El Papel Higiénico a lo largo de la Historia

Hoy en día nadie duda de las bondades y maravillas de ese compañero inseparable en nuestro cuarto de baño llamado papel higiénico. Hay de todos los colores, olores y texturas; hay incluso perritos – como el de Scott- que se han hecho millonarios con el marketing que trata de persuadirnos de usar esa marca. Pero si echamos la vista atrás, no siempre fue así, ni mucho menos. La historia del papel de celulosa se remonta al último siglo así que vamos a recordar cómo se las arreglaba la humanidad cuando no existía este gran aliado.Sin duda, el método práctico y tradicional desde nuestros orígenes era limpiarse con agua y hojas de lechuga. Durante el imperio romano, los plebeyos acudían a los baños públicos en los que se solía habilitar una esponja remojada en agua salada con un palo y una cubeta que se cambiaba diariamente. Las personas de estratos sociales más altos tenían la suerte de poder utilizar lana empapada en agua de rosas. Nuestros ancestros en la Edad Media preferían las agradecidas propiedades medicinales del heno. A lo largo y ancho del planeta los diferentes pueblos buscaban sus propios sistemas de limpieza después de hacer sus necesidades. Así es como los hawaianos utilizaban cáscaras de coco (tan incómodo como suena), los estadounidenses preferían las mazorcas de maíz y los esquimales el musgo de la tundra y la fría nieve.Fue en 1.798 cuando parece que un francés inventó por fin el papel higiénico pero no fue hasta medio siglo más tarde cuando comenzaron los primeros intentos de comercialización. En 1857, el neoyorquino Joseph C. Gayetty lo intentó poniendo a la venta hojas manila sin blanquear; aquel invento que no lograba desplazar al clásico periódico y trapos, se llamaba “papel medicado Gayetty”. Más tarde, en 1897, el inglés Walter Alcock corrió idéntica suerte al lanzar su propio producto en forma de rollo de papel que, curiosamente, chocó con la moral de la época.Finalmente, tras los fallidos intentos anteriores, fueron los hermanos estadounidenses Edward y Clarence Scott, quienes realizaron una agresiva y eficaz campaña publicitaria, y como consecuencia se llevaron el honor de obtener el triunfo comercial de los rollos de papel higiénico, introduciendo en mercado una marca que aún hoy se comercializa activamente, el de “mi mejor amigo“ ¿Os suena?

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