han cumplido: Ordenadores, sistemas de alarma, microondas, lavavajillas, pantallas gigantes de televisión, teléfonos inalámbricos, Internet…Todo se imaginó antes de existir. Otras también se hicieron realidad, pero siguen estando solo al alcance de los pocos que pueden pagarse una “casa inteligente”, con persianas que se suben y se bajan solas cuando estamos de viaje, climatización programada para las distintas áreas de la vivienda, o electrodomésticos que se activan desde el coche. Y muchas otras, algunas de ellas fascinantes, quedaron en nada. En cuanto a la llamada “Casa del Futuro” (“Monsanto House of the Future”). esta fue diseñada en 1957 por la compañía Monsanto, dedicada a la biotecnología, y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en colaboración con Walt Disney Imagineering. Construida completamente en plástico (los muebles, los electrodomésticos, los utensilios, todo), fue instalada en Tomorrowland, el área dedicada al futuro de Disneylandia, y la visitaron unos 20 millones de personas hasta que inexplicablemente fue desmantelada y derribada en 1967, cuando más que una vivienda futurista era ya una especie de museo. La “Casa del futuro” presentaba muchos adelantos que acabaron siendo comunes en los hogares (las luces de intensidad cambiante, por ejemplo), pero también otros que nunca llegaron a cuajar, desde un lavavajillas que lavaba sin agua (por “ondas ultrasónicas”) hasta armarios para la cocina con compartimentos a distintas temperaturas (para ser utilizados como frigorífico, congelador, horno, despensa…)pasando por cajones que se abrían con solo tocarlos, lavabos que se ajustaban a la altura de la persona, o interfonos con señal de vídeo en todas las habitaciones de la casa. De toda aquella muestra, hoy nada queda, apenas una maqueta de cómo era aquella “casa futurista” (que ilustra nuestra nota) así como unos videos de la época. A que me hubiera gustado visitarla para compararla con los adelantos que tenemos hoy en día. Venga ya ¿porqué no lo conservaron? me pregunto yo.

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