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Este no es un aviso económico aunque lo parezca: Parece que la NASA necesita dinero a como de lugar y está en liquidación este año. En efecto,la Agencia Espacial Estadounidense quiere deshacerse de varios transbordadores espaciales que en breve dejarán de utilizar y para animar a los potenciales compradores ha rebajado sustancialmente el precio que, en principio, iba a pedir por ellos: de los 42 millones de dólares iniciales a “solo” 28.8 millones.Los transbordadores se pondrán a la venta el próximo otoño, cuando está previsto que dejen de estar operativos. Cuando en diciembre de 2008,la Agencia Espacial anunció a museos, colegios y otras organizaciones que pondría a la venta estas naves, sólo 20 instituciones se mostraron interesadas. Mike Curie, portavoz de la agencia, afirmó el pasado viernes que con el descuento, esperan recibir más ofertas.El Discovery ya tiene futuro emplazamiento. Casi con toda seguridad, se lo quedará el Museo del Aire y del Espacio Smithsonian (National Air and Space Museum) de Washington, cuyas instalaciones albergan los principales vehículos de la historia de EEUU.El Atlantis y el Endeavour todavía están disponibles. Es posible que el Enterprise -un prototipo de transbordador que nunca llegó a volar y que ahora está en el Museo Smithsonian- también se ponga a la venta. En cualquier caso, la NASA asegura que no se tomará ninguna decisión antes del verano.El precio más bajo se basa en una estimación de la NASA de lo que cuesta transportar una nave desde el centro espacial Kennedy a un aeropuerto principal, y exhibirlo en un edificio climatizado. El coste variaría según el nuevo emplazamiento de la nave. Asimismo, la NASA ha adelantado la fecha de entrega y en lugar del año 2012, como había previsto, mandará las naves a finales de 2011.Los compradores interesados tienen hasta el 19 de febrero para presentar su solicitud.Lo que es yo,tengo mi Discovery a escala, que lo compre en Florida la vez que estuve por allí, hace un par de años atrás.El que puede,puede ¿vale?

Pocas cosas son tan útiles a la hora de hacer una mudanza o mantener a un niño entretenido durante más de media hora: el papel burbuja, uno de los materiales más cotidianos de nuestra vida diaria, acaba de cumplir 50 años sin que ningún otro invento o competidor haya logrado reemplazarlo. Como tantas otras cosas prácticas, el papel-burbuja nació por casualidad. Marc Chavannes y Al Fielding, dos ingenieros de Nueva Jersey, llevaban tiempo trabajando en un nuevo tipo de papel para empapelar paredes con plástico, pero la idea no terminaba de cuajar entre los consumidores.Los dos inventores intentaron entonces comercializar el producto como aislante para invernaderos, pero poco después encontraron casi casualmente un nuevo uso para el papel durante un viaje en avión. Mientras el aparato descendía, Chavannes reparó en que las nubes parecían servir de colchón para el avión y cayó en la cuenta de que su papel plástico con pequeñas burbujas de aire sería un excelente material de embalaje, mucho mejor que el papel de periódico que solía utilizarse en aquella época.Nacía así Sealed Air Corporation, la compañía que crearon para fabricar y comercializar el producto y que hoy factura más de 4.000 millones de dólares anuales y produce cada año papel burbuja suficiente como para cubrir la distancia entre la Tierra y la Luna. Preocupaciones ecologistas aparte -el plástico no es, precisamente, el material más biodegradable del mundo- el papel burbuja es hoy un artículo de uso casi diario y cuenta con millones de fans en todo el mundo. Desde 2001, sus más devotos seguidores celebran el “día de apreciación del papel burbuja” el último viernes de enero y en la red existen decenas de páginas web dedicadas a usos y curiosidades de este material, que cuenta también con unos 250 grupos de apoyo en Facebook.Venga ya ¿a quien no le entra las ganas de romper las bolitas uno a uno hasta no dejar ninguno? A mi si, a que te enteras.

Frente al láser, sonido analógico. Frente a millones de canciones comprimidas en MP3, discos de gran formato. Frente a portadas pequeñas, grandes obras de arte. Frente a darle al play, el viejo ritual de sacar un LP de su funda, ponerlo en el tocadiscos, colocar la aguja… y dejarse llevar por la música.Los discos de vinilo viven una segunda juventud. Lo que hasta hace pocos años resultaba prácticamente impensable, hoy es una realidad: de manera paralela al descalabro de los CD, los LP de toda la vida no sólo se mantienen, sino que repuntan de forma significativa.Y aunque no lo hacen lo suficiente como para sacar a flote la maltrecha industria discográfica, su auge pone de manifiesto que, en un tiempo en el que el formato físico parece condenado al olvido, aún hay quien sigue apostando por él, resistiéndose a pensar que la música es algo intangible. No se trata sólo de nostálgicos, sino también de jóvenes que buscan en los discos de vinilo la autenticidad que parece escasear en la música actual.El debate vinilo vs. CD genera airosas discusiones entre los expertos en la materia. “Un vinilo siempre suena mejor porque reproduce la forma original de la onda de sonido y todas las frecuencias”, asegura en un foro de Internet un experto en sonido. Otro internauta da la réplica: “Un vinilo se deteriora a las pocas veces de pasar la aguja por el surco. La calidad del CD es infinitamente mayor”. Y un tercero sentencia: “El 99% de la población no apreciaría ni una sola diferencia entre uno y otro formato”. Para gustos, los colores.Más allá de disquisiciones puramente técnicas, de las que la Red está llena, hay algo que está fuera de toda duda: el tamaño de la portada de un vinilo, el encanto de recuperar el ritual de colocar la aguja sobre el surco y el inconfundible encanto del sonido analógico juegan a su favor.Pase lo que pase con el futuro de la música, parece que el viejo vinilo sigue resistiéndose a abandonar nuestras vidas. Algunos están convencidos de que nunca lo hará.

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